Castilla-La Mancha

Los maestros y educadores sociales que se gradúan en la UCLM no tienen competencias en sexualidad e igualdad

Julia Yébenes / Lanza | Martes, 4 de Diciembre del 2018
Maite Bejarano, la profesora de Pedagogía que ha dirigido la investigación / Elena Rosa Maite Bejarano, la profesora de Pedagogía que ha dirigido la investigación / Elena Rosa

El alumnado de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) que se está formando para ser maestro de las etapas de Infantil y Primaria, así como los futuros educadores sociales no tienen adquiridas las competencias de educación en sexualidad e igualdad.

Esta es la principal conclusión de la investigación que ha dirigido la profesora de Pedagogía de la Facultad de Educación del Campus de Ciudad Real, María Teresa Bejarano Franco, dentro de un proyecto financiado por el Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha.

El planteamiento inicial era identificar los conocimientos y comportamientos que sobre dichas competencias tienen los estudiantes de Educación y Educación Social a punto de incorporarse al mercado laboral, para poder consignar, tal y como habían detectado, la falta de un discurso con perspectiva de género, y la restricción de su cultura sexual “a la biología” y “a los comportamientos sexuales”.

A lo largo de un año, en el estudio ‘La educación en igualdad y sexualidad en la formación inicial de profesorado y educadores sociales en Castilla La Mancha’ han entrevistado a 371 alumnos de entre 20 y 58 años de cuarto curso de las facultades de Educación de Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Toledo, y de las de Ciencias Sociales de Talavera de la Reina y Cuenca.

La muestra se caracteriza por una elevada feminización, con un 22% de varones frente al 78% de mujeres, y por una diversificación de las preguntas, organizadas en ocho dimensiones: formación institucional, conocimiento científico básico, comportamientos sexuales, información sobre VIH-SIDA, orientación y diversidad sexual, violencia sexual, creencias sobre sexualidad o el respeto al propio cuerpo y al del otro desde un punto de vista ético.

Las conclusiones dan que pensar, a juicio de la investigadora, dado que la población universitaria encuestada apenas se ha acercado de manera certera a los conocimientos básicos científicos en materia de sexualidad, como por ejemplo “la gran confusión que tienen sobre dónde están situados el pene o la vulva o cómo se produce el ciclo de la menstruación”.

En concreto, el 52,2% de los preguntados no sabe que la vulva es el órgano sexual femenino externo, frente al 95,5% que sí conoce el órgano genital masculino. Sin embargo, dos de cada tres estudiantes universitarios desconocen el momento en que se produce el periodo menstrual en el ciclo femenino, con un 44,4% de aciertos, así como sube a un 55,9% la cifra de quienes están informados sobre qué es la menstruación.

De la misma forma, un 27,7% está informado de cuándo se produce la ovulación en las mujeres, si bien “preocupa” que el 95,2% del alumnado no tenga la certeza de qué es la fecundación, o que sólo la tercera parte de los participantes “sepa correctamente dónde ocurre este proceso”.

La pornografía como escuela de abusadores

Los datos sobre comportamientos sexuales son también muy esclarecedores, sobre todo en su vinculación hacia futuros comportamientos violentos, debido al “acceso libre a la pornografía, y a su consumo rápido y sin filtro”, que, “cuando es dura”, puede suponer “la puerta de entrada a una escuela de abusadores y maltratadores”.

Preguntados por la primera relación sexual, el 57,8% de los jóvenes declara que se inició entre los 15 y los 18 años de edad, así como seis de cada 10 dicen utilizar preservativo en sus relaciones de pareja, mientras que otro 23,7% eligen la píldora como método anticonceptivo.

“Es inquietante que las mujeres están más desprotegidas en sus relaciones sexuales respecto a los hombres”, así como que “la décima parte de los entrevistados puedan incurrir en prácticas de riesgo, al afirmar que no usan preservativo en sus encuentros sexuales ocasionales.

Respecto al VIH y el SIDA, la práctica totalidad de los entrevistados (98,9%) reconoce que las relaciones sin protección pueden ser una vía de transmisión de estas enfermedades.

Bejarano también percibe “una amplísima confusión respecto a los conceptos de transexualidad e identidad género”, un aspecto que los futuros maestros deberían conocer, ya que esta realidad está presente en las aulas. A su juicio, se deberían conocer las identidades y orientaciones sexuales “más allá de lo normativo”, pues es una forma de evitar problemas de homofobia o trasfobia.

Al parecer, la mayor desinformación tiene que ver con el significado de la identidad sexual, frente a los aspectos relacionados con la orientación sexual, como la homosexualidad o la bisexualidad, que “tienen más nítidos”.

Violencia sexuaI

En esta misma línea, y preguntados por conceptos asociados a la violencia sexual como el sexismo, la homofobia y la transfobia, ésta última es identificada perfectamente por el 75% de los preguntados, si bien sólo el 38% distingue entre las personas transgénero y las transexuales.

Pero lo “más preocupante” para la investigadora es “la permisividad a la prostitución” manifestada explícitamente por el 27% de encuestados, y su normalización antes del matrimonio, junto con la infidelidad.

De hecho, los estudiantes orientan su sexualidad “al hedonismo y al disfrute inmediato”, así como ven mayoritariamente aceptable mantener relaciones sexuales con varias parejas, y no compartir la visión afectiva de que sexo solo tiene sentido si hay amor.

También recogen afirmaciones como que “los hombres practican más relaciones sexuales que las mujeres” y que “cuanto menos comprometido se esté con la persona que compartes tus afectos mejor es la relación sexual con ella”.

Incluir material en el currículum

Respecto a la formación institucional en sexualidad e igualdad (el 46,2% dice haber recibido información en Secundaria, pero de manera informal) es, igualmente, deficiente, ya que el 33,1% de la muestra entrevistada afirma tener escasez de conocimientos científicos didácticos respecto a la sexualidad.

Estos datos apuntan claramente a que la educación en sexualidad “no es un tema explicado en las aulas en las etapas obligatorias”.

Por ello, Bejarano y su equipo creen necesario introducir las cuestiones de sexo-género, entendidas en sus múltiples manifestaciones, en el currículum formativo y en los planes de estudio de las facultades de Educación.

De la misma manera, en la investigación han entrevistado a profesores  que actualmente están formando a los futuros maestros y educadores sociales, y la mayoría afirman que “debemos trabajar en esa línea, favoreciendo la concienciación y propiciando el diseño de actividades y materiales que intervengan para hacer efectivo el principio de igualdad en las aulas desde las primeras edades”.

A su jucio, seguir con una falta de preparación adecuada a los futuros profesionales, repercutirá “de manera neutra o negativa directamente en la ciudadanía a la que educarán”.

“Necesitamos que haya asignaturas obligatorias presentes en todas las etapas educativas que trabajen de manera pluridimensional estas temáticas y especialmente en la formación de los docentes del mañana”.

Discursos y estrategias para la formación de docentes y educadores sociales

Por ello, la propia Bejarano y Rosa Marí Ytarte han dirigido el libro ‘Educación en sexualidad e igualdad. Discursos y estrategias para la formación de docentes y educadores sociales’, editado por Dykinson, que está a punto de ver la luz.

Recoge contenidos de 21 profesores de distintas universidades del contexto nacional e internacional (Brasil y Argentina) y “asume el compromiso de afrontar la formación de docentes en igualdad y sexualidad desde planteamientos pedagógicos con perspectiva feminista”.

Explican que la educación, el sistema educativo formal y no formal !tienen la responsabilidad y el encargo social de trabajar por el principio de igualdad, como un medio para realizar prevenciones sobre las violencias que se ejercen dentro y fuera del marco educativo”.

“No basta con vocación, aducen, sino que se hace imprescindible la formación científica basada en la igualdad de oportunidades y en la sexualidad integral desde las vertientes curricular e investigadora”.

Esta formación asegura, en su opinión, “la detección de claves patriarcales que hoy día aún siguen instaladas y arraigadas en los procesos de enseñanza y aprendizaje”.

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