Revista

Recordando a dos grandes

El aficionado fiel | Martes, 2 de Junio del 2020

Antonio Serna y Manolo Perona fueron dos grandes deportistas de Tomelloso, de los deportistas made in Tomelloso, dos personas entrañables, de las que dejan huella y dos luchadores infatigables en todos los ámbitos de la vida.

Fueron dos deportistas hechos a sí mismos, con escasos recursos y pocos medios, en aquellos años 70 y 80 en España. Sin embargo, esto no fue excusa, eran dos levantadores de peso excepcionales, practicaban una especialidad no reconocida federativamente hablando, llamada powerlifting (El levantamiento de potencia, pesas potencia, o simplemente potencia es un deporte de fuerza que consiste en tres eventos: la sentadilla, el press de banca y el peso muerto). Ambos participaron en numerosos campeonatos de España, batieron records en sus respectivas categorías e incluso fueron a campeonatos de Europa y del mundo.

Cuando en la actualidad, todo el equipamiento deportivo debe estar homologado por no sé cuántos laboratorios y fabricado con productos aprobados por todos los organismos europeos y cumplir con normas UNE, normas ISO, normas Aenor, etc. etc. Recordar que sus primeras pesas se las fabricaron con botes de conserva rellenos de hormigón, unidos mediante barras de ferralla que sobraban de las obras, si querido lector, no se sorprenda esto era así, ellos se hicieron sus primeras pesas de este modo tan arcaico, esto les sirvió para ir progresando y mejorando la técnica.

De este modo se forjaron como Personas y deportistas de gran nivel con un gran sentido del humor porque cuando comenzaron a salir a competir fuera y observaban los medios con los que contaban los demás y de las nimiedades que se quejaban, se partían de la risa. Baste recordar una entrevista que le hicieron en Barcelona a Antonio y cuando le preguntaron sobre el secreto de levantar tanto peso, si su alimentación incluía proteínas, barritas o bebidas, él contestó mi alimentación está basada en gachas de la Mancha y torreznos. Otra anécdotas, entre tantas que tuvieron y que contaban en numerosas ocasiones fue la siguiente: regresando de un campeonato celebrado en Valencia pararon en un restaurante con el precio del menú económico alrededor de 9 euros, que incluía primer plato, segundo plato, postre y café. Después de terminar con todo el menú y tomar el café, llamaron al camarero y éste les preguntó ¿Quieren ustedes la cuenta? Y dijeron no, no queremos la cuenta queremos que nos traiga otra vez el menú completo primer plato, segundo, el postre y el café, y así lo hicieron. Contaban que el camarero se quedó a cuadros.

Ni que decir tiene que los dos eran muy testarudos y obstinados y cuando Antonio le decía a Manolo los entrenamientos que tenía que realizar y los campeonatos a los que debería ir, en ocasiones, Manolo se enfadaba recogía las barras y las pesas que le había concedido la O.N.C.E. para entrenar y se las llevaba a otro gimnasio, aunque al poco tiempo volviera con su entrenador, Antonio Serna.

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