Gregorio Moya atiende al teléfono en mitad de la
faena. Pide unos minutos porque tiene que cargar un camión en el almacén de
sal de Tomelloso donde sigue trabajando. Después regresa a la conversación con
naturalidad, habla del flamenco, de la precariedad del artista o de la vida
humilde de la que nunca ha renegado. El cantaor argamasillero vive uno de los
momentos más importantes de su carrera, pero mantiene los pies en el suelo.
El próximo 31 de mayo recogerá en Cuenca el reconocimiento como Hijo Predilecto
de Castilla-La Mancha, un galardón que llega apenas unos meses después de
conquistar la prestigiosa Lámpara Minera.
“Si quisiera, podría vivir del cante”, admite Moya.
Pero aflora enseguida la prudencia del hombre trabajador que nunca ha terminado
de fiarse del éxito. Explica que ganar dinero con el flamenco es posible,
incluso más que en su empleo actual, aunque no se atreve todavía a abandonar un
trabajo fijo. “Me da mucho apuro dejarlo. Yo soy de familia trabajadora y
estoy acostumbrado a esto”, asegura. A sus cuarenta años, piensa más en la
estabilidad que en los impulsos.
“Ser de Castilla-La Mancha en el flamenco sigue pesando”
Moya recibió con enorme alegría el nombramiento como Hijo
Predilecto de Castilla-La Mancha. Lo considera uno de los reconocimientos más
importantes de su vida y cree que pone el broche a un año extraordinario. “La
verdad es que es un reconocimiento muy importante y no todos los días se recibe
una mención de este nivel”, explica.
Sin embargo, el cantaor insiste en que el premio no es solo suyo. Lo entiende también como un homenaje colectivo a los artistas flamencos de la región. “Yo lo veo como un reconocimiento a toda la gente de Castilla-La Mancha que está luchando por hacerse un hueco en el flamenco”, apostilla.
Porque abrirse camino lejos de Andalucía sigue siendo
complicado. “Cuando partes con la etiqueta de que eres de Castilla-La
Mancha, no es igual”, lamenta. Incluso dentro de la propia región, asegura
que muchas veces se valora más al artista llegado de Sevilla o Córdoba que al
cantaor local.
El argamasillero reivindica el peso histórico del flamenco
manchego y recuerda que localidades como Tomelloso, La Solana, Valdepeñas o
Alcázar han mantenido siempre una importante tradición. Y presume especialmente
de su pueblo. “Argamasilla de Alba, con 7.000 habitantes, tiene una Lámpara
Minera y un Bordón Minero. Eso es para resaltarlo”, afirma con orgullo.
“Lo difícil no es ganar, lo difícil es mantenerse”
La conquista de la Lámpara Minera supuso un antes y un
después en su carrera. No solo por la repercusión mediática, sino porque
entiende el premio como la culminación de muchos años de pelea silenciosa. “Es
el concurso más importante del mundo flamenco y conseguirlo siendo de La Mancha
es complicado”, reconoce.
Aunque el premio le ha abierto puertas y multiplicado las
llamadas, Moya no se deja deslumbrar. “Lo difícil no es ganar un premio, lo
difícil es mantenerse”, reflexiona. Recuerda que muchos artistas
desaparecen del circuito pocos años después de lograr grandes galardones. Por
eso insiste en que hay que seguir “llamando puertas”, cantando en peñas y
defendiendo el estilo propio.
El suyo, cercano a Enrique Morente, deja claro, está lejos
de las modas. “Me gusta mi cante tradicional, lo de siempre”, resume.
Nunca se ha planteado buscar caminos más comerciales ni acercarse a la copla o
al llamado “flamenquito”. “Hay formas de intentar buscar más dinero, pero no
es mi sitio”, sentencia.
El flamenco como verdad y como memoria
Moya habla del flamenco casi como una necesidad vital. Cree
que el cante solo funciona cuando nace de algo verdadero. “Tiene que haber
un motivo para que lo que tú cantes te salga de dentro. Esa es la única manera
de llegar a la gente”, explica.
Sus letras nacen del trabajo, del campo, del amor, de las
dificultades cotidianas y de la memoria de la gente humilde. “El flamenco
nace de la gente más humilde. Era la forma de desahogarse en la mina o en el
campo”, recuerda.
Y aunque reconoce que los tiempos han cambiado, sigue viendo
el flamenco como una forma de contar la vida real. “Ahora tenemos mejores
casas y mejores coches, pero el que tiene que ir a trabajar sigue teniendo que
ir a trabajar”, dice.
También lamenta que el cante más ortodoxo continúe siendo
minoritario y que el público joven conecte más con los espectáculos de baile
que con un cantaor acompañado únicamente por una guitarra. “El cante
flamenco es eso: cante y guitarra”, reivindica.
Un disco nuevo y un documental sobre su vida
Mientras siguen llegando actuaciones, Gregorio Moya prepara
nuevos proyectos. Entre ellos, un nuevo disco y un documental sobre su
trayectoria impulsado por el productor Tony Garrido. La idea le emociona
especialmente porque permitirá contar sus orígenes y su vínculo con el flamenco
desde niño. “Va a quedar para siempre, para la historia. Al final es plasmar
tu vida”.
El documental recorrerá sus años trabajando en el campo, sus
comienzos escuchando flamenco y el camino que lo ha llevado desde Argamasilla
de Alba hasta convertirse en una de las voces más reconocidas del flamenco
actual.
Y mientras tanto, Gregorio Moya seguirá compaginando los escenarios
y los camiones de sal. Eso sí, sin perder nunca de vista de dónde viene.
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Sábado, 30 de Mayo del 2026
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Domingo, 31 de Mayo del 2026
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