La Voz de la ciencia

¿Virus para protegernos de las bacterias?

Chema Arcos Serrano | Miércoles, 27 de Febrero del 2019

Los bacteriófagos, o simplemente fagos, son un tipo de virus que infectan únicamente a las bacterias. Pueden encontrarse en multitud de hábitats, y están muy presentes a nuestro alrededor. Sin ir más lejos, en nuestro propio intestino se estima que habitan algo más de 30 millones de fagos. El papel de estos organismos en la naturaleza es importantísimo, ya que permiten controlar que las poblaciones de bacterias no crezcan demasiado en diversos ecosistemas. Además, en los últimos años ha cobrado fuerza el estudio de estos virus como tratamiento de enfermedades en humanos.

Es un hecho que cada vez existen más bacterias que desarrollan resistencia a los antibióticos, por lo que estos fármacos van perdiendo eficacia. Por esta razón, ha cobrado mucha importancia investigar tratamientos alternativos para luchar contra las enfermedades bacterianas. Y es aquí donde los bacteriófagos pueden jugar un papel muy importante.

EL PROBLEMA DE LA RESISTENCIA A LOS ANTIBIÓTICOS

En el año 1928 el científico británico Alexander Fleming descubrió el primer antibiótico: la penicilina. A partir de ese momento se empezaron a describir las primeras bacterias resistentes. Se trataba de cepas bacterianas que debido a una mutación eran capaces de sobrevivir en presencia de la penicilina.

Los diferentes tipos de antibióticos pueden acabar con las bacterias de formas muy diversas. Algunos actúan rompiendo su ADN, otros impiden que produzcan nuevas proteínas, de las bacterias. El problema es que las bacterias pueden desarrollar mutaciones que sirven como protección contra estas acciones.

Además, el uso inadecuado de antibióticos ayuda a generar resistencia. No tomar la dosis adecuada o finalizar el tratamiento antes de tiempo ayuda a que las bacterias más resistentes sobrevivan, y las infecciones sean más difíciles de tratar.

Con los años han comenzado a aparecer las llamadas superbacterias, es decir, bacterias capaces de sobrevivir ante muchos tipos de antibióticos. Algunas de ellas han sido capaces incluso de adquirir resistencia ante los antibióticos más eficaces, entre los que están los carbapénicos o las cefalosporinas. De hecho, en el año 2017, un grupo de científicos estadounidenses aislaron una cepa de la bacteria Klebsiella pneumonae que era capaz de sobrevivir a todos los tipos de antibióticos utilizados en la actualidad.

La Organización Mundial de la Salud ha alertado de la enorme importancia que tiene utilizar los antibióticos de manera adecuada. Desde este organismo también se han establecido grupos de bacterias resistentes que suponen un riesgo prioritario para la salud pública. Este grupo incluye cepas de bacterias como Klebsiella, E.coli o Proteus. Se trata de microbios que pueden producir infecciones graves, como neumonías o infecciones de la sangre, especialmente en grupos de población vulnerables.

FAGOS COMOS COMO ALTERNATIVA

La estructura de los fagos es bastante peculiar. Más que a un organismo vivo, su aspecto recuerda a una especie de robot o una nave espacial. Poseen una cabeza denominada cápside, con forma de icosaedro, es decir, como un dado de 20 caras. En el interior de la cápside está su material genético, y de ella sale un cuerpo alargado. Esta estructura acaba en una base, de la que salen una especie de patas, con las que se fija alas bacterias que va a infectar.


Estructura de un fago


El estudio de los fagos como tratamiento médico, denominado fagoterapia, se inició a principios del siglo XX. Sin embargo, su uso quedó relegado por el desarrollo de los antibióticos. Pese a esto, sí que tuvo importancia en países como Polonia o la antigua Unión Soviética, donde la disponibilidad de antibióticos era menor que en el mundo occidental. Era frecuente el uso de preparaciones terapéuticas con fagos, por ejemplo, para combatir infecciones superficiales de la piel.

En la actualidad, el estudio de tratamientos alternativos a los antibióticos ha puesto de nuevo a los fagos en las primeras líneas de la investigación. Aunque el uso generalizado de la fagoterapia queda aún lejano, cada vez se llevan a cabo más ensayos clínicos que permiten evaluar su eficacia contra distintos tipos de enfermedades. Por ejemplo, se han probado satisfactoriamente para tratar infecciones auditivas y urinarias. Los tratamientos con fagos han demostrado ser también eficaces en veterinaria y en agricultura, donde se pueden usar para eliminar enfermedades bacterianas en los cultivos.

Una de las ventajas de la fagoterapia es que no suele producir efectos secundarios. Los diferentes tipos de fagos son específicos para una bacteria concreta, y no afectan a células animales o vegetales.

Aún no sabemos si este tipo de terapias alcanzarán un nivel alto de eficacia, pero lo que si está claro es que han establecido una importante línea de investigación en la búsqueda de tratamientos alternativos a los antibióticos.

 

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