Tomelloso

María Teresa Lozano: «El Museo López Torres es un lugar casi místico donde se puede escuchar el latido del artista»

La encargada del museo desde 2008 repasa su vínculo vital con la obra del pintor, su labor divulgadora y la transformación de un espacio que hoy se vive con emoción, calma y cercanía

María Remedios Juanes | Sábado, 10 de Enero del 2026
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Con las palabras que sirven de titular comienza la entrevista a María Teresa Lozano, que lleva a cargo del Museo Antonio López Torres desde 2008. Una frase poética que no solo describe un espacio, sino una forma de habitarlo. Tras obtener su plaza en el Ayuntamiento y ser destinada al Museo, su trayectoria profesional quedó impregnada por la figura y la obra del maestro. Su formación constante y la divulgación apasionada han sido los pilares de su trabajo que ha convertido al Museo en un lugar vivo, abierto al pueblo de Tomelloso y a los visitantes que llegan desde distintos puntos geográficos de España.

El museo se inauguró solo un año antes del fallecimiento de Antonio López Torres. ¿Qué cree que significó para él ver su obra reunida y expuesta en su ciudad natal?

Se inauguró en el año 1986 que precisamente cumple su 40 aniversario este año. Para Antonio sería una gran satisfacción. El recuerdo que tengo de él es verle con la barba, cuando viene aquí, a Tomelloso, ya jubilado. Y este fue uno de los principales motivos que me impulsó a indagar e investigar sobre este pintor, una vez que entré al museo.

Después de tantos años, ¿cómo ha cambiado el museo y cómo ha cambiado también la mirada de los visitantes?

Al principio percibí muchas carencias. Hace más de diez años había una gran desinformación. Y dentro de mi humilde puesto empecé a estudiar todo lo relativo a él y su sobrino, Antonio López García. Incluso sobre la arquitectura para que la gente le diera más énfasis.  Hoy en día ya tenemos una web del museo, se graban videos y se difunden por las redes sociales.

Intenté que fuera un lugar más cálido, con paz, armonía, puse música clásica de fondo para que la gente se sintiera a gusto. Que pudieran repasar la obra tranquilamente, hablar. Y es curioso cómo la gente se emociona. Me han dicho que se les ha puesto la piel de gallina al escucharme, una vez que interactúas con los visitantes.


¿Qué siente al pensar que ha sido usted quien ha explicado estas pinturas a varias generaciones de visitantes?

Lo siento como un deber cumplido. Con mucho cariño hacia el museo y Antonio López Torres. Percibo este trabajo como un regalo. Curiosamente hice el examen el día 15 de noviembre que fue el mismo día del fallecimiento de López Torres. Y por un cúmulo de circunstancias me mandaron allí.

¿Hay alguna obra de Antonio López Torres que, con el paso del tiempo, le haya hablado de una manera más especial?

El cuadro de la cueva, por ser un autodidacta y ser una de las que dio lugar a que hiciera los clásicos. En el año 1924, viene Ángel Andrade, profesor de dibujo de la escuela de Ciudad Real, como comisario invitado por el padre de García Pavón para que haga una selección de la obra que se iba a presentar.  Y como López Torres era una persona tímida, le enseña a Ángel Andrade la Cueva, la abuela Alejandra y todas sus obras autodidactas.

Antonio era el mayor de siete hijos y necesitaban trabajar las tierras. Era muy difícil vivir de la pintura. Entonces Ángel Andrade hace dos cosas, la primera le anima a exponer esas obras en la exposición, y la segunda es hablar con su padre y lo convence para que se dedique a la pintura.

Con 23 años se va a la escuela de Ciudad Real y en 1926 se fue a la escuela de San Fernando y pasó los exámenes en la primera convocatoria. Eran unos exámenes muy rigurosos y se valoraba mucho el dibujo y Antonio López Torres eran un excelente dibujante.

Tuvo de profesores a Julio Romero de Torres, el malagueño José Moreno Carbonero, Manuel Benedito que fue alumno de Sorolla. Cuando tenía 22 años descubrió a Sorolla y a Pla. Hay una historia muy bonita. Empieza a hacer la carrera en Madrid.

¿Qué preguntas se repiten más entre quienes visitan el museo por primera vez?

Los visitantes preguntan siempre que si tenemos algo de su sobrino, Antonio López García, cómo es que no ha donado algo a Tomelloso, si viene aquí al pueblo. Y sobre las esculturas que hay fuera del museo ya que fue su mentor, Antonio López Torres.

¿Está toda la obra del maestro López Torres en el museo?

No, hay bastante obra en colección privada. En el Museo Reina Sofía de Madrid, hay varias obras. El autorretrato de 1921 estuvo expuesto. Ahora está todo en los fondos. En el Museo de la Merced de Ciudad Real y en la Diputación. Además de familiares, amigos y en lugares por los que fue pasando. También la hay en el Museo del Realismo Español Contemporáneo (MUREC) Almería.

¿Cree que el museo es solo un espacio expositivo o también un lugar de educación y encuentro cultural?

Por supuesto, es un espacio expositivo en el cual se respira la sensibilidad del pintor, un espacio donde la gente sale llena y emocionada y descubre a un pintor que no conocía. La gente agradece que le cuentes toda esta información. Ahora está todo al alcance, con las audioguías en el museo y los QR en francés, inglés y español. Llevamos así 3 años.

¿Hay alguna anécdota o detalle sobre el pintor que le guste especialmente contar a los visitantes?

Hay gente que me ha mandado fotos de su comedor con la lámina de Antonio López Torres colgada en su casa. Begoña, se quedó prendada de Antonio López Torres y me envió una foto desde Vizcaya. Es una anécdota preciosa.

Algunos niños que vienen a visitar el museo con los colegios, te ponen en aprietos con preguntas. Y una vez me preguntaron que si le gustaban tanto los pájaros porque no tenía ninguno en sus cuadros. Y yo le expliqué que le gustaba escuchar sus cantos en libertad. Los pájaros eran su inspiración aunque no los pintaba. López Torres quería reflejar la luz de la Mancha, la bruma, la llanura, la atmósfera y el calor.


El museo alberga también un auditorio-teatro. ¿Qué ha supuesto este espacio para la vida cultural del edificio?

El auditorio tiene 3 años menos que el Museo. La idea de crearlo surge porque había espacio y antes fue el Teatro Echegaray, y ya no quedaba ningún teatro. El auditorio se sigue utilizando mucho y necesita actualizarse. El trabajo de encofrado de hormigón en el techo es tremendo y lo hizo el arquitecto Fernando Higueras y estuvo a cargo de la obra José Benito Román que hizo la Escuela de Artes de Antonio López.

Últimamente el Museo ha cobrado mucha mayor fuerza. Actualmente las visitas han incrementado ya que la gente viene a buscar a Antonio López Torres como primer mentor y maestro de Antonio López. Es indiscutible que su sobrino lo ha puesto en el mapa.

¿Qué tipo de actos o eventos recuerda con más emoción o especial cariño?

Desde los premios que entregaba Pasos, que trajo a cantantes muy relevantes como Sergio y Estívaliz hasta conciertos preciosos y recientemente el Certamen Internacional de canto  AMAO que es una maravilla.

Desde su posición, ¿cómo ve la evolución cultural de Tomelloso respecto al museo a lo largo de los años?

López Torres transmite mucho. Ha habido gente que le ha gustado más el tío que el sobrino. La gente viene condicionada por las obras grandes, pero si te metes en la esencia, en la obra de verdad, profundizas en esa determinada sensibilidad.

Después casi 18 años ligada a este museo, ¿qué cree que ha sido lo más valioso de su trabajo?

Para mí el museo ha sido un verdadero regalo y mi entrega porque si bien muchas veces no puedes hacer lo que quieres, al menos tratas de querer lo que haces. Y a mí, me ha costado poco trabajo querer lo que hacía.

¿Qué mensaje le daría a los jóvenes que se acercan hoy al arte?

El alma es la que nos hace vivir mejor y estar en conexión con nosotros mismos y eso se puede encontrar solo si intentamos conectar con los valores humanos. En este caso poesía y arte. Y nos llenaría muchos vacíos que por desgracia, hoy en día, se están viendo.

Cuarenta años después de la apertura del Museo López Torres, no solo alberga la memoria de un pintor sino la huella de aquellos que han contribuido a que la gente se emocione y comprenda mejor su arte. Y en esta tarea discreta y esencial, indudablemente, María Teresa ha sido una pieza clave, quizá por su sensibilidad y el amor que procesa hacia el arte de la pintura.


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