Economía

“Me siento orgullosa de haber reivindicado los derechos de los regantes”

Araceli Olmedo, que mañana se despide como presidenta de la Comunidad de Usuarios de Aguas Subterráneas de la Masa Mancha Occidental II, repasa una larga e intensa trayectoria de treinta años

Carlos Moreno | Lunes, 14 de Enero del 2019

La presidenta de la Comunidad de Usuarios de Aguas Subterráneas (CUAS) de la 'Masa Mancha Occidental II', Araceli Olmedo, anunciaba a finales del pasado mes de octubre la dimisión de su cargo. Consideraba que  con más de 70 años y después de 30 trabajando por las aguas subterráneas y los regantes de Castilla-La Mancha había llegado el momento de descansar y dedicar más tiempo a su familia. 

Araceli Olmedo cumplía así el compromiso que adquirió cuando se puso al frente de la CUAS ; dejar la presidencia una vez encauzado un  proyecto  que desembocó en una comunidad muy bien estructurada, con una junta de Gobierno de gente joven e implicada, que cuenta ya con catorce sedes abiertas y más de una decena de trabajadores. Mañana tendrá lugar la asamblea en la que oficialmente se producirá su relevo.

Nos recibe Araceli en su acogedor salón de la calle Nueva, donde los libros y las fotografías  de sus hijos y nietas copan buena parte de la decoración.  Me señala los rincones que más le gustan para leer, una afición, que como buena lectora y escritora, cultivará con mucho más tiempo a partir de ahora . Cerca del mediodía, entra una agradable luz por los ventanales del patio. Buen marco para realizar la entrevista.    

-Adujo razones personales y cansancio para dejar la presidencia de la Comunidad. Ahora que han pasado más de dos meses, ¿cree que hizo lo que tenía que hacer?

-Me comprometí a montar esta nueva masa en un plazo de dos años y después marcharme. Han pasado casi  tres años y es el momento de irse una vez que todo está en marcha. No me voy por enfermedad, ni por asuntos personales, ni de familia, ni por malos rollos en la institución; me voy simplemente por cansancio después de treinta años. Constituir esta masa ha sido un proceso muy laborioso. Y en un tono más de broma, diría que me voy también para que descansen mis enemigos. Me voy de presidenta, pero no del mundo de las aguas. Seguiré en la directiva de la Fundación de Fomento y Gestión del Agua y  seguiré manteniendo contactos con la Federación nacional, además de aportar lo que pueda en las conferencias. Pienso seguir defendiendo las aguas subterráneas que son las grandes olvidadas.

-Echando una mirada atrás, ¿cómo han sido estos treinta años de trabajo?

-Estoy orgullosa de haber servido durante estos treinta años a este colectivo. Es cierto que ha habido muchos disgustos, pero he aprendido mucho y he conocido a muchos amigos de verdad. He sido una persona liberal y me he enfrentado a gente de diversas opciones políticas, porque para mí lo esencial era defender los intereses que yo representaba.

-Imagino que habrá pasado por momentos muy difíciles…

-Muy complicados. Pero siempre he encontrado el respaldo y ese abrazo general del colectivo agrario. Me han visto desde muy pequeña trabajar en el campo, llegué con los callos en las manos, me veían como una persona cercana. También es cierto que ha habido gente que llegó  a decir que me esperaba en su pozo con una escopeta para que le dijera el agua que le tenía que gastar o que varias veces intentaron tirarme fuera de la carretera cuando regresaba de Madrid a casa por la carretera de Cinco Casas. No querían matarme, pero sí asustarme. Pero no lograron amedrentarme y continué hacia delante.

-El hecho de ser mujer ¿le causó todavía más dificultades?

-He estado muy arropada y me he sentido respetada. Marqué unas pautas de trabajo y he llegado a acuerdos de la manera que me enseñó mi padre; con un simple apretón de manos ese acuerdo iba a misa. Siempre he cumplido con lo que he prometido y he realizado muchos viajes de trabajo con muchos hombres, pero siempre con el mayor respeto. Yo, evidentemente, me he equivocado, pero procuraba tener mucho cuidado porque era consciente de que tenía menos perdón que un hombre. Nuestro colectivo era muy conservador y había que tener mucho cuidado.

Por otro lado, en casa de mis padres había un matriarcado, en mi casa también y seguiré luchando por la igualdad de los géneros hasta el último aliento de mi vida.

-¿De qué medida, proyecto o logro se siente más orgullosa?

- Me siento orgullosa de reivindicar los derechos de los regantes y haber contribuido a sensibilizarlos a decirles que esto no es un mar que no tiene fin, sino que el agua es limitada, nos la han prestado las generaciones venideras y debemos devolverla en la misma cantidad y, a ser posible, con la misma calidad. El colectivo ya está muy concienciado de que tenemos que ahorrar. En realidad, los primeros ecologistas somos nosotros que cuidamos y limpiamos el campo. 

-Ha insistido en un mensaje de hacer compatible el desarrollo agrario con políticas racionales de consumo de agua, ¿cree que ha acabado calando?

-Hemos aprendido a preparar nuestras explotaciones con los máximos adelantos para consumir menos agua y obtener grandes producciones, pero...¿y los mercados? En este sentido, las cooperativas tienen que ayudar  para que se premie mucho más la calidad por encima de la cantidad. Con la calidad se vende mucho mejor, esta es la gran asignatura pendiente que tenemos. Creo que hay un trabajo de Rafael Torres muy interesante para cambiar esta tendencia. 

-El mundo del agua es extremadamente complicado, con muchos intereses entrelazados, ¿cómo hay que actuar para que esos intereses, de alguna manera, se puedan ir armonizando?

-En el año 87 nos dijeron que el acuífero estaba provisionalmente sobreexplotado y se prohibió la construcción de más pozos. Pero hubo gente que se saltó esto a la torera. Fue importante que saliera el Plan Especial del Alto Guadiana, una fórmula muy buena porque la administración adquirió derechos y ésta fue la que los fue dando en función de unos criterios determinados. Pero es cierto, hay unos intereses tremendos, complicados de armonizar. El diálogo siempre es una buena solución.

-El Gobierno de España sigue decretando trasvases desde la cabecera del Tajo al Segura, ¿cómo analiza esta situación?

-Siempre he pensado que el tema del agua no debe politizarse. El tema del trasvase lleva muchos años sin resolverse, a pesar de que muchas veces han coincido gobiernos del mismo signo en la región y el país. Siempre he sostenido que nosotros tenemos una región en la que apenas llueve, con tierras que no son buenas y Castilla-La Mancha no puede sacrificarse en beneficio de otras regiones. Yo he pedido agua de ese trasvase para poder asegurar nuestras explotaciones y, por otro lado, he solicitado que, si se inundan en Badajoz, un trasvase para el Guadiana medio con el fin de equilibrar los recursos. Hay un ejemplo en California, que es prácticamente un desierto, pero hay un tubo que atraviesa todo el Estado y tienen agua para las ciudades y las explotaciones. Aquí se podría hacer algo parecido. El Plan Hidrológico Nacional que se aprobó en la época de Aznar estaba bien ideado porque había abastecido a toda la parte de Levante y Almería, mientras que a nosotros nos hubiesen descargado algo del Tajo. Pero ese plan se lo cargaron.

-¿Qué dirá mañana en la asamblea en la que se producirá  su relevo al frente de la Comunidad?

-Algún mensaje le daré al comisario (risas) y, bueno, también a los comuneros. Tengo claro que con una actitud victimista no se va a ningún sitio. Hay que contrarrestar el poder de la administración con diálogo, datos, estudios y mucha imaginación. Al comisario le diré que es imposible que cierren el grifo de las aguas subterráneas porque no tienen un grifo para cada pozo. Por tanto, hay que ponerse de acuerdo y dejar de ver a las comunidades de regantes como enemigos, esa es la mejor manera de llevar a cabo una correcta gestión. Eso se puede hacer a través de convenios de colaboración en el que el diálogo esté siempre presente. Y también daré un mensaje de unión entre todos, aguas subterráneas y superficiales, para dejarse de reinos de taifas y ser más fuertes. Ya va siendo hora de que esto cambie y que dejen de vernos como los malos de la película. También incidiré en la importancia de la formación.

- Le quiero preguntar por las desaladoras, ¿pueden ser una solución al problema de la escasez  de agua?

-Son ruinosas. Una desaladora, a los mejor, puede funcionar para un hotel de cinco estrellas o cualquier otro negocio rentable por el coste que tiene tan alto la desalación. Pero para la agricultura, nunca, no tienen sentido. 

-Ahora vivirá con satisfacción viendo el agua verter por la presa del pantano…

-Genera alegría, de hecho los ojos del Guadiana están a punto, aunque no van a aflorar, porque para ello sería necesario cerrar todos los pozos.  Nuestro consumo es de 2000 metros cúbicos para los herbáceos y 1.500 para los leñosos que es una cantidad que no podemos bajar más. Si la Confederación nos obliga a más esfuerzos habrá que pensar que, más que recuperar el acuífero lo que pretende es cargarse la agricultura de la Mancha. Hay que poner orden y concierto y saber exactamente cuánta agua se extrae del acuífero, porque ahora mismo no lo saben. Necesitamos una red piezométrica que nos mida el nivel. El acuífero es una cavidad irregular  que dificulta mucho la medición. Yo lo solicité al Instituto Geológico Minero y esto unido a la instalación de caudalímetros y la imposición de sanciones a los que se pasen supondría unos buenos mecanismos de control y sentaría las bases de una buena gestión. 

-Se ha visto con muchos e importantes interlocutores políticos, sociales y económicos, ¿cómo se ha llevado con ellos?

-Con los distintos ministros de Agricultura y Medio Ambiente que han pasado me he llevado bien. Alguna excepción ahí, por ejemplo Isabel Tocino a la que un día, y no me acuerdo exactamente qué me diría, le dije  en una reunión en el ministerio como representante de las aguas subterráneas de en la Federación Nacional de Comunidades de Regantes; señora ministra la boina la he desenroscado antes de entrar a su despacho y estoy licenciada en derecho por la Uned. Ahora si quiere seguimos hablando. Pero al margen de este hecho aislado he mantenido buena relación con responsables políticos del PSOE y del PP, también con el presidente nacional de ASAJA, Pedro Barato,  también con gente de Coag como Marín que lleva luchando mucho tiempo;  la ministra Narbona que fue la que inició el Plan Especial  del Alto Guadiana o José María Barreda que, aunque no pudo ayudarme en muchas cosas que yo le pedía, siempre estaba dispuesto a escucharme y atenderme. También con alcaldes como Ramón González o Javier Lozano, a los que también admiro y quiero mucho. Yo creo que eran dos hombres tan preparados que les generaban temor a personas de menor nivel que había por medio.

-Estando tan cerca de la política y dada la iniciativa y capacidad que usted ha demostrado, ¿recibió propuestas de haber entrado en ella?

-Tuve una lejana y efímera experiencia como presidenta de Alianza Popular en Tomelloso. Para ser político  tienes que ser muy obediente y yo que considero una persona bastante liberal no estoy preparada para someterme a las disciplinas rígidas que suelen tener los partidos. De hecho, mi actitud ha sido de meterme mucho con el que estaba en el poder, pero no por capricho, sino porque tenía que hacerlo en la defensa de los intereses que represento. A los políticos hay que exigirles, porque al fin y al cabo viven de nuestros impuestos.

-¿Qué  otros proyectos piensa llevar a cabo, ahora que dispondrá de  más tiempo?

-Me estoy planteando publicar un libro con anécdotas, de cosas que me han ido pasando, que sea divertido de leer, sin entrar en temas muy técnicos del agua que suelen ser engorrosos. Y dedicarme a algo que siempre me ha gustado mucho, escribir, y escaparme cuando pueda a San Juan, donde se está divinamente. Lo que está claro es que ahora, sin responsabilidades, será todavía más complicado sujetarme la lengua (risas).


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