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Pilar Serrano: «Argamasilla de Alba siente a Cervantes y el Quijote como algo propio»

La Voz habla con la Hija Predilecta de “El Lugar” de El Quijote en la calle un acontecimiento cultural que ha tenido una gran resonancia nacional e internacional

francisco Navarro y Carlos Moreno | Sábado, 6 de Julio del 2024
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Año tras año Argamasilla de Alba se vuelca de manera incondicional con El Quijote en la calle. El montaje escénico, que se inició en el año 2000, forma parte del tesoro quijotesco y cervantino de “El lugar” y se ha convertido en este tiempo, y por derecho propio, en un referente cultural a nivel nacional e internacional.  Prácticamente todo el pueblo participa —desde niños de 3 años a los mayores de la localidad— el último fin de semana de mayo en la singular representación de las escenas de El Quijote que adapta Pilar Serrano de Menchén y escenifica Tiquitoc Teatro. Toda la localidad trabaja para la declaración de fiesta de interés turístico de esta celebración del teatro y la obra de Cervantes.

La Hija Predilecta de Argamasilla de Alba nos cuenta que El Quijote en la calle recoge la tradición de las representaciones que se hicieron hace más de cien años, en el tercer centenario de la obra cumbre de Cervantes. Siempre es un placer charlar con Pilar Serrano, empapa la conversación de su erudición única sobre la obra del Manco de Lepanto y el Caballero de la Triste Figura y de su sincero amor por Cervantes, el Quijote y Argamasilla de Alba. Nos descubre los entresijos de esta representación única y de por qué Argamasilla de Alba ha interiorizado El Quijote y lo siente como algo propio.

—¿Cuándo surge El Quijote en la calle? ¿Por qué nace la iniciativa?

—El Quijote en la calle nace en el año 2000 con la vista puesta en 2005, en el cuarto centenario de la novela. Surge de una propuesta del Ayuntamiento de Argamasilla de Alba para volver a hacer una representación como la que se hizo en 1905.


—¿Cómo fue aquello que se hizo hace 120 años?

—Entre los actos del tercer centenario del Quijote se llevó a cabo lo que llamaron “Procesión cívica”. Aquella procesión recorrió el pueblo, haciendo teatrillos en cada esquina en los que representaban estampas de la novela de Cervantes. El recorrido acabó en la plaza y soltaron palomas y globos; participó todo el pueblo.

—La Procesión cívica tuvo mucha repercusión en la prensa, ¿no?

—Desafortunadamente se quemó la parte de arriba de la Casa de Medrano. A pesar de aquella desgracia se organizaron muchos actos para el tercer centenario de los que toda la prensa se hizo eco. Lo de los teatrillos me ha llamada siempre la atención, lo hicieron en una época en la que no había micrófonos. No sabemos si ensayaron o no, pero ellos hablaban del Quijote y de Sancho por todas las esquinas de Argamasilla.

—¿Cómo se fragua El Quijote en la calle?

—Con esa premisa estuvimos dándole muchas vueltas a lo que podríamos hacer. El sitio también era muy importante y decidimos hacerlo en la plaza. A mí particularmente es el lugar que más me gustaba, primero por el nombre, Plaza de Alonso Quijano. Es donde está la rebotica de los Académicos de la Argamasilla y ahí se sitúa la casa que había sido de los Pacheco. Definitivamente, cuando veo todo lo que hizo en 1905, los nombres de las personas que lo llevaron a cabo —publicado en los periódicos y revistas de entonces, como el ABC o Blanco y Negro—, con ese aire de romanticismo, tuve claro que íbamos a hacer algo parecido a eso.


—Está claro que el pueblo de Argamasilla de Alba siente el Quijote como algo propio, lo ha interiorizado…

—Misericordia, una de las mujeres que participa en El Quijote en la calle, tiene guardado el traje con el que su bisabuela participó en las Procesiones cívicas. Un jubón y una falda, de lana muy áspera, como el género de los refajos de los trajes folklóricos. Este año un nieto de Misericordia ha participado en la representación, son ya cinco generaciones de la misma familia viviendo El Quijote. Es un gran orgullo que los vecinos y vecinas de este pueblo se vuelquen y participen. Aunque yo creo que se exageró un poco, los periódicos contaron que en los actos de 1905 participaron tres mil personas

—Y le encargan a usted a su grupo de teatro El Quijote en la calle, ¿no es así?

—Nuestro grupo, que somos muchos, se llama Tiquitoc Teatro, que era uno de los académicos de la Argamasilla nombrados por Cervantes. Yo creo que el cura o el sacristán. Con mucha ilusión comenzamos a montar El Quijote en la calle, entonces, en el año 2000 éramos cien personas… Pero en 2005 no teníamos plaza para meter a tanta gente como participaba. Nos inventamos un baile para que pudiesen salir todos, en bloques de cinco o seis personas. Ensayábamos y lo seguimos haciendo en una nave.

—Tengo entendido que son prácticamente autosuficientes

—El Ayuntamiento solo paga las micros y la publicidad, todo lo demás, nosotros. Los participantes se hacen sus trajes, tenemos señoras que nos confeccionan dependiendo del pasaje que vayamos a representar. Este año ha sido a aventura de Don Quijote en la venta, cuando lo apalean. Pues había que ir de venteros y venteras, con todos los detalles. Como digo, lo vive la gente. Lo vive. Lo que más cuesta es ir a ensayar dos o tres veces por semana, aprenderse el texto.

—La escena de Clavileño fue muy espectacular…

—Fue maravillosa. La hemos repetido. Para la ocasión nos ayudaron los artificieros de la Guardia Civil y participaron los bomberos. El actor que hace de Don Quijote tuvo que practicar para poder usar la tirolina. De esa manera. Bajando de un árbol que hay en la plaza con una tirolina, representamos el descenso de Don Quijote a la cueva. Fueron los bomberos los que montaron el descenso y animaron al actor.