100Pavón

Él fue uno de ellos

José Antonio Rebato Lara | Miércoles, 23 de Octubre del 2019

Normalmente en este espacio que los amigos de La Voz de Tomelloso nos  prestan a quienes queremos hacer públicas nuestras opiniones, este servidor cuenta cosas relacionadas con su compromiso con los que no les van las cosas también como a otros. En esta ocasión quiero hablar de algo más cercano y nada relacionado con lo de costumbre, quiero hablar del maestro Pacopavón como lo llamaba Umbral.

De muy muy pequeño recuerdo, más de oídas que de imágenes grabadas en mi disco duro, que fui con mi abuelo Luis y mi tío Gracia al café Gijón y allí se juntaron con otros amigos, para mí por entonces viejos, y hablaron de cosas durante mucho rato. Yo no recuerdo con quien ni de que hablaban pero siempre me sentí muy a gusto  en compañía de los viejos amigos de mi abuelo.Luego, años después, recordando con mi tío Gracia aquel viaje,  él me contó que uno de los que estaba aquél día era Pacopavón  y algún gallego más muy famoso. Me enseñó una foto de aquel día, con aquellos amigos  sentados en una mesa y yo en las rodillas de mi tío junto a mi abuelo, que él fue el motivo de hacer tal foto. Esta foto años después, me dijo mi tía Margarita que era la mujer de mi tío, que me la buscaría y me la daría pero las cosas que pasan no la he vuelto a ver.

El siguiente contacto que tuve con el maestro Pavón fue con Miguel García que me fui con él a grabar para Tele Surco unas imágenes de la capilla ardiente que se puso en el salón de plenos de nuestro palacio del Ayuntamiento. 

Los tomelloseros podemos parecer en principio poco agradecidos con nuestros artistas y gentes relevantes. Yo pienso muchas veces que no sabemos hacer patria de lo nuestro. Si ciertos nombres de las artes como los que tenemos en Tomelloso fueran de algún pueblo de por aquí al lado, serían promocionados y multiplicados y tendríamos sus nombres tatuados por todos lados. Pero amigos,  en Tomelloso no sabemos hacer patria de lo nuestro porque estamos muy mal acostumbrados. Nos hemos acostumbrado a ver por la calle profesores de universidad en Nueva York con varias obras muy buenas de poesía publicadas,  pintores de renombre, incluso de vez en cuando el pintor contemporáneo más cotizado de la historia,  quizá a un joven actor que tiene su última película en este momento en las carteleras de Madrid. También vemos con sus amigos de cañas a una importante científica,  a una profesora que da clases en Pekín, varios empresarios que hacen obras importantes en cualquier parte del mundo o tomamos un café de vez en cuando con el tomellosero que más horas de televisión tiene en su haber de fin de semana en fin de semana y hace historia en el programa más longevo de la televisión. Nos es normal que la primera Alcaldesa se case y tenga hijos, estas circunstancias que para nosotros son corrientes en otros pueblos y ciudades tendrían una relevancia enorme, por no hablar de más pintores, escritores y profesores, en fin tenemos esa suerte y ese poco saber hacer,  pero a lo que íbamos. 

A Francisco García Pavón lo conocí de la mano, mejor dicho, de la editorial de Jaime, no sé con qué motivo ediciones Soubriet  publicó una colección de las obras completas del maestro, recuerdo que las tuve que comprar en doce plazos de a mil pesetas porque tenía más interés que posibles y Jaime daba la posibilidad de poder hacernos con las obras completas de esta forma.

Por aquellos entonces no estaba yo muy suelto en las cosas de la lectura y no recuerdo que obras componían el primer volumen pero me resultaba algo pesado,  pero por la insistencia o porque quizá me costaba mucho el apartar las mil pesetas, no podía dejar de leerlas. Según avanzaba en su lectura fui conociendo al maestro y sorprendiéndome con lugares que yo conocía,  calles, motes, asuntos y cosas que me eran familiares y me agradaba ver en un libro. Lo que más recuerdo que me sorprendió fue como un hombre adulto podía escribir y describir de aquella manera tan suya y tan bien los pensamientos, aventuras,  jugadas y jugarretas de un niño, con ideas de niño y estructura de niño. Siempre pensé que estas obras las escribió de niño y las publicó de adulto pero no podían estar escritas por un infante, por su complejidad. Mostraban una inocencia tal como para expresar cosas que por boca de un niño se podían permitir en momentos donde uno no podía escribir lo que quisiera sin que le metieran la tijera. El maestro sabía manejar la inocencia y expresar desde los ojos de un niño los sentimientos de un adulto. 

El humor tan nuestro, también lo tocaba sin perder su esencia, manipulándolo de tal forma que llegue a quien no  es de esta tierra, tiene toques buenísimos en varias de sus obras.

Podría adentrarme más y más en detalles de su trabajo pero este escrito que quiero dedicar al maestro no es una tesis ni de lejos de su obra, es un homenaje a él y a su obra.

Amigos todos, que lo que para nosotros parece normal y no le damos mucho auge os digo yo que no es tan normal y común en otras tierras, aprendamos a promocionar y valorar lo nuestro que es mucho y muy grande.

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