“Hace
falta volver a sentir ese hermanamiento común que nos armonice y a resentirnos
menos entre sí, para restaurar una sociedad más humana, más digna de la
persona, que aliente una cultura y un culto leal, revalorizado en el amor y no
en el poder, en la poesía y no en el pedestal”.
La condición humanitaria resurge siempre marcada por
tensiones continuas, como si las polaridades fueran irreductibles. De ahí, la
importancia de que cada nacido y la gente en su conjunto, estén llamados a
ordenar su propia existencia, para poder hacer de la discordia un concordato
armónico, que nunca viene dado, hay que trabajarlo, conciliando actitudes y
acercando posturas. Al laborar nuestro propio sosiego, generamos las
condiciones esenciales para una concordia auténtica y sostenible, que se
irradie de los individuos a la sociedad y al órgano mismo de nuestra propia
casa común. Quizás tengamos que tener más tiempo para nosotros, pues un
espíritu reflexivo, siempre mejora el bienestar general, sobre todo para
controlar los síntomas de la ansiedad.
Incorporar al quehacer diario, aunque sólo sea durante unos
minutos: la meditación; nos ayudará a lograr una sensación de calma y
concentración sistémica. Ciertamente, requerimos de esta atmósfera aplacadora
que, cada cual reconstruye desde su interior, al menos para rehacer puentes y
romper barreras. En el fondo, a poco que nos adentremos en nuestro propio buceo
íntimo, nos daremos cuenta que todos deseamos, aparte de sentirnos libres, que
podamos vivir en concordancia y con idénticas posibilidades. De ahí, lo vital
que es promover soluciones innovadoras y creativas que beneficien la crónica de
los vivientes, con especial apoyo en los marginados y en esas parentelas que
tampoco han aprendido a quererse ellas mismas, para poder querer a los demás y a
lo que le rodea.
En consecuencia, tan importante como vivir bien, es
desvivirse por un habitar que custodie lo contemplativo, ya no sólo con el
lenguaje de la mente, también con el vocablo de las entretelas y con el hacer
de las manos, que es lo que fructifica en el desarrollo de la cordialidad. Por
tanto, hace falta volver a sentir ese hermanamiento común que nos armonice y a
resentirnos menos entre sí, para restaurar una sociedad más humana, más digna
de la persona, que aliente una cultura y un culto leal, revalorizado en el amor
y no en el poder, en la poesía y no en el pedestal. Tendremos, entonces, una
igualdad armoniosa; que regenerará nuestro tránsito por aquí abajo, sabiendo
que la mística es el acorde de la paz celestial en el latir de los terrestres.
Hoy más que nunca requerimos embellecernos de esa pulsación
melódica, que nos invita a la práctica de sembrar sonrisas, haciendo brotar el
modelo de una corpulencia transfigurada en el verso, para que seamos
protectores de avenencias y no depredadores, alejados de la enemistad, como
espíritu contaminante destructivo. La cercanía entre análogos es fundamental,
abecedario de la amistad. La transformación evolutiva no sólo concierne a la
conciencia del ser, sino también al estilo de las relaciones, que andan sedientas
de espíritu conciliador y de entereza. Además, hemos de continuar trabajando
con la naturaleza y sus diversas zonas renovadas, integrándolas en el entorno
natural de modo solidario. Un espacio pacífico se reconstruye a partir de
corazones humildes entregados a los demás.
Sea como fuere, la restauración de toda savia, nos llama
cada día a sumergir nuestra mirada en el alma y a ver por lo que vivimos,
sentimos y pensamos. Seguramente, a la sazón, descubriremos que nuestra misión
radica en ser cada aurora un poco más acorde con el espíritu poético, donde
nadie por si mismo se recompone, es todo una comunión de latidos y una
conjunción de pausas, que tienen una relación con el brío del donarse. Lo que
nos trasciende es, precisamente, este valor que nos vincula a renacer de lo alto.
Sin embargo, el amor al dinero divide a la comunidad; mientras el auténtico
amor al semejante es lo que nos hace avanzar como poetas en guardia, siempre
vigilantes en el paciente compartir y perseverantes de un edén hecho poema, sin
pena y con la euforia de la alegría.
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Jueves, 30 de Abril del 2026
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