Romería

Tomelloso abre las puertas al alma de la Romería: tradición viva entre carros, mulas y reatas

Manuel Ortega y Apolonio Lara exponen a La Voz el encanto de unas tradiciones a las que se están incorporando muchos jóvenes

Carlos Moreno | Miércoles, 22 de Abril del 2026
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En estos días previos a la Romería de la Virgen de las Viñas, la Asociación Cultural de Carreros Virgen de las Viñas ha organizado unas jornadas de puertas abiertas para que la gente conozca el hermoso patrimonio de los carros, mulas y reatas. En una nave que les ha cedido la empresa Glomol, exhiben el material con que engalanan sus carros y los animales. La Voz de Tomelloso ha hablado con dos de sus mejores exponentes: Apolonio Lara y Manuel Ortega, de generaciones distintas, pero con el denominador común del amor que profesan a las tradiciones y raíces de Tomelloso.

Entre arreos perfectamente ordenados, mantas bordadas y el brillo de los herrajes recién preparados, la nave cedida por Glomol se convierte estos días en un auténtico museo vivo de la tradición carrilera. Allí, la Asociación Cultural de Carreros Virgen de las Viñas ultima los detalles para una de las citas más esperadas del calendario: la romería.

Manuel Ortega explica con orgullo el despliegue que preparan este año: cuatro carros acompañados por cerca de una treintena de mulas, organizadas en distintas reatas, ados “de sencillo”, una “de seda” y otra en tachuela, en función de la riqueza de sus adornos. Cada conjunto es fruto de meses de trabajo y cuidado, donde cada pieza —desde los pecheros hasta los cabezones— tiene su lugar y su historia.

Pero más allá de la estética, hay oficio. Ortega es uno de los pocos que mantiene viva la tradición del esquilado artístico de mulas, un arte heredado de antiguos maestros como Jesús Andújar. “Lamentablemente, está al borde del precipicio”, reconoce sobre el futuro de esta práctica, cada vez menos frecuente. Aun así, continúa creando dibujos sobre el pelo de los animales que evocan la romería, el año o el nombre de sus propietarios, manteniendo así un lenguaje visual único ligado a la identidad local.

El esfuerzo de la asociación no se limita a conservar, sino también a mejorar. Todo lo que recaudan se reinvierte en restaurar o fabricar nuevos elementos. “Antes todo era prestado; ahora prácticamente todo es nuestro”, señala Ortega, destacando el crecimiento de un patrimonio que ha pasado de ser improvisado a convertirse en una colección sólida y cuidada. "Y cuando nos prestaban cosas era un sinvivir por si se estropeaba, o todavía peor, se perdía algo".

Apolonio Lara, por su parte, aporta la visión de quien ha heredado el oficio y la pasión. Hijo de mulero, reivindica la evolución de las reatas: “Hemos avanzado mucho. Hoy hay más gusto, más colorido, más cuidado”. Apolonio conserva piezas con más de medio siglo de antigüedad y presume de poder vestir varias mulas con conjuntos completos, algo impensable en generaciones anteriores, cuando los aperos se compartían entre vecinos. "Muchos de los juegos que conservo los hizo mi madre, Ovidia, que fue la que me contagió esta pasión por el mundo de las mulas".

Ambos coinciden en señalar que el verdadero valor no está solo en los elementos materiales, sino en las personas. Lara destaca especialmente el papel de los jóvenes, cuyo entusiasmo garantiza el relevo generacional y la continuidad de la tradición. “El capital más grande es mi gente”, afirma.

Las jornadas de puertas abiertas rompen además con el hermetismo de antaño. Si antes los detalles de cada reata se guardaban casi en secreto, hoy la asociación apuesta por la divulgación y la convivencia. “No hay nada que esconder y todos los carreros saben lo que tienen unos y lo que tienen otros”, subraya Lara, defendiendo un ambiente de colaboración entre colectivos.

El día de la romería sigue siendo, sin embargo, el momento culminante. Antes de las seis de la mañana, los carreros preparan a los animales y se dirigen al Museo del Carro antes de partir hacia Pinilla donde llegarán sobre la una del mediodía. La entrada al pueblo, ya de regreso, es uno de los instantes más emotivos, con calles llenas de vecinos que reconocen en las mulas y los carros una parte esencial de su memoria colectiva.

Porque, como recuerdan Ortega y Lara, la romería no es solo una celebración: es el reflejo de una identidad que se construye año tras año, entre esfuerzo, tradición y orgullo compartido. Lo tienen todo listo y ya descuentan las horas para ese domingo por la mañana en el que vivirán grandes emociones. "Esos aplausos y ánimos que nos dan los tomelloseros, no está pagado".

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