Opinión

Acerca del amor personal

Fermín Gassol Peco | Sábado, 9 de Febrero del 2019

La experiencia amorosa entre seres humanos si es realmente personal y no meramente cósica o circunstancial, lleva a un grado de entendimiento y unión que aún en la ausencia, el ser amado se hace presente, una unión que mantiene sin embargo perfectamente definida la identidad y libertad de aquellos que se aman, una relación que escapa también al tiempo y al espacio.

La relación personal es la más profunda que pueden tener dos o más personas entre sí. A través de ella descubrimos la realidad completa de nuestra identidad. Es una relación, pues, basada única y exclusivamente en la libre apertura y entrega.

Una relación que es reflejo de aquella primigenia que el Creador mantiene con cada uno de nosotros. Una relación única e irrepetible porque aun siendo Dios siempre el mismo, se muestra de manera diferente a cada persona humana. Una relación de amistad que se descubre y profundiza a través de la Palabra, de la contemplación del Misterio del Amor, de la oración, del conocimiento intelectual y de las obras. Una relación que tiene como característica más profunda la trascendencia posibilitar el conocimiento completo de uno mismo, pues esa relación nos hace descubrir de manera gozosa nuestra original y verdadera identidad, la de ser Hijos de Dios.

Ésta es la máxima expresión que puede darse entre las personas, la que trascendiendo nuestra capacidad natural de amar, satisface y colma a nuestra propia naturaleza, a la vez que hace que nos sintamos sorprendidos por la dimensión que ese acto de amor conlleva. Se trata pues de una experiencia real que inunda a todo el edificio del ser humano y que se alza más allá de él mismo…hasta perderse en la inmensidad de lo Eterno.

El ser humano, o la persona como lugar de encuentro de esa vocación amante, o la persona como un ser abierto, como pura relación, como apertura confiada a Dios y a los demás. Esta apertura, esta salida de nosotros mismos es lo que nos define de una manera radical. Y en esa relación es fundamental la condición de hijos que nos define y que trataremos en posterior artículo.

Renunciar a la filiación es hacerlo a nuestra verdadera naturaleza. Sin la filiación, el hombre no existiría ni por lo tanto la familia. La filiación es aquello que identifica por tanto al ser humano, pues todos somos hijos. La filiación es el único regalo universal consecuencia del amor humano que se da y se recibe. Se da cuando los padres engendran una nueva vida y se recibe cuando el hijo agradece y toma conciencia de ello en ese acto de amor entre sus padres. 

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