Quintina Irene Camacho López nació el 20 de febrero de 1899 en Fuente el Fresno. Era hija de Antolín Camacho Almodóvar y de Florencia López Cruz.
El 5 de enero de 1920 se casó en esta localidad con Hilario Muñoz de Morales Calvillo, nacido en 1891 y vecino de Daimiel.
Tras el enlace matrimonial, la pareja marchó a Daimiel, donde Hilario trabajaba en una fábrica de gaseosas. Un año después se trasladaron con carácter definitivo a Ciudad Real, donde iniciaron el denominado por ellos “negocio de la Estación”.
Se trataba de una actividad como transportistas en la que Quintina, conocida por entonces como la “señorita”, se encargaba de tramitar los talones, del embalaje y del posterior traslado de todo tipo de mercancías desde la Estación de Ferrocarril al mercado, a los comercios y a los particulares que lo solicitasen.
Pronto se fue convirtiendo en el alma del negocio, dedicándose al transporte de pescado, fruta, azúcar, arroz, lentejas… En la década de los años 30, era propietaria de una decena de mulas y vacas, y también repartía leche en Ciudad Real. Fue totalmente autodidacta en el desarrollo de estas actividades, pues nadie de su familia se había dedicado a estos menesteres.
Desde que esta mujer se incorporó a la actividad comercial de Ciudad Real, en unos años tan difíciles, se convirtió en un personaje cuya popularidad ha sido, sin duda, uno de los principales rasgos de esta mujer hasta su muerte.
Al principio, su actividad como transportista la llevaba a cabo con carros y caballerías, pero luego condujo uno de los primeros motocarros de la provincia, de la marca “Zeima”.
Incluso llegó a ser el reclamo publicitario de esta marca en la comarca.
En los convulsos años 30 fue propietaria de un Chevrolet, matrícula 1426, que finalmente vendería en 1940 a Julio Lozano de Haro.
Se hizo un hueco en un mundo de hombres, destacando por su fortaleza y ganándose el respeto de todos. Refiriéndose a la estación de ferrocarril, desde donde dirigía muchas de sus operaciones comerciales, sus propias palabras lo dicen todo: “En la estación, el alma he sido yo. Me respetaban todos los jefes; se fiaban de mí más que de los guardias”.
Llegó a tener unas tarjetas donde publicitaba su actividad:
“Quintina, la reina del transporte,
sin competencia por carreta y por tren”.
Durante la Guerra Civil iba con una tartana por los pueblos vecinos en busca de comida. Protegió a las monjas del Hogar, a las que cobijó en su propio domicilio e, incluso, llegó a estar presa durante mes y medio.
En su memoria, numerosos viajes realizados a Zaragoza, Soria, Burgos, Asturias y Lugo (donde compró una camioneta D.K.V.). Precisamente, este vehículo fue conocido como “el coche de los toreros” y sirvió, entre otros menesteres, para el traslado de toreros desde la estación ciudadrealeña a su lugar de estancia en la capital antes de algún festejo taurino, así como a los diferentes equipos locales de fútbol para sus compromisos deportivos por los pueblos de la comarca.
En el especial de la Feria de Ciudad Real de 1993, en el diario Lanza, vemos una descripción de la personalidad de esta mujer:
“…cerraban un trato en la presencia o cercanía de la bravía mujer llamada Quintina, que ejercía su oficio carretero con la profesionalidad y energía de cualquier mozo de pelo en pecho, pionera de un movimiento feminista del que nunca precisó para no sentirse marginada por su condición de mujer”.
Incluso, en años de tantas penurias, Quintina también trabajó en un periódico local, “bajando los papeles y haciendo los servicios de las bobinas”.
En 1969 se hizo cargo de un bar que le fue cedido por don Luis Martínez, que por entonces era el alcalde de Ciudad Real. Sin embargo, ya desde 1960, Quintina había trabajado en el establecimiento. Este bar estaba situado en el denominado Puente Nolaya, junto al río Guadiana, en la carretera Ciudad Real-Toledo. El lugar se hizo tan popular que el puente fue conocido desde entonces como el “Puente de la Quintina”.
En 1972, Quintina plantó árboles en el lugar, adquiridos del vivero de Malagón por un importe de 1.300 pesetas, creando un entorno que se llamó “la playa de la Quintina”.
Aunque con el tiempo el local fue regentado por uno de sus yernos, Quintina pasaba todos los días en el bar, incapaz de estar parada. Hasta sus últimos días, esta mujer no abandonó las labores del campo ni el cuidado de sus cinco vacas.
En marzo de 1985, la revista de la Diputación Provincial se hace eco de la actividad pasada y presente de esta singular mujer:
“Próximo al puente Nolaya, en la carretera Ciudad Real-Toledo, a través de un irregular camino que conduce al río, se llega a un pequeño bar en cuya fachada reza la siguiente inscripción:
La fundadora de esta pequeña playa ha sido la reina del transporte.
Cincuenta y dos años al servicio de la capital.
Con simpatía a los clientes, Quintina,
dentro, paredes lisas, encaladas de blanco y pocos adornos,
muestra un establecimiento sencillo, casi desnudo,
en el que una mesa de formica con cuatro sillas
constituye, junto a la barra y las estanterías de bebidas, los únicos enseres.
Una pequeña puerta de cristales muestra una explanada de cemento
en la que se adivina la terraza del bar en el buen tiempo.
Frente a ella, una frondosa arboleda ofrecerá, a 1,10, generoso,
sus templadas aguas a los bañistas del verano”.
Quedó viuda muy pronto, en 1941.
Falleció el martes 2 de marzo de 1993 a los 94 años de edad.
FUENTES:
ARCHIVO PARROQUIAL DE SANTA QUITERIA DE FUENTE EL FRESNO:
- Libro de Bautismos, 1893-1899, página 177.
- Libro de Matrimonios, 1902-1926, página 144.
https://cadenaser.com/castillalamancha/2024/03/08/grandes- mujeres-de-ciudad-real-del-siglo-xx-ser-ciudad-real/
http://elsayon.blogspot.com/2017/09/la-quintina.html Biblioteca Virtual de Castilla La Mancha: .
María Peral Parrado. Diario Lanza, sábado 14 de agosto de 1982, Extra Feria.
https://ceclmdigital.uclm.es/viewer.vm? id=0001614652&page=55&search=
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