Tomelloso

José María Madrigal emociona con “Mi Cristo Roto” en la parroquia de los Ángeles de Tomelloso

La obra de Ramón Cué reúne a unas 400 personas en un acto solidario para Manos Unidas

La Voz | Lunes, 2 de Marzo del 2026
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La parroquia Nuestra Señora de los Ángeles de Tomelloso acogió el pasado 28 de febrero la representación de la obra “Mi Cristo Roto”, a beneficio de Manos Unidas, congregando a cerca de cuatrocientas personas. El monólogo, escrito por el sacerdote jesuita Ramón Cué e interpretado por José María Madrigal, contó con la presentación del delegado arciprestal de la ONGD, Luis Yáñez, y acompañamiento musical en directo.

Yáñez fue el encargado de introducir la figura del autor, nacido el 14 de abril en Puebla de Zaragoza (México) y fallecido en Salamanca el 9 de junio de 2001 a los 87 años. Destacó su trayectoria como sacerdote, escritor, poeta y profesor, así como su pasión por el arte religioso, cuya colección donó al museo Regina Coeli de Cantabria. Subrayó además que “Mi Cristo Roto” es una de sus obras más difundidas, con numerosas ediciones y adaptaciones al teatro y la televisión.

El montaje contó con la interpretación musical de Antonio Plata, Irene López y el joven Víctor Solís Salinas, que acompañaron las distintas partes de la representación.

Un Cristo mutilado que interpela al espectador

La obra se estructura en cuatro partes: Compra venta de Cristos, Dios tiene mano izquierda, Se ha perdido una cruz y ¿Quién te partió la cara?. A través de ellas, el texto plantea un diálogo interior ante la imagen de un Cristo mutilado adquirido en una tienda de antigüedades.

En la primera parte, el protagonista relata la adquisición de un Cristo sin cruz, sin brazo, sin media pierna y sin rostro, procedente —según el anticuario— de una profanación en tiempos de guerra. El regateo por la talla da paso a una reflexión sobre la “compraventa” de Cristo en la vida cotidiana. Ya en la intimidad, el sacerdote interpela a la imagen, que le responde con una orden tajante: “¡No me restaures!” . El Cristo roto pide permanecer así como recordatorio permanente de los “hermanos rotos” del mundo.

La segunda parte, Dios tiene mano izquierda, profundiza en el simbolismo de las dos manos de Dios: la derecha, clara y luminosa; la izquierda, discreta y dolorosa, que actúa a través de pruebas y sufrimiento. El texto reflexiona sobre la libertad humana y el sentido del dolor, invitando a aceptar también esa “mano izquierda” como expresión del amor divino

En Se ha perdido una cruz, el relato apela directamente al público: todos cargan con una cruz, pero —se afirma— solo puede sostenerse cuando lleva a Cristo entre sus brazos. La propuesta es intercambiar la cruz vacía por el Cristo sin cruz, hasta encontrar en esa unión un nuevo sentido.

La última parte, ¿Quién te partió la cara?, presenta uno de los pasajes más intensos del monólogo. El Cristo pide que sobre su rostro se coloquen las caras del blasfemo, del ladrón, del asesino o del enemigo, recordando que asumió sobre sí los pecados de toda la humanidad. La obra concluye con una invitación explícita al perdón y al amor: “Amaos los unos a los otros”.

Una iniciativa solidaria contra el hambre

Al término de la representación, Luis Yáñez agradeció la implicación de José María y Carmen por impulsar la iniciativa solidaria, así como la colaboración constante de los músicos y la acogida de la parroquia. También dio las gracias al público asistente por su respaldo.

La recaudación se destinará a los proyectos que Manos Unidas desarrolla en ámbitos como alimentación, educación, sanidad e infraestructuras, fundamentales —según recordó— para el crecimiento integral de las personas. La campaña actual lleva por lema “Declara la guerra al hambre”, un mensaje que vincula directamente la lucha contra el hambre con la construcción de la paz.

Durante su intervención, el delegado arciprestal aludió también al cartel de la campaña, en el que una niña sostiene una cuchara, símbolo de los menores que sufren hambre y violencia. “Quizá no podamos parar las guerras, pero sí podemos luchar contra el hambre”, señaló, recordando que combatir el hambre es alimentar la paz.

La velada concluyó entre aplausos, en un templo que registró una notable afluencia de público en apoyo a una causa solidaria que unió cultura, fe y compromiso social.

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