“Sólo
una humanidad en la que reine el florecimiento de la adhesión y gobierne el
estado virtuoso de manera social, podrá gozar de una paz auténtica y duradera”.
El mundo está revuelto, nos falla el entendernos y el
atendernos recíprocamente, para poder salir de estos bríos deshumanizadores e
inhumanos, con consecuencias económicas y medioambientales a nivel global,
además de un coste en vidas humanas que nos dejan sin palabras. Los bombardeos
lo único que hacen es avivar los incendios de la selva, no extinguirlos, y
repercutir en todos los horizontes existenciales del planeta. Por tanto, la
justicia ha de complementarse con la clemencia; mientras los pueblos deben ser
formados e informados en la consideración de este derecho. Nada es antagónico
en este orbe, todo se complementa para bien o para mal. Lo importante es
liberarse de ataduras, sobre todo de las del odio, para recomenzar un tiempo
nuevo, que tome como bandera el níveo afecto.
Indudablemente, la potencia batalladora no es suficiente,
si el universo no se abre a la fuerza más profunda del verso; que no es otra,
que el auténtico amor, desprendido de intereses, Tampoco hay paz sin donación,
ni espíritu donante sin compasión. El apego siempre une, nunca separa latidos.
Nos necesitamos entre sí, es una cuestión inherente a la naturaleza. Por eso,
la ternura de nuestros propios pulsos, son el modo más sublime y más noble de
relación de los seres pensantes. Sólo una humanidad en la que reine el
florecimiento de la adhesión y gobierne el estado virtuoso de manera social,
podrá gozar de una paz auténtica y duradera. De lo contrario, la tensión se
intensificará permanentemente por todos los rincones.
Desde luego, hemos de salir de esta atmósfera contaminante,
que nos está empedrando las entretelas. Nos hemos globalizado, pero nos falta
hermanarnos. En efecto, la gente con sus variados vínculos sociales, requiere
más que nunca reencontrar la vía de la concordia, al estar contaminada dicha
ruta por egoísmos y resentimientos, por afán de poder y hasta deseos de
venganza. El aluvión de falsedades es tan fuerte que algunos han ridiculizado
abiertamente nuestros valores fundamentales. Cuesta creerlo, pero es así, para
desgracia de todos. Será, por tanto, un buen motivo para que los Jefe de Estado
y de Gobierno se comprometan a defender el derecho internacional de los
derechos humanos, el derecho internacional humanitario y la propia Carta de las
Naciones Unidas.
Las arterias comerciales del astro, al igual que la
maquinaria humanitaria se resienten, ante tantas contiendas e incertidumbres.
En consecuencia, la distensión es vital ante la riada de tragedias que nos
afligen a diario por los espacios existenciales. Tenemos que entrar en razón,
respirar profundo para poder elegir el camino del diálogo y la diplomacia, pues
la quietud es precisa para la armonía y la común vocación de la familia humana.
La locura de los enfrentamientos es la mayor torpeza de una generación, que
tiene que ser instrumento de reconciliación, sobre cualquier acontecer. Sin
duda, hemos venido a la tierra para realizar proyectos de vida, no de muerte,
lo que debe hacernos detener la carrera armamentista y poner en el centro del
quehacer asistencial a los más vulnerables.
La estabilidad y la conciliación no se construyen, ni
tampoco se reconstruyen, con amenazas de poder mutuas, ni con armas y sí con
alma. Corazón a corazón es como se siembra lo verídico, la extensión de la mano
y el abrazo sincero. Asumir esta responsabilidad moral, contribuirá a detener
la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable. No
repitamos los errores del pasado. Comencemos por incluir la gestión de recursos
naturales en los acuerdos de paz, sancionando el comercio ilícito, sabiendo que
la razón de ser de cuantos gobiernan radica por completo en el bien común. En
prenda de esta transparente colaboración global; y, como un estímulo para las
buenas energías esparcidas, decir que un cosmos se renueva cuando dos se aman
sin codicia.
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Domingo, 8 de Marzo del 2026
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