Opinión

Nash

Ramón Castro Pérez | Martes, 5 de Diciembre del 2023
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¿Alguna vez se ha preguntado qué haría su oponente si supiera lo que va a hacer usted? Es más ¿qué haría usted si supiera la decisión que va a tomar su oponente?

No me dirá que sería fantástico tomar decisiones conociendo, de antemano, las del resto. Pues bien, cuando estas decisiones coinciden, nos encontramos en un equilibrio del cual nadie estará incentivado a moverse.

Imagine, por un momento, que está usted al mando de una plantilla de trabajadores cualificados y que comparte autoridad con otra persona, responsable de otro departamento. Por ejemplo, usted podría liderar la sección de producción, mientras que, al otro lado, encontraríamos a quien dirige logística. Los dos comparten plantilla, así que deben gestionar mucho talento. Y de esa gestión depende la rentabilidad de sus decisiones y, a la postre, su salario, estatus y prestigio en la empresa.

Ahora imaginen que ustedes pueden imprimir un ritmo de trabajo exigente a su plantilla o uno más calmado. Si los dos hacen lo primero, probablemente estresarán a la plantilla y esta acabará huyendo a otra empresa o desmoronándose, con la consiguiente pérdida de talento y de reputación para ustedes.

Por el contrario, si los dos son laxos a la hora de pedir resultados, estos no llegarán o serán insuficientes, por lo que ustedes estarán en el punto de mira de la dirección y acabarán perdiendo sus trabajos.

¿Qué otras opciones les quedan?

Se mueven en terreno pantanoso. Así las cosas, si uno de ustedes, adelantándose al otro, imprime un fuerte ritmo de trabajo a la plantilla, al otro gestor no le quedará más remedio que aplicar un ritmo más suave (y viceversa). En caso contrario, los dos destruirán sus puestos de trabajo. En conclusión: quien mueve ficha primero, gana. Si usted se ha despistado y llega tarde, tendrá que esperar al próximo turno y ser más rápido que su oponente.

¿Con qué nombre se conocen estas situaciones en Economía?

En Economía hablamos de teoría de juegos y, en concreto, el que acabamos de describir se denomina dilema halcón paloma. Aplicado a este ejemplo, el comportamiento halcón consiste en exigir un ritmo de trabajo fuerte y la estrategia paloma, en manifestar laxitud a la hora de ordenar tareas.

¿Dónde están los equilibrios?

Es sencillo. Los equilibrios son dos. O usted es halcón y el otro es paloma o viceversa. Si usted llega tarde y el otro directivo se ha adelantado, lo mejor que puede hacer es no estresar a la plantilla. Si el otro directivo, por su carácter, elige no estresar, usted estará más que tentado a exigir lo máximo de los trabajadores. Y ninguno de ustedes querrá moverse, pues las alternativas (halcón, halcón o paloma, paloma) tienen como consecuencia el despido. Este equilibrio se denomina «equilibrio de Nash» en honor al prestigioso matemático que consiguió, en el año 1994, el premio Nobel de Economía.

Si ya hay un halcón, elija ser paloma y esté preparado para el próximo turno. Si aún no existe (y va con su carácter) es hora de serlo y contemplar cómo el resto asume su papel de paloma. Aplíquese este juego a situaciones cotidianas como decidir el día en el que un grupo de alumnos realizará el examen más importante del trimestre (antes de que fijen otros), solicitar dinero para gastos, pedir aplazamiento a un proveedor, cambiar una cita y un largo etcétera que, sin duda, sabrán identificar. Incluso, si me apuran, entre la actualidad política.

Ramón Castro Pérez es profesor de Economía en el IES Fernando de Mena.

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