Para las personas que tenemos la vida bastante más que mediada, la frase
de "año nuevo vida nueva" tiene el riesgo de convertirse con mucha
facilidad en un deseo meramente formal, cuando no carente de esperanza.
Y es que metidos ya en las canas del tiempo nos resulta difícil mantener
unos arrestos vitales que sean suficientes para poder acceder a una
vida distinta de la que estamos acostumbrados a llevar La edad nos va
convirtiendo de manera paulatina en unos seres
domesticados, resignados y conformistas con esa caprichosa lotería con
que la vida nos ha obsequiado. Por pudor, pereza, miedo al cambio, falta
de ideas y las dificultades que encontramos, esa ilusión y sobre todo
el convencimiento de que un cambio es posible,
se va desvaneciendo con el paso de los años. Sin embargo, a la
hipotética pregunta que nos hiciéramos: ¿en qué consiste llevar una
nueva vida?, la respuesta que daríamos creo que sería casi unánime: ser
algo más auténticos.
Estrenamos año, una etapa más en esos convencionales periodos de tiempo
en que tenemos dividida nuestra particular existencia. Un regalo éste el
de la vida al que consideramos fácilmente como un derecho y al que
cuesta demasiado renunciar. El ser humano es
el ser vivo más inteligente de la creación y quizá por eso sea el más
paradójico; le cuesta mucho renunciar a vivir y a seguir viviendo.
Pero es la edad, por otra parte, aquella que nos va empujando aún sin
quererlo a la modificación en nuestros valores y costumbres…incluidas
nuestras formas de ser y enfocar la vida. Deseos que asumimos de una
manera refleja e involuntaria, propias o consecuencia
de los momentos tristes y felices, someros y profundos…algunos
trascendentes, experiencias en suma de los "kilómetros" vividos que
pueden servirnos de reflexión sobre lo que somos y tenemos. Una
inmersión en el mar sobre el que seguimos navegando con mayores
o menores fuerzas y destreza.
Sin embargo, otros deseos si pueden ser resultado de una opción
personal…que la veteranía es un grado y el momento para hacerlo: Vivir
sin reprimir tanto los sentimientos, libres de prejuicios y
sometimientos sociales. Tener la suficiente libertad para sobrevolar
todas aquellas ataduras que sin darnos cuenta y día a día, nos han
provocado ser menos fieles a nuestra verdadera identidad. A ser en
definitiva más auténticos, más lo que en el fondo siempre fuimos, aun
sin quererlo...ni saberlo.