No se fía mi compañero Ciri del sol que reluce esta tarde; aparece, evidentemente, abrigado y con paraguas a modo de bastón, por si acaso… No disimula la satisfacción de entrar en el local cafetero. Saludos a diestro y siniestro hasta llegar a la mesa que ocupo. No le falta la sonrisa, es como su saludo primero.
Constatamos que el fin de semana del carnaval apenas hemos salido de casa, el viento y la lluvia intermitente desaconsejaban los intentos. Muy a nuestro pesar nos hemos perdido los excelentes desfiles de máscaras callejeras, comparsas y asociaciones. Hemos sido resarcidos con los excelentes artículos y reportajes de La Voz de Tomelloso.
Coincidimos el miércoles pasado en la iglesia para la celebración del comienzo de la Cuaresma con la imposición de la ceniza, no hablamos, solo un saludo silencioso, con eso bastaba. Lleva muy en serio el compañero lo que le ensenaron de pequeño: “En la iglesia no se habla”, pienso que lo hace más por respeto a los demás que a la norma.
Concluida la primera degustación del café y pellizco de magdalena Ciri comenta con inquietud que le dé mi opinión:
—Lo del ayuno y la abstinencia de carne, dada mi edad, no me lo tomo en serio, he de decir para no engañar, pero, en el mismo nivel de sinceridad, te añado que la norma de perdonar y olvidar las ofensas sí que pongo empeño y hasta ahora he fracasado toda mi vida.
—Te informo, amigo del alma, de que este establecimiento es una cafetería no un confesonario, para debatir tal tema. Los vecinos de las mesas ya nos conocen, muchos de ellos afilan los oídos porque aprecian nuestros comentarios y estarán pendientes. Observa y verás.
Absolutamente cierta mi aseveración, los tres amigos de la mesa de al lado se mantienen atentos. Como los hemos mirado, se han dado cuenta, lejos de disimular, el mayor de ellos ha pedido el favor de unirse a la conversación.
Conclusión hemos juntado las dos mesas, mediante petición de permiso al camarero.
No se necesitan presentaciones nos conocemos de los viernes y de vernos por la ciudad. Agradecimiento por su parte a nuestra aceptación. Breves ajustes de comentarios y la evidencia de acuerdo total con la afirmación de Ciri.
Son dos mujeres y un hombre de edad cercana, insisten en la misma desazón, son buenos cristianos, dicen, el planteamiento es parecido y común a muchas otras personas, comentan. Intento aclarar las cosas:
—El que se haya unido la obligación de perdonar y olvidar la ofensa no tiene relación ninguna. No olvidar el refrán: “No confundir el culo con las témporas”, entendiendo por témporas los dos huesos de la sienes no el tiempo litúrgico sinónimo.
—Durante la catequesis siendo pequeños ya nos insistían en que si perdonábamos pero no olvidábamos no conseguíamos ser mejores personas; una y otra vez volvíamos a la casilla de salida —interviene la señora mayor.
—Doy fe de ello —asevera el señor subrayando el comentario de su esposa.
Ciri mira alternativamente a cada contertulio afirmando con la cabeza su coincidencia en lo que se expone.
—Vamos por pasos. Primero el asunto del olvido. Es evidente que depende de la memoria, la cual es una cualidad de muchos seres vivos, con ella ejercitamos tres pasos: Aprendemos o “inscribimos” en nuestro cerebro miles de ideas, acontecimientos, conocimientos estudiados, etc. El segundo paso es que conservamos o mantenemos eso aprendido durante mucho tiempo o toda la vida. El tercer paso es que podemos recordar aquello que aprendimos y conservamos.
—O no entiendo nada —exclama Ciri desangelado— o esto no tiene que ver con ser buen o mal cristiano. Es propio de ser persona, puesto que, como afirmas, es una cualidad del cerebro humano compartida con otros muchos seres vivientes.
—Soy de la misma opinión que Ciri —aporta la señora más joven— de total acuerdo con el concepto de memoria pero no veo relación en absoluto con la conciencia ni religión.
—Habéis entendido perfectamente lo que he dicho y vuestra conclusión es totalmente acertada. La otra parte de la disyuntiva era el perdón. Esta sí tiene relación directa con la religión y con la cuaresma, tiempo que estamos viviendo. El motivo principal es el amor que debemos tener a los demás, según el Mandamiento de Jesús, por lo tanto, no solo no castigamos a quien nos ha ofendido, sino que no le tenemos en cuenta el agravio, lo cual debería ser precedido de un diálogo y una corrección.
—Totalmente comprendido, me parece —interviene el señor mayor—. Es evidente que en las opciones de mi actitud está la de perdonar, puedo hacerlo o no, mientras que sobre el olvido no tengo potestad ninguna, escapa a mi voluntad. Como caso negativo refiero que con la edad vamos teniendo menos dominio sobre la memoria y lo retenido en ella; en este caso el olvido no es precisamente acto de virtud sino de vejez.
Observo las caras de los compañeros cafeteros ensimismados, como rumiando lo que hemos aportado entre los cinco, satisfechos por el planteamiento, la comprensión de la explicación y la tranquilidad de saber que somos buena gente y deseamos mejorar.
La señora mayor levanta la mano pidiendo la palabra:
—En costumbre entre usted dos —se dirige a Ciri y a mí— terminar la reunión edulcorándola con unas mistelas. ¿Me permiten invitarlos?
Ciri manda silencio con las dos manos en alto y con una sonrisa franca, de las suyas, responde:
—¡Se aprueba por unanimidad la proposición de nuestra amiga!
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Sábado, 21 de Febrero del 2026
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