Opinión

Soñar despiertos

Fermín Gassol Peco | Miércoles, 13 de Enero del 2021

Soñar despiertos. ¿Conocen ustedes a alguien que lo haga? Mejor que mejor pues habrán encontrado a una especie en extinción, que hoy resulta difícil, muy difícil conseguirlo ya que entre la cruda y tozuda realidad y nuestra al menos aparente falta de interés por pensar y creer en algo ilusionadamente novedoso, parecemos querer estar empecinados en hacerlo imposible, que no es lo mismo soñar que conseguir aquello que otros tienen.

Las personas pasan los días despiertas y somnolientas en una especie de limbo terrenal, incapaces de soñar con una realidad que les haga existencialmente mucho más felices. El ser humano actual se ha convertido en una sombra recurrente de sí mismo que lo inhabilita para soñar despierto y por ende…dormir soñando. 

Y es que andamos ahí empeñados en hacer de nuestros sueños la confirmación de lo que en realidad pretendemos: ser dueños de todos los momentos y situaciones; por eso no soportamos siquiera que dormidos, la realidad nos acabe sorprendiendo y escapando. 

Porque todos los sueños tienen de común no poder ser aprehendidos ni previstos; las historias de nuestros sueños versan siempre sobre hechos imposibles de preparar, controlar y dirigir, imprevisibles e ilocalizables en el tiempo y en los lugares…de ahí que resulten ser precisamente sueños. 

Nuestro subconsciente, quien sabe si también como consecuencia de nuestros deseos cautivos de la insorteable realidad, una vez liberados de ella, vaga a su capricho cual caballo desbocado, llevándonos por situaciones y escenarios tan distintos como contrarios; desde aquellos que resultan agradables y placenteros que desearíamos no acabaran nunca, hasta los que generan insoportables pesadillas que suponen otra liberación cuando despertamos…para seguir acaso en estado de somnolencia vital.

Decimos que soñar no cuesta nada y cierto es pues mientras soñamos evitamos dos cosas, realizar otros esfuerzos y gastar dinero; un tiempo empleado como parte de nuestra existencia, tiempo que por otra parte se antoja necesario para poder seguir viviendo…y así continuar soñando, aunque bien es verdad que de una manera muy distinta.

Soñar dormidos o despiertos, que cualquier sueño siempre nos da la posibilidad de escapar a lo desagradable de la existencia y penetrar en lo que resulta más gratificante…o al revés. 

Que como se contestara Segismundo en el archiconocido poema de Calderón de la Barca a su pregunta sobre que es la vida: “un frenesí, una sombra, una ilusión, una ficción y el mayor bien es pequeño, que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son”…

Que al fin, los sueños resultan ser vivencias virtuales sobre unos hechos reales de los que una vez despiertos podemos disfrutar…soñando con ilusiones, que al decir de John Lennon, vividas a solas nos parecen virtuales, pero compartidas se acaban convirtiendo en las experiencias más reales, hermosas y vitales.


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