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El Juego de las Caras de Calzada de Calatrava, la tradición única que convierte el Viernes Santo en una fiesta multitudinaria

Declarado Bien de Interés Cultural inmaterial, este singular rito de azar y convivencia reúne cada año a miles de personas en uno de los acontecimientos más sorprendentes de la Semana Santa en Castilla-La Mancha

Publicidad | Jueves, 26 de Marzo del 2026
{{Imagen.Descripcion}} El Juego de las Caras / Clara Manzano El Juego de las Caras / Clara Manzano

Cada Viernes Santo, cuando la solemnidad de la Semana Santa alcanza su punto más intenso, la localidad de Calzada de Calatrava se transforma en escenario de una tradición única en España. El Juego de las Caras, recientemente reconocido como Bien de Interés Cultural en categoría inmaterial por el Gobierno de Castilla-La Mancha, congrega a miles de visitantes en torno a un ritual centenario donde la suerte, la emoción y la convivencia popular se mezclan en las calles del municipio.

Un reconocimiento que protege una tradición centenaria

El pasado mes de febrero, el Gobierno regional aprobó la declaración del Juego de las Caras como Bien de Interés Cultural, un reconocimiento que pone en valor una costumbre profundamente arraigada en Calzada de Calatrava y en toda la comarca del Campo de Calatrava.

Este juego, que se celebra cada Viernes Santo, puede llegar a reunir hasta 20.000 personas entre vecinos, visitantes y curiosos, atraídos por un acontecimiento que combina tradición, historia y espectáculo popular.

No se trata de una fiesta cualquiera. Las Caras están declaradas Fiesta de Interés Turístico Regional desde 1993 y forman parte de la Ruta de la Pasión Calatrava, que cuenta con el reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Nacional, lo que convierte a esta celebración en uno de los grandes atractivos culturales y turísticos de la provincia de Ciudad Real.

Además, posee una singularidad que la hace todavía más especial, es la única manifestación profana que se celebra en Castilla-La Mancha durante la Semana Santa, en contraste con el carácter solemne y religioso de estas fechas.

Cuando termina la procesión, comienza el juego

El Juego de las Caras comienza tras la Procesión del Encuentro, uno de los momentos más emotivos del Viernes Santo en Calzada de Calatrava.

Cuando la procesión finaliza, el ambiente cambia. Las calles y plazas del municipio se llenan de gente y comienzan a dibujarse círculos en el suelo con cal. Son los conocidos corros, espacios donde se desarrollarán las partidas.


En cada corro se reúnen vecinos y visitantes alrededor de la banca, mientras el baratero, encargado de organizar el juego, prepara las monedas y controla que todo se desarrolle con normalidad.

En el centro del círculo, el jugador —llamado punto— deposita el dinero que desea apostar, y la banca iguala la cantidad.  El silencio se hace cuando las monedas suben al aire. Todas las miradas se dirigen al cielo esperando el desenlace.

Un juego sencillo, pero cargado de emoción

La mecánica del juego es simple, pero el ambiente lo convierte en un espectáculo único.

Se utilizan dos monedas antiguas, conocidas como “las piezas”, normalmente de diez céntimos del reinado de Alfonso XII, con la cara del rey en una cara y el escudo en la otra.

El banquero lanza las monedas al aire después de mostrarlas al baratero.
Cuando caen al suelo, se decide la suerte. Si salen dos caras, gana la banca. Si salen dos cruces, ganan los puntos. Si sale cara y cruz, se repite la tirada.

En ese instante, el baratero anuncia el resultado con un grito que resuena en toda la plaza:
“¡Caras!”, “¡Cruces!” o “¡Cara y cruz!”

Los gritos de alegría o de lamento no tardan en llegar, porque en este juego se pueden apostar cantidades importantes de dinero.

No existe más límite que el fondo de la banca, y por eso no es extraño que, en un solo día, miles de euros cambien de manos en medio de un ambiente festivo y de convivencia.


El papel del baratero y los rituales del corro

El baratero es una figura fundamental. Suele ser el dueño de las monedas y el encargado de organizar el corro, vigilar que no haya irregularidades y anunciar el resultado. Antes del Viernes Santo, los barateros preparan sus espacios pintando círculos en el suelo y escribiendo sus iniciales en el centro. Los corros más conocidos se sitúan en la calle Real, la plaza de España, el casino y la Obrera, dos sociedades recreativas que ese día abren sus puertas a todo el mundo.

En muchos de estos lugares hay bebidas y aperitivos para celebrar las victorias o aliviar las pérdidas, porque el Juego de las Caras es también una fiesta de convivencia.

Incluso durante la tirada, los jugadores pueden retirarse diciendo “¡Barajo!”, una expresión que anula la apuesta si se detecta alguna irregularidad o si el jugador decide no arriesgar.

Un origen lleno de leyendas y simbolismo

El origen del Juego de las Caras se pierde en el tiempo y está rodeado de distintas teorías, muchas de ellas relacionadas con la tradición cristiana.

Una de las hipótesis más extendidas afirma que la costumbre procede del momento en que los soldados romanos se jugaron a los dados las vestiduras de Jesucristo durante la crucifixión. Otra versión sostiene que Judas se jugó las treinta monedas que recibió por traicionar a Cristo. También se habla de que los soldados pagaron monedas por la túnica de Jesús, lo que habría dado lugar a este ritual que solo se celebra en Semana Santa.

Juego de las Caras.


Sea cual sea su origen, lo cierto es que el juego está documentado desde hace siglos y se ha mantenido sin interrupción durante generaciones, convirtiéndose en una de las tradiciones más singulares de Castilla-La Mancha.

Calzada de Calatrava, epicentro de la tradición

Aunque existen juegos similares en otros pueblos vinculados históricamente a la Orden de Calatrava, es en Calzada de Calatrava donde la tradición alcanza su mayor esplendor.

El municipio se convierte cada Viernes Santo en un auténtico punto de encuentro para visitantes de toda la comarca, de la provincia e incluso de otros puntos de España.

Muchas personas llegan con un único objetivo, vivir el ambiente del juego y probar suerte en los corros. El resultado es una jornada en la que la localidad multiplica su población y se llena de vida, con bares, calles y plazas abarrotadas.

El Juego de las Caras se ha convertido así en un importante atractivo turístico que complementa el patrimonio histórico y cultural de la zona.


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