Opinión

100 encuentros con Ciri

Joaquín Patón Pardina | Sábado, 18 de Abril del 2026
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No es como todas las tardes la de este viernes.

Queridos lectores y lectoras lleváis cien (100) comunicaciones de nuestros encuentros en la cafetería. Exactamente dos años y cinco meses.

Era el sábado 25 de n0viembre de 2023 cuando apareció por primera un texto en el que dos personajes:  Uno, con perdón por citarme en primer lugar, Joaquín Patón Pardina y el otro  cuya presentación textual fue: “Hacía días que había quedado a tomar un café de media tarde con mi amigo Ciri, su nombre completo es Ciriaco, pero desde niños en el cole él decidió que lo llamásemos Ciri, porque su nombre completo le traía unas sensaciones como de rudeza, de leño viejo, de algo arcaico, decía.

»Cuando de mayor en el instituto se interesó por la etimología de las palabras y se enteró de que su nombre provenía de la locución griega Κυριακός, y esta misma de Kύριος (en español la traducimos por Señor) quiso cambiar, pero ya era tarde, por más que nos insistió una y otra vez, resultó imposible el cambio.”  Ciri, como habéis comprobado a lo largo de este tiempo es imaginario, existe en mi mente y en cada encuentro cafetero.

Es obligado decir…, como se especifica en las conferencias de alcurnia, que nunca pensamos en culminar esta cifra, tampoco nos propusimos meta alguna. Nuestros objetivos eran compartir temas interesantes, curiosos, controvertidos, novedosos, caducos, aprendidos, recordados, cualquiera que pudiera llamar la atención de la gente sencilla, como nosotros;  haciendo pensar, a quien pusiera sus ojos sobre nuestras letras.

Nunca pretendemos imponer nuestras ideas, conclusiones, negaciones o aciertos, dudas o afirmaciones,  nos alegra enormemente enredar el discurso y que cada quien obtenga su propia conclusión.

Como somos amigos nuestro modus operandi es el del desenfado con bromas, adivinanzas, sorpresas premeditadas, para saltar al tema semanal que no preocupa, el que queremos someter a discusión o del que intentamos sacar una sonrisa.

En nuestra bola de cristal cabe lo pensable, inventable o imaginable, el mundo de las ideas y de las realidades; exceptuando o tangenciando los temas de luchas, por siempre enconadas, entre partidos políticos o sus componentes.

Utilizamos un lenguaje llano, sin palabras estrambóticas, sin caer en la chabacanería, utilizando el Diccionario y la Sintaxis exigente de nuestro gran idioma, que evidentemente es el Español. También son de nuestro uso las palabras y expresiones manchegas, sin olvidar el capítulo tan rico de los refranes populares e inteligentísimos de nuestros pueblos.

Todos sabéis que nuestro medio de comunicación es “La Voz de Tomelloso” a la que estamos muy agradecidos, necesitamos concretar la complacencia en Francisco Navarro y Carlos Moreno, sus pilares y directores, periodistas excelentes, luchadores y trabajadores hasta el infinito.

En este capítulo de agradecimientos necesitamos reconocer a tantos de vosotros, lectoras y lectores, que visitáis nuestros artículos entre las mil setecientas (1.700) y dos mil (2.000) visitas semanales. También a muchos que como Gabriel, Dolores, Antonio y Pilar que los reenvían a amigos y conocidos en otras ciudades españolas y cómo no a otros que coleccionan nuestras reuniones como José Tomás en Cataluña. No podemos olvidar a los que a través de Facebook o  WhatsApp, colaboran con nosotros cuando comentan y alientan con sus ideas, agudezas y pensamientos.

Necesito, para terminar, contaros la última ocurrencia de Ciri. Podéis imaginaros que no le han llegado de sorpresa nuestros cien encuentros contados  en “La Voz de Tomelloso”. Algo habíamos comentados ligeramente hace unas semanas, sin  mayor importancia.

Hoy se ha presentado en la cafetería con una caja abultadísima, tanto que un cliente que entraba en ese momento ha tenido que sujetar la puerta. Agarrando con las dos manos, de frente no se le veían más que las piernas por debajo de la caja y por encima el sombrero como bailando a cada paso. Se ha adelantado el camarero con sus dotes serviciales como siempre y le ha ayudado a dejarla sobre la barra. Kali, la chica africana que estudia enfermería y viene los findes a trabajar en la cafetería, ha llegado a tiempo de coger el sombrero sin que llegara al suelo.

Yo desde la mesa de costumbre, alelado, tragaba la escena sin intervenir. Al principio sin saber qué pasaba, de inmediato me percaté de que detrás de la gran caja de cartón necesariamente debía venir mi amigo Ciri. No ha hecho falta acción comprobatoria.

Sin el saludo de costumbre al llegar a nuestro encuentro, se ha subido a una silla, con un vaso y una cuchara ha inventado una campana que ha sonado vibrante y repetidas veces reclamando la atención de los clientes, calculo que una media entrada chorreada. Cuando ha conseguido que todos mirásemos hacia donde se nos reclamaba, a pleno pulmón para ser bien oído por los asistentes dice Ciri:

—¡Señoras, Señores! Perdonen que les distraiga del deleite tan inefable del disfrute de sus cafés y magdalenas. Esta tarde el aquí presente…, —dirige su mirada hacia donde yo estoy— por favor Joaquín ponte de pie que te vea el público y yo vamos a celebrar con ustedes que llevamos cien (100) semanas juntándonos, como bien saben todos y publicando nuestras charlas, conversaciones o monólogos.

El señor que se sienta cerca de nosotros ha hecho un gesto a su señora y la otra acompañante rompiendo en un aplauso que ha respaldado todo el respetable que en este momento escuchaba. Sentía que mi cara me ardía, debería estar rojo como una amapola, y sin capacidad para reaccionar, de pie en mi sitio, solo agradeciendo con asentimientos de mi cabeza y sonrisa de lelo. Oigo como a lo lejos que mi amigo continúa hablando.

—Por tal motivo y para que todos participen de nuestra alegría he traído esta caja de “hojuelas tomelloseras” fabricadas artesanalmente, como es debido. Manolo y Kali les servirán las que quieran, así como una copa de brandy o mistela igualmente producidos en Tomelloso para solaz y alegría de los presentes.

Mientras se redoblan los aplausos Ciri se acerca a nuestra mesa y me da el mayor abrazo de la historia, mientras al oído me dice:

—Eres el mejor amigo que he tenido nunca.

Se me escurre una lágrima por el borde de la cara y totalmente emocionado le respondo:

—Tú sí que eres un gran amigo en las buenas y en las malas.

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