“Era como si se me abriera un mundo nuevo, que por fin se me permitía conocer con toda libertad”
Marie
Curie
Dedico este artículo a
todas las mujeres luchadoras y emprendedoras, especialmente a nuestras madres y
abuelas, aquellas quienes supieron soltar la madeja de hilo dorado que todavía
ilumina nuestras vidas.
En aquel elemental y alegre bullicio de nuestros pueblos, nuestras queridas abuelas se entretenían en el arte de los bolillos, bordando y construyendo auténticos ajuares sobre la blancura de los tejidos que mostraban orgullosas a la vecindad cuando se casaban, tareas en las que dedicaban su tiempo a veces, en alegres corros al repecho de las esquinas de sol y escuchando la radio.
Era todo un ritual, una
entrega ofrecida al mantenimiento de un legado intergeneracional en los pueblos
de nuestra geografía española. La vida en los obradores artesanales, en el
campo, en las cocinas, en los talleres de bordado y costura, en las sastrerías,
en las tiendas de los barrios, en las peluquerías etc., reflejaba los
cotidianos episodios que integraban la cotidianidad laboral femenina del siglo
XX.
Aquellos trabajos manejando
los productos agroalimentarios en los talleres de conservas. En las pequeñas fábricas
dedicados de loza y el envasado, muchos de ellos se transportaban y distribuían
por Europa durante la I Guerra Mundial. Después, con la revolución industrial
aparecieron las famosas máquinas de coser, las alemanas Singer y las españolas
Alfa, donde las modistas arremolinadas pedaleaban en sus máquinas en los
talleres de confección.
Otros testimonios
gráficos fueron los de las telefonistas en el año 1932 cuando se instaló la
telefonía en Castilla la Mancha, así emergieron aquellas famosas “chicas del
cable”.
La agricultura como espacio femenino también ocupó su lugar con trabajadoras en las plantaciones de viñedo en nuestra tierra y más tarde aparecieron las terreras que ayudaron a crear las cuevas de Tomelloso. Este patrimonio heredado sigue siendo determinante hoy en día.
Muchas son las historias
que se tejieron en aquella época al calor de la lumbre, en los gélidos
amaneceres y las cálidas y a veces lluviosas
jornadas de vendimia. Bien es cierto, que existía una injusta e
inmerecida brecha salarial, negarlo sería una necedad.
En los años cuarenta del
siglo pasado, el hambre congregaba a muchas mujeres que trabajaban para llevar
el pan a sus mesas junto a sus maridos. Trabajaban sin coberturas ni seguros
sociales, algunas parían a sus hijos en las lindes de los sembrados para la
siega.
La vendimia era una cita
estival en la que los gestos y la complicidad bien podrían haber salido de un
cuadro del mismísimo Francisco Carretero o de Antonio López Torres con sus
escenas costumbristas; hombres y mujeres descargando capachos de recién
cortadas uvas en los carros, bajo el sol o las nubes, con los pies envueltos en
puntilleros sobre el barro o la polvorienta tierra.
Aquellos itinerarios
visuales de la agricultura, en femenino, pervivían con las tradiciones
gastronómicas y ante todo un vínculo atemporal de la mujer con su papel de ama
de la heredad, ejerciendo condominio con sus hombres, fuertes, temerosas de Dios,
tiernas, hacendosas, vigilantes atentas de cuanto ocurriera en el cielo o en la
tierra.
“ A verte vengo de noche porque no
puedo de día, porque voy a mis trabajos y los amores se quedan en la ventana de
abajo”.
(Seguidilla popular manchega)
La sabiduría y la edad de
las mujeres viudas, ya mayores, daba seguridad a la crianza y el buen hacer de
aquellas familias que vivían apegadas a valores que hoy están en declive o
incluso se han devaluado completamente.
Ellas eran el hilo
invisible que entretejía los vínculos comunitarios, como así quedaba
inmortalizado en las fotos de nuestras abuelas y bisabuelas. Aquellas
fotografías en las cómodas de las alcobas, en las mesas del comedor, en las
paredes de las habitaciones, descoloridas por el paso del tiempo, atrapando
historias anónimas pero heroicas.
Estos testimonios vitales de sabiduría popular y abnegación se producían en aquella época. Nuestras abuelas eran una auténticas magas del dinero y la economía para poder subsistir. El derroche era impensable.
Aquellas mujeres sabias y
robustas fueron capaces de enfrentarse al patriarcado durante las sociedades
del pasado. Inventaban formas femeninas de sociabilidad.
El papel de la mujer
durante la segunda república y la Guerra Civil española tuvo su inclusión en la
esfera pública y la Guerra Civil. La omnipresencia femenina en todos los
ámbitos. ¿Quién no recuerda las enfermeras de la Cruz Roja? Todo un emblema
iconográfico con vocación y compromiso.
¿Quién no tiene una
fotografía de las antiguas matanzas con toda la familia alrededor?. Era un
auténtico festín gastronómico que permitía subsistir a muchas familias. Y las
mujeres que se reunían en torno a una mesa en las sesiones llamadas “de monda
de la flor del azafrán”, al igual que las guisanderas, en los años 60.
Existían otras mujeres
que se dedicaban a faenar con sus barcas, como intrépidas capitanas que
pescaban en las riberas, ese era el caso de muchas mujeres que vivían en las
Tablas de Daimiel.
La transmisión
intergeneracional que hoy en día está tan de moda, ya era todo un
acontecimiento que se llevaba a la praxis. Era un patrimonio heredado de
nuestras abuelas que edificaba un presente prometedor vinculado a un legado en
femenino.
El itinerario mental y
emocional vinculado al recuerdo de imágenes de nuestras madres que evocan en
nuestra memoria fogonazos de luz.
Tú vives siempre
en tus actos
Con la punta de
tus dedos
Pulsas el mundo,
le arrancas
Auroras, triunfos,
colores,
Alegrías; es tu
música.
La vida es lo que
tú tocas.
Pedro Salinas, La
voz a ti debida (1933)
Diosas madre de sus
familias, hacían arrope, cebollas en vinagre, morcillas, vendían joyas,
lencería, botones. Se dedicaban a cuidar de los abuelos, les daban el mejor
lugar de la casa.
Mujeres que peinaban,
amortajaban a los muertos, escribían y leían cartas a aquellas familias que no
sabían leer ni escribir. Mujeres que recreaban sus mundos para subsistir y
ayudar a toda una comunidad. Sin cada una de ellas jamás se hubieran logrado muchos
de los derechos que, otras mujeres, más adelantadas a su tiempo consiguieron
para ellas.
Esta generación de
mujeres dinámicas, sufragistas que se la jugaban, ofrecieron sus vidas por los
derechos del resto de las mujeres. Tanto sin unas como sin las otras, la
historia de la que hoy disfrutamos, habría sido impensable ya que ambas se
necesitaban y también se complementaban para formar ese tapiz escénico donde se
han ido tejiendo todas estas historias.
A todas estas mujeres anónimas con nombres tales como Antonia, Marcelina, Cándida, Pura, Sandalia, Dominga, Arcadia, Cesárea, etc, etc……millones de mujeres que nos dejaron su estela y su luz en el camino. A todas ellas sirva este artículo para rendirles un homenaje por su imprescindible y maravillosa labor.
Fuente
de información sacada de la exposición a las mujeres rurales en Castilla la
Mancha.
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Martes, 10 de Marzo del 2026