Opinión

Jugándonos nuestro futuro

Fermín Gassol | Domingo, 12 de Julio del 2020

Parece ser que al menos, todos hemos caído ya en la cuenta de que por ahí no podemos seguir pues no es ese el camino. La peligrosa y grave recesión motivada por varios factores y acentuada por el corona virus está acechando detrás de la puerta y eso significa que existe un riesgo real de poder retroceder en nuestra calidad y nivel de vida y que por primera vez en la historia la próxima generación podría vivir en peores condiciones que actual.

Hasta ahora el progreso de la sociedad era un camino en el que siempre se avanzaba y se veía como algo incuestionable. El bienestar se presentaba como una posibilidad cierta a conquistar para mucha gente que se conseguía no sin esfuerzo; esa ha sido sin duda la aportación más importante del mundo moderno a la historia de la humanidad. Sin embargo en poco tiempo asistimos a una especie de saturación en esas posibilidades del progreso de cara al futuro, a un aparente agotamiento en las fórmulas conocidas para conseguir el bienestar duradero de toda la sociedad.

Pero caer en la cuenta de esta situación no es suficiente, hay que empezar a buscar soluciones y estar dispuestos a llevarlas a cabo, extremo éste que se presenta muy complejo por la cantidad de personas que han de dar el paso. Porque nuestro planeta tenía y tiene unas reservas limitadas, porque cada día somos más los que nos servimos de ellas y lo hacemos de forma más desaforada, el problema de la escasez de recursos aparece ya en el horizonte inmediato. 

Para intentar atajar este grave problema a medio plazo habríamos de preguntarnos: ¿Es la economía sostenible la única clave para encontrar la solución al futuro así mismo sostenible? ¿Es suficiente regular la economía o hace falta actuar sobre más factores para que el crecimiento y desarrollo se prolongue en el tiempo? La cuestión no es fácil, se presenta muy compleja y creo, lo es por tres motivos. 

La primera dificultad reside en que el desarrollo sostenible debe ser global, no particular ni exclusivo de un país o continente. Hoy todo está sumamente entrelazado y no es posible intentar una solución a solas, crear un espacio particular sostenible mientras el resto sigue consumiendo a todo trapo las reservas del planeta. 

El segundo inconveniente hace referencia al aspecto social y consiste en tasar, definir, acotar el grado de desarrollo, la velocidad de crucero idónea. Muy difícil es encontrar una franja de desarrollo razonable en la que todos nos movamos alcanzando un nivel confortable sin sobrepasarlo y en donde se pretendan regular unas economías más parejas con habitantes acostumbrados a vivir ya con un altísimo nivel de confort. 

Y el tercer óbice hace alusión al grado de implicación voluntaria de todos los habitantes del planeta en la concienciación que hemos de tener con el problema. Un problema que tiene las tres vertientes, económica, social y ambiental muy relacionadas entre sí y con dimensión mundial. Este es un problema de autoprotección a medio plazo en el que tanto el nivel cultural como el cívico- social y moral juegan un papel determinante. Un problema pues, de solidaridad y sentido común.


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