Opinión

In memoriam de José Pinto

Joaquín Patón Pardina | Sábado, 2 de Marzo del 2019

 Temprano levantó la muerte el vuelo” Miguel Hernández (Elegía a Ramón Sijé)

Siembra la mañana amargura en los campos de pastos tiernos.

No se oye en el establo la voz juguetona avisando tu proximidad cariñosa.

El silencio secuestra el sonido de tus pasos próximos a la puerta donde esperan impacientes tus vacas.

Reventó  la bomba de tu corazón en un ¡Boom!, y esta vez no era la nieve teñida de anilinas de broma.

Maldito el sino que te arranca los lazos con la tierra que amas.

Tengo que llamarte: ¡Amigo!.  Amigo José Pinto, porque formas parte de mis tiempos y admiraciones. Han sido muchas veces las que te has asomado a la televisión de mi casa. Tantas, que te sentíamos como alguien familiar. Seguíamos tus respuestas como flechas cruzando el plató. Hemos disfrutando de tus comentarios y tus ocurrencias sazonadas de socarronería bondadosa.

Te hiciste famoso por algo estrafalario entre afamados de nuestra sociedad: Eras inteligente. Respondías sin necesitar tiempo para recordar. Nunca te faltó el aplauso cariñoso para los aciertos de los contrincantes. Sabías tanto… y de tantos temas… ¡Lo hacías tan bien!

Te fuiste de los colores de la pantalla, pero te quedaste en nuestra familia y en nuestra casa.

Eras, José, insólito. Eras un hombre enciclopedia y no disfrutabas de despacho con grandes mesas acristaladas y secretarias a las puertas, tampoco un ujier con uniforme te anunciaba las visitas. Te ganabas el pan trabajando de ganadero de vacas,  vestido con mono de faena, y calzando botas de goma.

Qué desfachatez, decían los lelos señalando con el dedo. Qué estridencia respondían los licenciados en urbanidad repelente. No puede ser, apostillaban los afectados de frac y pajarita.

Yo desde mi incultura consciente, te reconozco como paradigma digno de imitar. Desde mi penuria intelectual te nombro “Vademécum” para cualquier bípedo implume. Desde mi sencillez personal quiero reconocer y valorar tu aportación a muchos miles de personas. Has encendido una luz en nuestra jerarquía de apreciación de la realidad.

A todo esto, José, no me conoces. Pero no importa. Soy una persona más entre los miles que te hemos seguido.

Ah,  creo que te habrás dado cuenta de que ahí en el cielo el “Jefe” sabe mucho de ovejas, siembra y viñas. Como a ti no se te despinta nada, ya lo conoces.  Sí…,  el que te dio el abrazo tan fuerte cuando llegaste asustado.

Otro abrazo mío, éste desde la tierra, y no te preocupes por tus compañeros del equipo “Los Lobos”, no hay quien pueda con ellos.

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