Economía

Ramón Sánchez: “En el Alhambra mantenemos la esencia de nuestra cocina tradicional de calidad”

El propietario del emblemático restaurante de Tomelloso repasa la actualidad de un negocio que se acerca a los 75 años de vida

Carlos Moreno | Martes, 21 de Julio del 2020
Ramón Sánchez Ramón Sánchez

Ramón Sánchez  es uno de los iconos más reconocibles de la hostelería de Tomelloso. El Restaurante Bar Alhambra es mucho más que un negocio en la ciudad. Cuando se ubicaba en la Plaza de España fue escenario de miles de encuentros, celebraciones comidas de trabajo, tratos, reuniones y así sigue siendo en su nuevo emplazamiento  donde mantiene su buena cocina, el excelente servicio de siempre y la cercanía de unos trabajadores que cuidan con mimo a sus clientes y amigos. 

Nos recibe en su domicilio de la calle San Luis. El porche de su patio y unas Coca Colas con hielo nos protegen del sofocante  calor estos días de julio. No es la primera vez ni será la última que el periodista entrevista a un hombre afable,  buen conversador,  amante de Tomelloso, que defiende con mucha entrega y sentido común este negocio familiar que guarda una solera de casi setenta y cinco años.

-Una vez que lo permitieron las autoridades ¿Esperaron mucho tiempo a reabrir el negocio?

-Fui de los últimos, la última semana de junio. Tener cerrados los establecimientos nos ha ocasionado un coste económico importante y tuve que meter a mis nueve empleados en un Erte. Era mejor esperar a que las condiciones de apertura fueran mejores, lo contrario era asumir un riesgo demasiado grande. Así cuidamos las distancias que nos marcaron en la terraza y, gracias a Dios, desde que abrimos la respuesta del público ha sido muy buena. 

-La hostelería ha sido uno de los sectores más afectados por la pandemia, ¿costará recobrar el pulso normal de la actividad?

-En el Bar Alhambra mantenemos nuestra línea de siempre  y eso nos facilita el mantenimiento de la clientela. Es cierto que con la pandemia la afluencia se ha resentido, pero la gente que llega al restaurante y ve que están garantizadas las medidas de seguridad sigue viniendo.

-¿Qué opinión tiene de las medidas e instrucciones que marcaron las administraciones para poder abrir los bares?

-Esas medidas han supuesto unos gastos extras. pero muy necesarios. En varios sitios hemos colocado recipientes de gel hidroalcohólico, carteles con instrucciones  y hemos permanecido siempre atentos y vigilantes para que se cumplan las normas. 

-¿Qué balance realiza de la trayectoria del Bar Alhambra en su nueva ubicación de la carretera de Argamasilla de Alba?

-El pasado mes de marzo cumplimos ya quince años aquí.  Trabajamos en un local de renta antigua e intenté en todo momento  alcanzar un acuerdo con el dueño para actualizar ese alquiler, sopesé la opción de comprar el local y otras propuestas que no desembocaron en un acuerdo. Cuando el edificio lo declararon en ruina, el dueño me indemnizó y pude emprender el proyecto del traslado. 

-Aquella no sería una decisión fácil…

-Claro. Teníamos cierto miedo porque no es lo mismo estar en el centro del pueblo donde la gente, por pura inercia, pasaba al local, que irte al extrarradio donde la dinámica es totalmente diferente. Pero rehabilité el local y hemos logrado mantener a nuestros clientes de toda la vida y captar otros nuevos.  En el local nuevo, las comodidades, tanto para los trabajadores como para la clientela, son mayores.

-Los sellos de identidad del restaurante ¿siguen siendo los mismos?

-Totalmente. Tenemos la suerte de contar con un buen cocinero que ha dado fama a nuestras paletillas asadas, los pescados frescos, tanto a la sal como a la espalda, las carnes de buey, la ternera blanca con salsa, la merluza en salsa verde, a la romana o a la plancha…En definitiva tratamos de mantener la esencia de nuestra cocina tradicional de calidad. En otros sitios te dan un plato de diseño y te lo cobran bien, pero la materia prima no es la mejor. Nuestros clientes nos piden arroz con bogavante, judías con arroz, paellas, migas de pastor, gachas…un poco lo que es la cocina básica y también de la tierra.

-Existe una importante competencia en la hostelería de Tomelloso, ¿cuál es la clave para continuar ganándose la confianza de los clientes?

-Hay un cierto sector que tiene mucha competencia de precio y van a muerte. Pero está claro que si abaratas precio, no puedes dar calidad. Como antes decía, nosotros mantenemos una línea constante que nuestra clientela respalda. Nuestros almuerzos por la mañana, la cañita del mediodía, el comedor que funciona bien, una opción de menú con platos caseros para trabajadores que no se pueden gastar más en comer más de los que ganan. Ofrecemos posibilidades para todos y también la opción de ceder el local para actos y eventos. Al pintor Antonio López le suele gustar mucho nuestrra cocina manchega y suele venir.

-Ahora que nombra al pintor, ¿sigue guardando mucho material relacionado con Tomelloso?

-Sí. Tengo unas grabaciones de Antonio López Torres en las que explica como pintaba y muchas entrevistas que realizó José Luis Albiñana “Pona” a personajes de nuestra ciudad. Hay mucha gente en Tomelloso que no está suficientemente reconocida y es injusto porque han realizado una gran labor. Los hermanos Lanuza, que eran practicantes y se atrevían con todo, médicos como don Ramón Espinosa que no cobraba a los pacientes que no podían pagar. Y hay muchos más casos de gente que ha realizado una gran labor social por su pueblo que deberían estar más reconocidos. 

-Retomando el hilo de la hostelería, el negocio del bar lo iniciaron sus padres, siguió usted con sus hermanos y ahora está usted solo. ¿Habrá un nuevo relevo generacional?

-El negocio lo abrió mi padre en el año 1947 y lo compaginó con otros oficios que llevaba. Lamentablemente murió muy joven y en el año 65 mi madre tuvo que arremangarse para estar al frente. Era una mujer valiente, y mucho más en esos tiempos donde ellas no lo tenían precisamente fácil. Fue una mujer luchadora nata, muy emprendedora, que supo llevar muy bien el bar. Mis hijos no continuarán con el negocio de la hostelería; primero porque no quieren ellos, y yo tampoco. La hostelería es muy sacrificada, te absorbe mucho. Uno está a punto de terminar filosofía y hará el doctorado y otro se ha metido en el mundo relacionado con las actividades al aire libre y el diseño gráfico. En estos tres meses que hemos estado encerrados, a nivel personal me ha servido para estar más tiempo con la familia, compartir cosas que casi nunca había podido compartir  con mi mujer y con mis hijos.  Cuando eran más pequeños apenas los veía, a pesar de estar viviendo en el mismo pueblo y en la misma casa. Me perdí la infancia de mis hijos por el negocio.

-La hostelería es sacrificada pero tiene el aliciente de ese componente social que también tiene ¿no cree?

-Tiene una función social. La gente tiene que tener sitios donde dormir y comer, donde relacionarse. Se suele establecer mucha complicidad con los clientes, aunque el hostelero debe saber siempre hasta donde tiene que llegar y, algo importante, ser discreto sobre conversaciones que puedas escuchar sobre negocios o cualquier otro tema. Me gusta que el cliente se sienta arropado y servirle lo mejor posible, pero siempre con mucho tacto.


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