Los estragos que la climatología provocó en algunos campos de la provincia hizo que muchos equipos cambiaran el césped natural por el artificial el pasado fin de semana. Hubo que abandonar los campos principales para jugar en los anexos y…. no le fue bien a la mayoría de equipos de la provincia de categoría nacional: el Manchego cayó ante el Tarancón, aún peor fue para La Solana, goleado por el Marchamalo por un contundente 2-5 que desembocaría en el cese del entrenador. Villarrubia también perdió en césped artificial en su duelo ante el Villarrobledo, que también tuvo que hacer traslado urgente a los campos de San Antón por el mal estado de la Virgen de la Caridad. Y nada pudo sacar el Calvo Sotelo en Villacañas donde también se encontró campo de césped artificial.
Únicamente le fue bien al Socuéllamos, acostumbrado desde hace muchos años al césped sintético del Paquito Jiménez. El Yugo consiguió una justa y meritoria victoria ante el Real Madrid C y emite señales de clara recuperación.
El gran Luis Aragonés decía que le ponía el olor a hierba, en una encendida y castiza defensa de esta superficie. Lo hacen también buena parte de técnicos ortodoxos que ven en la hierba natural un terreno mejor para la práctica del fútbol. El bote del balón no es tan vivo, se pueden amortiguar y precisar mejor los pases y es menos dificultosa una acción técnica de gran trascendencia en el fútbol, la del control. Otros argumentan que en el natural hay menos riesgo de lesiones.
Pero contratacan los del otro lado diciendo que la mayor inversión inicial del sintético se compensa con el menor mantenimiento posterior y no depender de los vaivenes del tiempo, aparte que la mayoría están fabricados con materiales reciclados, lo que supone un valor importante en la sociedad de hoy.
Cierto es también que los Ayuntamientos apostaron por el césped artificial por la mayor rentabilidad social que se obtiene, puesto que se pueden jugar muchos más partidos y exige un mantenimiento menos costoso. Rara es la población que no disponga ya de uno o varios campos de césped artificial tras años de mucho esfuerzo inversor por parte de las administraciones públicas.
Tomelloso cambió años atrás el terreno del Paco Gálvez, e instaló este tipo de césped en los tres campos de la Ciudad Deportiva. Del mismo modo, localidades de mucha tradición futbolera como Alcázar, Valdepeñas o Manzanares se inclinaron por la nueva superficie. En esta superficie fue pionera campo de Criptana con aquel primer césped artificial en el Agustín de la Fuente que era parecido a la lija. Pueden dar fe los muchos futbolistas que jugaron allí. Y en el otro lado, hay un campo de césped natural que siempre ha llamado la atención por su cuidado exquisito, el de Ossa de Montiel.
Han aparecido también modelos híbridos que mezclan las dos superficies, pero los puristas siguen echando de menos el campo de césped natural.
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