Como saben nuestros lectores, Dionisio Cañas formalizó
hace cerca de un año con el Ayuntamiento la donación de su legado bibliográfico
y documental a la ciudad de Tomelloso. Se trata de un fondo excepcional que
dará lugar al “Legado Dionisio Cañas y José Olivio Jiménez”, en homenaje
al crítico literario y compañero de vida del poeta. La colección, que tiene un indiscutible
valor literario, científico, documental y bibliográfico, también encierra una
historia de vida, de viajes y de encuentros con algunos de los grandes nombres
de la poesía contemporánea.
Hablamos con Cañas sobre el sentido de este gesto y el futuro
de un espacio —estará en la Biblioteca Francisco García Pavón— que aspira a
ser un referente cultural. Un fondo que no solo preserva su trayectoria,
sino que abre una puerta al conocimiento para investigadores y amantes de la
literatura.
El próximo 23 de abril, coincidiendo con el Día del Libro,
el propio autor ofrecerá una conferencia centrada en la joya del conjunto, la colección
de poesía española e iberoamericana de los siglos XIX y XX que reúne cerca de 4.000
volúmenes, trasladados desde Nueva York a Tomelloso. Dionisio Cañas habla de
la donación, de su gesto altruista, sin solemnidad, como quien ordena una
historia larga. Porque, en realidad, lo que regala a Tomelloso es una vida
entera atravesada por la poesía.
Le recuerda al periodista que “el primer acuerdo de
cesión lo hice con la anterior corporación y la actual lo ha respetado”. Y
es que, Cañas deja claro que siempre ha querido situar esta decisión por encima
de cualquier coyuntura política. De hecho, ha pedido al alcalde algo muy
concreto, “blindar la colección ante los cambios políticos, para que pase lo
que pase siga funcionando”.
Una colección única
El origen del legado está en la biblioteca que comenzó a
reunir el crítico José Olivio Jiménez en los años 50. Aquel núcleo inicial
creció con la llegada de Cañas en los años 70 y se expandió, sobre todo,
durante su etapa en Nueva York. “José Olivio conocía a todos los grandes
poetas, desde Vicente Aleixandre hasta los novísimos. Y tenía también una gran
colección de poesía latinoamericana”, recuerda. A partir de ahí, Cañas fue
sumando nuevas capas.
Especialmente valiosa es una parte poco habitual en España, “los
poetas latinoamericanos menos conocidos y, sobre todo, los poetas hispanos que
vivían en Estados Unidos. Eso le da una singularidad que no creo que exista
aquí”.
El resultado es una biblioteca de cerca de 4.000 volúmenes
que, como él mismo dice, es también “un cronograma de cómo me fui acercando
a la poesía”.
Libros con historia
Más allá de los títulos, lo que distingue esta colección es
la historia que hay detrás de cada ejemplar. “Hay libros que puedes
encontrar en cualquier biblioteca, pero estos tienen una historia personal”,
subraya.
Por sus páginas, por la casa de Dionisio y José Olivio pasan/pasaron
nombres fundamentales, Vicente Aleixandre, Claudio Rodríguez, José Hierro,
Ángel González o Luis García Montero. Muchos de ellos no solo dedicaron libros,
sino que compartieron espacio y vida. “Por nuestro piso de Nueva York pasaron
poetas de más de una generación”, recuerda. Una experiencia que incluso
quedó recogida en su poema “Nueva York, 215 west de la calle 90”.
Y lo mismo con los poetas latinoamericanos “allí estuvo Nicanor Parra, que fue mi primer profesor de poesía, y José Olivio mantenía correspondencia con Octavio Paz o Lezama Lima”. Y todo ello con una idea clara, “es una colección de diálogo, no de exclusiones arbitrarias, más allá de la política”.
Mucho más que libros
El legado no se limita a la biblioteca. Incluye también un
archivo documental y personal de enorme riqueza. Manuscritos, correspondencia,
fotografías, material audiovisual e incluso obra artística. “Hay fotografías
de nuestra relación con poetas españoles y latinoamericanos, de la época
analógica y digital, y también trabajos con artistas, dibujos, ilustraciones…”,
enumera.
En ese sentido, el archivo permite entrar en la trastienda
de la creación, “ahí está el proceso, la vida alrededor de la literatura”.
Un viaje de ida y vuelta
La historia personal de Cañas atraviesa toda la colección.
Nacido en Tomelloso, emigró joven y vivió durante décadas fuera de España, en
Francia durante su infancia y juventud y luego en Nueva York. Su relación con
la lengua y la identidad también forma parte de este recorrido.
“Cuando conocí a José Olivio yo tenía un español escrito de un niño de diez años”, confiesa. A partir de ahí, inició un proceso de recuperación, “he recuperado mi lengua y también mi apego a la tierra, a La Mancha, a Tomelloso”. Lo resume con una imagen muy suya: “yo me hice manchego en Nueva York”.
Un legado para estar vivo
Lejos de cualquier idea de archivo cerrado, Cañas no quiere
que este espacio “se convierta en un mausoleo”. Su propuesta pasa por un
centro dinámico, con actividad constante, que tenga becas, que haya encuentros
y mucha presencia digital. “Me gustaría que tuviera visibilidad en Internet
y que se fomentaran ayudas para investigadores y creadores”, explica.
Pero, sobre todo, insiste en el espíritu, “que haya
conversaciones, no solo conferencias. Hablar de la poesía, de hacia dónde va…
que sea un centro vivo, especialmente para los jóvenes”.
La donación es una forma de devolver lo recibido y, al mismo
tiempo, de sembrar para el futuro. Porque, como dice el propio Cañas “es más
que nada dejar bien atado lo que ha sido mi vida en la poesía y compartirlo”.
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Viernes, 10 de Abril del 2026
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