Con una ovación de gala premió el público —que llenaba este
viernes el Marcelo Grande— a Carpe Diem en su participación en la 33ª Muestra
Local de Teatro José María Arcos. Estrenó la compañía “Pasión por Carmen”,
una revisión intensa, barroca, apabullante, vehemente, viva, excesiva,
atronadora, mayúscula —cabrían mil y un adjetivos más— de la conocida obra de
Prosper Mérimée. Y, parafraseando la célebre copla, la de ayer fue más la
Carmen de Berlanga que la de Mérimée. Aunque hayan pasado ya unas horas desde
el final del montaje, uno sigue todavía desbordado, buscando las palabras para
contar lo que pasó anoche en el teatro.
Miguel Ángel Berlanga subió al escenario antes del comienzo
de la obra para dar las gracias al público y poner en antecedentes sobre lo que
iba a verse durante las siguientes dos horas. Su adaptación de la novela de
Mérimée. Una versión barroca, con pinceladas de Georges Bizet, Carlos Saura y
Salvador Távora, y de todos aquellos que alguna vez mostraron su pasión por
Carmen. También tuvo palabras de agradecimiento para todos los que “han luchado
para que podamos estar aquí”.
Un arranque sobrecogedor
“Pasión por Carmen” es tópica —tanto y tan bien que los
clichés resultan bellos— y profundamente romántica. La primera escena fue toda
una declaración de intenciones. El teatro olía a incienso y Semana Santa; había
manolas de luto, un garrote vil, llantos, música cofrade, cirios, un verdugo,
campanas y un piquete con un reo condenado a muerte, Don José, atravesando la
platea camino del cadalso mientras pronunciaba: “La eternidad contigo es
corta”.
Era, como anticipaba Berlanga, Távora, Bizet y Saura, pero
también Francisco de Goya, José Gutiérrez Solana, Enrique Morente, Califato 3/4
y Rosalía. Y tras la muerte del bandolero, el escenario —ese maravilloso
escenario neogótico ideado por Berlanga, MeOne, Pedro García y Carmen
Jiménez— se fundió a negro.
Un flashback llevó entonces al espectador hasta el inicio de
la historia, cuando el arqueólogo francés —Mérimée para Berlanga— conoce a Don
José Lizarrabengoa, navarro de Elizondo, militar venido a menos y convertido
ahora en bandolero. “En España, con un cigarro se entra en la amistad”, dice el
francés. Y, en capilla, Don José le relata sus amores con Carmen, la gitana de
Triana que se cruzó en su camino, lo apartó del Ejército y terminó
arrastrándolo hacia el delito.
Mucho, muchísimo teatro
En ese recorrido por la historia de Carmen, Carpe Diem no
escatima absolutamente nada. La compañía le da todo al respetable. Y por
momentos es fácil olvidar que estamos ante un grupo amateur. Las escenas se
suceden, cada cual más impactante, mientras la escenografía fluye y evoluciona
llevando al público de una venta a un cuartel; de la fábrica de tabacos a una
casa de Triana; de Sevilla a Granada, Gibraltar o la sierra.
Los cambios de vestuario son constantes y convincentes —el
de Don José llega incluso a convertirse en parte del propio proscenio—. Hay flamenco,
alegría y tristeza, música en directo, navajas en la liga, peleas a cámara
lenta con ecos de Tarantino y escenas de amor tórridas. Y mucho, mucho
teatro.
Un reparto enorme
Y qué decir del reparto. Berlanga urde con el gran elenco de
Carpe Diem una obra profundamente coral, en la que cada personaje suma y
sostiene el engranaje de una propuesta tan ambiciosa como compleja, aunque
claramente destaquen los protagonistas. Lola Blanco es capaz de dar vida a
una Carmen única, andaluza, pero sin excesos, desenfadada, sensual, alegre
o dramática y colérica cuando llega el caso. Empoderada y libre, le dice a Don
José: “Carmen siempre será libre. Solo ama instantes”. Blanco regaló algunos
momentos de enorme altura interpretativa.
José Vicente Martínez borda un Don José que va in
crescendo. El actor es capaz de dibujar a un ingenuo soldado y mostrar,
apretando poco a poco el trazo dramático, cómo termina convertido en un
bandolero consumido por la pasión. Contenido y creíble, Martínez actúa con una
sencillez que solo dan el trabajo y la experiencia. Su monólogo final,
convertido en una letanía llena de dramatismo y referencias cofrades y
religiosas, con una marcha de Semana Santa sonando de fondo, puso los pelos
de punta al patio de butacas.
Y “Pasión por Carmen” cuenta además con un elenco magnífico
que sostiene la función con solvencia y naturalidad. Ángel Berzosa da vida a un
Mérimée creíble y contenido y a un inflexible coronel; Daniel Grueso encarna
varios personajes, entre ellos Antonio —el criado del francés— y El Remendado,
todos con un inequívoco aire andaluz; mientras Cristina Marín afronta varios
papeles histriónicos y llenos de comicidad con el buen hacer que le
caracteriza. Junto a ellos, Graciela Berlanga, Rubén Moreno, Saúl Berzosa,
Inmaculada Valero, Ángela Berzosa, Almudena Morago, Montse García, José María
Apio y Pedro García Ocaña completan un reparto brillante y solvente, capaz
de mantener la naturalidad en una obra que fácilmente podría precipitarse hacia
el exceso. Se notan las horas de trabajo y, sobre todo, lo mucho que todos
disfrutaron encima del escenario.
Un gran trabajo técnico
El equipo técnico, además, estuvo a la altura de un montaje
de gran formato. El diseño de iluminación y sonido corrió a cargo de Lola
Blanco y Pedro García, mientras que la mesa de iluminación y sonido estuvo
coordinada por Miguel Ángel Berlanga y Monserrat Quevedo. La realización
de la escenografía fue desarrollada por Rafael Rodrigo (MeOne), Pedro García
y Carmen Jiménez. El diseño y realización del vestuario llevó la firma de Luisa
González y Miguel Ángel Berlanga, con Teresa Benito como ayudante de
vestuario y atrezo. La regiduría correspondió a Mercedes González,
mientras que la coreografía fue diseñada por Noelia Serrano y Lola Blanco.
El cartel y la fotografía promocional son obra de Ángeles Huertas; el
vídeo fue realizado por David Mansilla y la fotografía escénica
correspondió a Anabel Corral. Miguel Ángel Berlanga fue además
responsable de la adaptación, dirección y montaje de la obra, así como
del diseño de escenografía y la selección musical.
Como anticipábamos al inicio de esta crónica, el público,
puesto en pie, premió a Carpe Diem con una larga y merecidísima ovación.
Miguel Ángel Berlanga salió a saludar emocionado tras una noche que ya forma
parte de la historia reciente de la Muestra Local de Teatro José María Arcos.
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