Hay tres situaciones
humanas en la vida y en el mundo que me dan pánico: Enfermedad, guerra y teocracia.
Las dos
primeras me parecen evidentes para cualquier ser vivo, nuestros instintos
naturales se revelan intentado proteger la vida. No es necesario que me detenga
en explicaciones.
Sólo las
mentalidades asesinas promueven guerras, alegando justicia, liberación u otros
inventos del líder político entronizado en un altar, con su correspondiente capitel: “Haber sido elegido por el pueblo”.
Protagonista
hoy es el “machote del barrio” imponiendo su modo de entender la
relación internacional con los colegas subyugados. En estos días “el machote”
es, evidentemente, Trump y “el barrio” cualquier punto geográfico que se le
origine, por más lejos que esté de su “estercolero”, porque ese cuerpo
humano no razona, solo excreta
decisiones en estado de intoxicación etílica.
La tercera es
la Teocracia. Comenzando por el significado del nombre tenemos que viene de dos
términos griegos θεός, que significa "Zeus o Dios", y κράτος, que (según
el Diccionario “Griego Español” José M.
Pabon S. de Urbina 1982 Editorial Biblograf, S. A. Barcelona) significa fuerza, poder, dominio,
trono, soberanía, autoridad, imperio, gobierno.
La Real
Academia de la Lengua la define textualmente:
“1.- Gobierno que se
consideraba ejercido directamente por Dios, como el de los hebreos antes de que
tuviesen reyes.
2.- Forma de gobierno en que
la autoridad política se considera emanada de Dios, y es ejercida directa o
indirectamente por un poder religioso, como una casta sacerdotal o monarca.
3.- País cuya forma de gobierno es una teocracia.”
Con estos
datos y con la experiencia histórica y genética desde que el póngido pasó,
evolucionando, de simio a humano, nunca
hemos experimentado, visto ni observado que ningún dios haya ocupado el trono
político de una nación. Tampoco contienen datos al respecto los libros de
historia universal e incluso propios de las religiones de ámbito, así mismo,
mundial.
Lo que sí
conocemos y atestiguan los textos históricos es que, a lo largo de la historia
humana hasta hoy mismo, hay personas, en su inmensa mayoría hombres, mujeres en
muy contadas ocasiones, que se han sentido ungidos o enviados por un dios para
gobernar sus tribus, clanes, pueblos, e
incluso naciones.
El ser humano
por propia constitución personal necesita una referencia fuera de sí, para
poder explicar fenómenos atmosféricos tormentas, mares, ríos, montes, o para
dar un sentido a su vida o un origen al universo estrellado, que observa embobado las noches estrelladas.
Ese humano necesita crear una figura referencial de comportamiento, así lo
respaldan la antropología y la sociología, a la que se ha dado llamar Zeus en
las culturas griegas y romanas y dios como nombre genérico.
Es aquí donde
surgen los “intermediarios”: Magos, hechiceros, curanderos, brujos, chamanes, gurús…
Cuando se trata de una religión aparecerán: brahmanes, lamas, sacerdotes, pastores, obispos, y otras
mil entidades similares.
Son los
erigidos por sí mismos o por consenso de otros; van a disfrutar o sufrir la
intermediación del dios con sus gentes creyentes. Harán llegar a los fieles los
deseos, mandatos o consejos que reciban en los momentos de trance, es decir,
cuando se den los encuentros mistéricos con la divinidad. Se trata en lenguaje
latino, nuestro antecesor en el idioma, quien les pondrá el nombre de
“Pontifex” que significa “el que hace de puente”, españolizada diríamos
pontífice.
Numerosas ocasiones
habrá en las que será el mismo pontífice el que transmita sus poderes a otro hombre
que servirá de relevo del anciano, próximo al fin vital.
Si el
intermediario entre ese dios y el pueblo es sensato inteligente y con más
virtudes que pelos en la cabeza, su gobierno será acertado y sus habitantes
progresarán viviendo felices. Dictará leyes para el comportamiento social,
higiene (lavar las manos, platos y ollas antes de comer). Es muy conocida la
ley acatada y ordenada en el Corán de abstenerse de comer carne de cerdo; la
razón primera fue porque puede producir la muerte o enfermedad un guarro con
triquinosis.
Como ejemplo de lo dicho se puede consultar el
Pentateuco (grupo que contiene los libros del Génesis, Éxodo, Levítico, Números
y Deuteronomio) en cualquier Biblia y en todos los idiomas hablados en la
actualidad.
Quien más
quien menos hemos oído decir en un inter diálogo entre el intermediario y el
fiel creyente frases como: “Tu dios lo ha querido así. Es voluntad de dios. Eso
entra en los planes de dios para ti. ¿Por qué habrá permitido dios esto? ¿Qué
habrás hecho para merecer este castigo?”
La gobernanza
pues, de una nación ejercida por alguna autoridad sagrada, queriendo imponer
sistemas y organizaciones religiosas al pueblo regido es pues lo que se llama
teocracia, o sea gobierno de dios, pero no es así en verdad, puesto que el
gobierno quien lo maneja, manipula, explota y dicta es la más alta autoridad
religiosa como es el caso de Irán y algunos otros países.
¿Es posible
que nuestra mente encuentre de improviso semejanzas con el cristianismo o con
otra religión?
La respuesta
es: Sí.
En el
Islamismo acabamos de recordarlo.
En el Judaísmo.
Es patente que el Antiguo Testamento está plagado de ejemplos de lo dicho. Se pude
observar esa teocracia desde el patriarca Abraham hasta que es elegido Saúl como
rey de Isael por petición del pueblo,
algo de más de mil años antes de Cristo.
En el cristianismo
un ejemplo raro de posible teocracia sería el caso de la Iglesia Anglicana en
la que El rey Carlos III, figura política, es la máxima autoridad y así es
recibido y situado en lugares de honor durante las celebraciones litúrgicas.
Un caso curioso y a la vez interesante para el estudio sería el gobierno de las Iglesias Ortodoxa y Católica, no así la Protestante. En las que el gobierno es totalmente piramidal y cerrado dentro de los cargos eclesiásticos. Es Androcracia (ejercido exclusivamente por hombres) y Gerontocracia, ya que los hombres de gobierno diocesano o mundial siempre son longevos o prácticamente ancianos.
NB.: He utilizado la palabra dios
siempre en minúscula por tomarlo como
nombre común y no propio.
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Viernes, 6 de Marzo del 2026
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