Tomelloso

El arte frente al horror en “Música para Hitler”, una noche de gran teatro en Tomelloso

Inspirado en hechos reales, el montaje de altura conquistó al público de Marcelo Grande con un reparto excepcional

Francisco Navarro | Domingo, 4 de Enero del 2026
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“La sangre de los inocentes se derrama. Las lágrimas inocentes de la justicia son más importantes para mí que mi música y todos los recitales de violonchelo”. Con esas frases, Pau Casals justificaba su silencio durante los diez años que estuvo en Prades, en el sur de Francia. El autor del “Himno a la paz” dedicó todos sus esfuerzos durante esa década ominosa a ayudar a sus compatriotas, hacinados en campos de detención.

En 1943, un oficial nazi quiere acabar con el silencio del genio de la música, invitándole a tocar ante el führer. “Cualquier cosa es más importante que la música cuando se habla del sufrimiento humano”, dice Casals a través de Carlos Hipólito en uno de los pasajes de “Música para Hitler”, la extraordinaria función de la que pudimos disfrutar este sábado en el Teatro Marcelo Grande de Tomelloso.

Ambiente de gala

Ambiente de gala, el teatro casi se llenó en este sábado navideño. El público se lo pasó bien con el montaje que, inspirado en hechos reales, ficcionan Yolanda García Serrano y Juan Carlos Rubio. Una obra bien escrita, con altura teatral y momentos de gran hondura dramática, junto a situaciones de comedia que nos arrancan una sonrisa —necesaria, humana, emotiva— en medio de la negrura del momento.

Y, además, con un reparto de absoluto lujo: Carlos Hipólito, enorme en el papel del genio catalán; Kiti Mánver, que da vida de manera impecable, con socarronería y humanidad, a Francesca Vidal, “Titi”, la compañera del músico; Daniel Muriel, que humaniza y aleja del maniqueísmo a Johan, el oficial nazi que admira a Casals; y Marta Velilla, que da vida a la sobrina del músico.

Hubo otros dos protagonistas en “Música para Hitler”. Johann Sebastian Bach, siempre presente, con la Suite número 1 para violonchelo solo, con la que comienza y acaba la función. Y también las insistentes e irremediables toses que acompañaron los ochenta minutos de la obra.

Un elenco de altura

Destaca la pareja formada por Hipólito y Mánver. El primero, como nos tiene acostumbrados, derrocha naturalidad —por momentos parece que Ville Colette sea el salón de su casa—, un gran dramatismo y mucha frescura, haciéndonos llegar toda la complejidad del personaje que interpreta.

Mánver da vida (¡y cómo!) a Francesca, antigua alumna y pareja sentimental del violonchelista —con la que se casaría in articulo mortis—: humana, brillante, con energía, con comicidad cuando hace falta. Juntos derrochan complicidad, ternura y química, en una verdadera clase de interpretación.

También es para nota el duelo entre el músico y el oficial nazi al que da vida Daniel Muriel. A él le tocan, además, dos de las escenas más intensas de “Música para Hitler”: al comienzo, cuando se reviste con los ropajes nazis —mientras suena Bach—, y durante la lección que recibe del maestro Casals, con un imprevisto giro de guion.

Completa el elenco Marta Velilla, que interpreta a la sobrina de Pau Casals, que vive con ellos en Ville Colette. Leticia Gañán y Curt Allen nos presentan la villa francesa por medio de un curioso y eficaz escenario circular, que se cierra y se abre empujado por los propios actores.

Teatro como lección de humanismo

Además de teatro, “Música para Hitler” es una lección de humanismo en una de las épocas más negras de la historia de la humanidad. Destaca la defensa de la libertad de Pau Casals y de la música —a pesar del silencio del catalán— como esperanza, como contradicción (la belleza asumida por el horror).

Decía cada día Ramón Trecet en la despedida de su legendario Diálogos 3: “Buscad la belleza. Es la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo”. Y el periodista recordó ese recurrente adiós.

Durante la función, fuimos apuntando algunas frases de la obra, que nos pueden servir como aforismos. El arte no tiene fronteras”, “la música debería ser fuente de comunicación”, “no hay cura para este perro rabioso que quiere morder el mundo”, “tu obligación es seguir luchando”, “la música no es disciplinada, es libre” y “si la música es tu lucha, no dejes de tocar”.

Ovación final

El público del Marcelo Grande dedicó una merecida ovación de gala a los intérpretes de “Música para Hitler”. Nos ofrecieron una gran noche de teatro en un día con acontecimientos ciertamente complicados.

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