Opinión

Cerrar la salud mental

Cristina Grueso García | Jueves, 19 de Marzo del 2026
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Han decidido cerrar una puerta.

Pero no una cualquiera.

Es la puerta de la Unidad de Salud Mental del Hospital Mancha Centro, en Alcázar de San Juan. Y cuando esa puerta se cierra, no queda el silencio: queda el eco de quienes, al otro lado, siguen necesitando ayuda y no saben dónde acudir.

Hay decisiones políticas que pueden discutirse. Esta, en cambio, cuesta incluso comprenderla. En un momento histórico en el que la salud mental ha dejado de ser un tema oculto para convertirse —por fin— en una conversación urgente y colectiva, desmantelar un recurso esencial no solo resulta incoherente: resulta profundamente irresponsable.

Porque la salud mental no es un complemento del sistema sanitario. No es un añadido prescindible que pueda reorganizarse sin consecuencias. Es una necesidad creciente, real, que atraviesa todas las edades, todas las clases sociales, todos los contextos. La ansiedad, la depresión, los trastornos más complejos no esperan. No entienden de recortes ni de distancias.

Desde Central Sindical Independiente y de Funcionarios ya se ha advertido del impacto de esta decisión en pacientes y profesionales. Pero más allá de informes o advertencias, la realidad es fácil de imaginar: listas de espera más largas, desplazamientos innecesarios, saturación de otros centros y, en última instancia, una atención más fría, más fragmentada, más lejana.

Y la salud mental, cuando se aleja, se rompe.

Cerrar una unidad como esta no es solo una medida administrativa. Es un mensaje. Un mensaje silencioso pero contundente: que hay sufrimientos que pueden esperar, que hay dolores que no son prioritarios, que quienes los padecen deberán adaptarse. Aguantar. Resistir un poco más.

Pero la salud mental no funciona así. No espera. No se aplaza sin coste. Cada día sin atención es un paso más hacia el deterioro. Cada obstáculo añadido es una puerta menos hacia la recuperación.

Hay, además, algo especialmente injusto en este tipo de decisiones: afectan con más fuerza a quienes menos capacidad tienen para defenderse. Porque quien está luchando contra su propia mente no siempre puede alzar la voz. A veces, simplemente, intenta llegar al final del día sin derrumbarse.

Y mientras tanto, se cierran los lugares que sostenían.

Se habla de eficiencia, de reorganización, de optimización de recursos. Palabras técnicas que intentan ordenar lo que, en el fondo, desordena vidas. Porque no hay eficiencia posible cuando lo que se pierde es la atención cercana. No hay optimización cuando lo que se optimiza es el sufrimiento.

Cerrar la Unidad de Salud Mental del Mancha Centro no es un ahorro. Es una renuncia.

Una renuncia a cuidar, a prevenir, a estar.

Y quizá la pregunta más incómoda no sea por qué se cierra esta unidad, sino qué tipo de sociedad acepta que algo así ocurra sin alzar la voz.

Porque una sociedad que cierra puertas a la salud mental no se vuelve más fuerte.

Se vuelve más frágil.

Más sola.

Y, sobre todo, menos humana.

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