Tomelloso

López Palacios retrata la luz de Tomelloso

El antiguo Convento de la Merced fue escenario este jueves de la presentación de ‘Nos queda la memoria I y II’, obra del tomellosero Juan Luis López Palacios

A. Ruiz / Lanza | Viernes, 11 de Octubre del 2019

El antiguo Convento de la Merced fue escenario este jueves de la presentación de ‘Nos queda la memoria I y II’, obra del tomellosero Juan Luis López Palacios conformada por un primer volumen titulado ‘La luz que permanece. La primera luz que vio Antonio López García’ y un segundo sobre ‘La luz efímera. La otra luz de Tomelloso’.

Ambos libros, agrupados en un estuche blanco y en los que realiza una narración con instantáneas ‘ilustrada’ con textos, son el resultado del amor a su tierra, la fotografía como lenguaje y los pintores de su familia.

El origen del primer volumen surgió del encargo de un trabajo sobre la luz en la arquitectura que le hizo el arquitecto y escultor Juan Bordes cuando retomó sus estudios de arquitectura en el curso 2004-2005. A diferencia de sus compañeros de clase, que buscaron imágenes geométricas muy llamativas con azarosas combinaciones de iluminación, López Palacios se inclinó por retratar la “luz que permanece en la memoria, la que se idealiza en el recuerdo porque influyó en nuestra vida”, y fotografió las luces de las casas donde vivió siendo niño su primo, el prestigioso pintor Antonio López García, comparándolas con las de sus primeros óleos y dibujos para exponer la influencia que “pudo tener en su forma de interpretar el mundo a través de la pintura”. La casa de los padres de Antonio López García y fundamentalmente la de sus abuelos, donde vivía su tío Antonio López Torres, aparecen en este trabajo sobre la luz que permanece, aquélla que iluminaban estos inmuebles y se halla en los óleos de López García.

En cuanto al segundo libro, años después López Palacios decidió recopilar y seleccionar fotografías que llevaba realizando desde 1980 de Tomelloso con el propósito de ampliar la idea del primer tomo, de manera que se completase la luz de las casas descritas con la otra luz, la del campo, calles, corralazos y alrededores, de la infancia de su primo. Indagó en ese propósito pero comprendió que lo que en realidad estaba haciendo era un trabajo fotográfico sobre Tomelloso siguiendo sus propios recuerdos de la infancia, además de otras luces que se encontró en nuevas instantáneas al realizar este trabajo. Son, en su opinión, luces fugaces en momentos únicos, no permanentes, de Tomelloso; instantes breves que agrupados en un discurso fotográfico coherente pueden tener también un significado permanente. Este segundo volumen está ‘ilustrado’ con textos más personales e implicados en su vida en Tomelloso, comentó López Palacios, que resaltó que las fotografías pueden contar una historia más allá de las propias imágenes entendidas una a una.

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