Acompañada
por el vigilante, Raimunda entró con los ojos enrojecidos, aún bajo la
impresión del macabro descubrimiento y no queriendo acercarse demasiado al
lugar donde estaban, preguntó señalando al cadáver:
-
¿Está…?
-Sí,
está muerto desde hace horas –le informó Cervera. Toma nota de todo, Ramiro.
-
¿Cómo se llama usted?
-Raimunda Munteanu
Balan. Soy rumana, pero llevo en España
doce años y tengo todos mis papeles en regla. Yo no he hecho nada, señor
policía, respondió temerosa.
Yo iba a limpiar la sala como todas las noches y vi
que había un señor que creí que se había quedado dormido y como no respondía a
mi advertencia de que se tenía que marchar, me acerque, le toque en el hombro y
se me vino encima dándome un susto que por poco me muero yo también. Luego vi
sangre en el suelo y salí corriendo a avisar a Custodio y eso es todo. Yo no
hice nada, solo tocarle en el hombro para despertarle -repitió Raimunda.
-Está
bien. Deje sus datos al oficial González por si la necesitamos nosotros o el
Juzgado. ¿Dónde vive?
-Desde
que llegué a España, a Madrid, donde vivía una prima, que por eso me vine
cuando me quedé viuda y con tres hijos, fíjese, en el Poblado Dirigido de
Entrevías, en la calle N. N.º 42, bajo.
-Pues
puede marcharse a casa y descansar. Tranquilícese, que a usted no le va a pasar
nada. No, mejor espere a ver si otro coche patrulla puede acercarla a su casa.
-Muchas
gracias señor policía, pero que me dejen un poco antes no vayan a verme llegar
mis hijos y se asusten, que para sustos ya llevo yo el mío.
-Y
usted, le dijo al vigilante, deje también sus datos. ¿No había nadie más que
ustedes dos en el cine cuando se descubrió el cadáver?
-No
señor. El administrador marcha en cuanto hace las cuentas con los taquilleros y
éstos también. La del bar y el portero se van antes, cuando entran los de la
última sesión.
-
¿Cuántos taquilleros hay? ¿Despachan para salas determinadas o indistintamente?
-
Dos y creo que despachan para cualquier sala que les pidan.
-
¿Y en el bar?
-Una.
-
¿Algún empleado más, acomodador, operador…?
-Como
ahora las películas son con proyectores digitales, el administrador, que sabe,
le da al botón y van solas. Y acomodadores ya no hay, se sientan cada uno en
donde quieren.
-Necesito
que todo el personal que ha trabajado esta tarde, mañana sin falta, pasen por
la comisaría para prestar declaración a ver si recuerdan algún dato o pueden
aportar alguna información. Encárguese de ello directamente o a través del
administrador y siga su ronda o haga lo que tenga que hacer.
-Ramiro,
¿Avisaste al Juez para el levantamiento del cadáver?
-Sí, jefe, cumplido todo el protocolo de actuación. He hablado también con
comisaría para que localicen a la familia del finado a fin de que les
transmitan la noticia y no se enteren por los medios de comunicación, que luego
nos ponen a caer de un burro.
-Pues
a esperar se ha dicho. Vamos fuera. Aquí el ambiente está muy cargado.
Lo
que parece es que el móvil no ha sido el robo, más que por el talón bancario,
por el efectivo que llevaba, -comentó el subinspector. En cualquier caso,
tendremos que investigar al librador del cheque, para saber a qué transacción
se debe el pago de semejante cantidad y preguntar en el hotel en el que estaba
hospedado. A ver lo que tarda el Juez de
guardia.
-Y
a ver si del teléfono móvil pudiera sacarse alguna pista –comentó Ramiro.
Hacía
tiempo que Cervera no se enfrentaba a un caso de asesinato, -pensaba, paseando
por el hall, en lo que esperaban al juez-. La mayor parte de los trabajos que
les ocupaban eran pequeñas refriegas, peleas entre bandas, robos, trapicheos de
drogas y delitos menores sin mayor interés policial. Pero visto lo visito de
éste, no parecía haber muchas pistas que seguir. Ya se vería.
Su
ayudante se mostraba especialmente excitado ante el primer asunto de
importancia en el que tenía ocasión de participar. Cervera le observaba de
reojo y no podía olvidar su primera experiencia hacía más de doce años cuando
intervino en el asesinato de la bailarina del Molino Rojo.
- ¿Cómo lo ve, jefe? –le preguntó Ramiro acercándosele.
-
¿Al muerto o al caso? –repreguntó Cervera con cierta malicia.
-
¿A quién va a ser? ¡No haga bromas! Al caso. ¿Por dónde podemos empezar?
-
A ver que aportan los testigos y que significa ese cheque millonario.
-
¿No cree que se mosqueó un poco la doctora del SAMUR cuando le dije lo de la
hora del fallecimiento? ¡¿Qué si yo era forense?!
-Estuviste
oportuno. Entre éstos del SAMUR los hay un poco engreídos.
-Tienen
a gala ser de lo más eficaz y acudir con la mayor prontitud al lugar en que son
requeridos sus servicios. Procuran hacerlo antes que nosotros. Pero esta vez
les ganamos. Ya venía la doctora un poco mosca cuando nos vio.
Se cuenta que al poco de establecerse el
servicio, en 1989, un día llamó al concejal el primer director del SAMUR, y le
dijo:
-
Concejal, hemos batido el récord de tiempo en atender un siniestro.
-
¿Cuánto habéis tardado esta vez?
-Cero
minutos, cero segundos. Una ambulancia nuestra ha atropellado a una anciana.
Parece
chiste, pero es verdad. Me lo contó un amigo que trabaja en el Ayuntamiento.
Jefe,
¿En cuántos casos de asesinato ha intervenido usted? ¿Se resolvieron todos?
-En
otro momento te contaré alguno. Ahora centrémonos en éste. ¿Tomaste nota de
todo lo encontrado en su poder y de las declaraciones de la limpiadora y el
vigilante?
-Todico
está inventarao, cosa por cosa, y apuntao.
-Inventariado
querrás decir.
-Eso
quería decir, que yo no me invento ná.
El Juez de guardia no acudió hasta pasadas la
tres de la madrugada y ordenó el levantamiento y la retirada del cadáver al
Instituto Anatómico Forense para la autopsia preceptiva.
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Domingo, 29 de Marzo del 2026
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