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Vicente Espinosa, un tomellosero entre los últimos de Filipinas (1)

La Voz | Miércoles, 11 de Septiembre del 2019
Vicente Espinosa (derecha) Vicente Espinosa (derecha)

En el oficio periodístico surgen ocasiones que se salen de la labor habitual de contar la actualidad. Hay veces que reviste gran interés retroceder en el tiempo y contar antiguos episodios que, como en este caso, ocurrieron hace un siglo. Cual si de unos Miguel de Cervantes se tratase, salvando las distancias, esta semana nos ha sido entregado un valioso documento sobre un tomellosero que combatió en la guerra de Filipinas y fue de los últimos en abandonar el archipiélago. De Cide Hamete Benegueli hizo su nieto, Julián Espinosa López, que nos ha facilitado el material para dar a conocer los avatares de su antepasado en las últimas posesiones del Imperio Español (en aquel que en la época de Felipe II no se ponía el sol).

El protagonista de esta historia es Vicente Espina Jareño, fallecido el 10 de noviembre de 1945 a los 70 años.

El documento, titulado “Diario en las Islas Filipinas”, comienza con una advertencia a los lectores. “Muchos de los nombres de los lugares que parecen en este este diario están escritos según suenan en su lengua original o en inglés, ya que el narrador no sabía ni el idioma originario de la región, no tampoco inglés. Hemos tratado de traducir dichos nombres para así situarlos mejor en el mapa”.

Así pues, damos paso al relato de Vicente Espinosa en las Isla Filipinas.

Relación nominal del tiempo que llevo de servicio

Salí de mi casa el 22 de octubre de 1895. Fui destinado al Regimiento de Infantería León 38 [estaba en Madrid] y a la Primera Compañía. Allí permanecí hasta el día 30 de agosto del 96, que fui sorteado para Cuba con el número 122. Tuve que dar 2.000 reales [entendemos que para no ir a Cuba]. Permanecí en la misma compañía hasta el día 2 de octubre que me sortearon para Filipinas con el número 20, habiendo sorteado en esas intermedias para Filipinas y Puerto Rico cuatro veces.

Embarque para Filipinas en Barcelona el día 19 de octubre en el vapor Covadonga. A los cinco días de la salida llegamos a Porsaez [Port Said] en donde tomó carbón en vapor y después salimos por el Canal de Suez. A la salida encontramos el puerto de Suez, donde no paró el vapor nada más que una hora, dando salida para Adén, que tardamos en llegar seis días. Después salimos para el puerto de Singapore [Singapur], tardando once días en llegar. Luego salimos para Manila, que tardamos en llegar. Desembarcamos en Cavite el día 12 de noviembre del 96, donde permanecí hasta el día 20 que salimos para la estación de Manila, todavía sin tomar el desayuno y eran las dos de la tarde.

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Vapor Covadonga

Tomamos el tren donde permanecimos hasta las 10 de la noche que paramos en Gigunto por estar destrozado el ferrocarril por los insurrectos. Aquella hora nos dicen que tenemos que marchar para el pueblo que desde la estación decían que faltaba una hora. ¡Bendita sea la hora que parecía de las fuertes de este país! Todo dimanaba del guía que llevábamos que nos perdió y toda la noche nos la llevamos de camino, llegamos a las seis de la mañana. Nos tenían buena comida pero a las diez de la mañana nos estaban preparando lechón, que es una comida especial en este país. Pero a las once llega un telegrama [ordenando] que inmediatamente tenemos que salir para Calumpit que teníamos que embarcar en el vapor.

Aquella hora salimos sin podernos esperar para comer. Pasando la vía por Malolo llegando a Calumpit donde teníamos que embarcar para Arayat. En una hora que paramos en Calumpit, de pocas no dejamos en el pueblo ni gallinas, ni patos, que todo nos era poco para avanzar para rancho. No pudimos comerlas hasta que llegamos a Arayat a las once de la noche, que a aquella hora tenían que hacer el rancho. A la una nos llaman para tomar el rancho que, por desgracia, ni pan teníamos. El rancho de gallinas no se podía probar que las rancheras lo habían quemado. No pudimos comer nada y a las siete de la mañana nos tenían otro por el mismo especie para salir a las nueve de la mañana para el pueblo de San Isidro.

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Barco atravesando el Canal de Suez

¡Bendito día que pasamos hasta llegar a este pueblo! En un barrio que se llama Sibutan nos dieron un poco de mariscada con babery. Cosa peo que aquello no se puede comer que nos fue vomitivo para todos y para mí más. Cuando llevaba una hora de camino ya no podía asistir a la compañía del mareo que me dio la dichosa comida y antes de llegar al pueblo de Caviao me tuve que montar en el caballo de un oficial hasta el pueblo.

Allí nos dieron un refresco para poder continuar la marcha hasta el pueblo de San Isidro, donde yo llegué en una carromata. Llegamos a las nueve de la noche, que todas las personas salían a recibirnos con mucho entusiasmo que parece que no han visto persona nunca y gracias que nos tenían una cena muy abundante y muy buena. En este pueblo permanecimos cuatro días hasta que pidieron voluntarios para marchar a San Miguel de Mayunro y fui uno de los que dieron el paso al frente".

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