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Gregorio Moya: “El flamenco sigue siendo el grito de la gente humilde que lucha para salir adelante”

El cantaor de Argamasilla de Alba recibe este domingo el título de Hijo Predilecto de Castilla-La Mancha tras un año histórico marcado por la Lámpara Minera

Francisco Navarro | Domingo, 31 de Mayo del 2026
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Gregorio Moya atiende al teléfono en mitad de la faena. Pide unos minutos porque tiene que cargar un camión en el almacén de sal de Tomelloso donde sigue trabajando. Después regresa a la conversación con naturalidad, habla del flamenco, de la precariedad del artista o de la vida humilde de la que nunca ha renegado. El cantaor argamasillero vive uno de los momentos más importantes de su carrera, pero mantiene los pies en el suelo. El próximo 31 de mayo recogerá en Cuenca el reconocimiento como Hijo Predilecto de Castilla-La Mancha, un galardón que llega apenas unos meses después de conquistar la prestigiosa Lámpara Minera.

Si quisiera, podría vivir del cante”, admite Moya. Pero aflora enseguida la prudencia del hombre trabajador que nunca ha terminado de fiarse del éxito. Explica que ganar dinero con el flamenco es posible, incluso más que en su empleo actual, aunque no se atreve todavía a abandonar un trabajo fijo. “Me da mucho apuro dejarlo. Yo soy de familia trabajadora y estoy acostumbrado a esto”, asegura. A sus cuarenta años, piensa más en la estabilidad que en los impulsos.

“Ser de Castilla-La Mancha en el flamenco sigue pesando”

Moya recibió con enorme alegría el nombramiento como Hijo Predilecto de Castilla-La Mancha. Lo considera uno de los reconocimientos más importantes de su vida y cree que pone el broche a un año extraordinario. “La verdad es que es un reconocimiento muy importante y no todos los días se recibe una mención de este nivel”, explica.

Sin embargo, el cantaor insiste en que el premio no es solo suyo. Lo entiende también como un homenaje colectivo a los artistas flamencos de la región. “Yo lo veo como un reconocimiento a toda la gente de Castilla-La Mancha que está luchando por hacerse un hueco en el flamenco”, apostilla.


Porque abrirse camino lejos de Andalucía sigue siendo complicado. “Cuando partes con la etiqueta de que eres de Castilla-La Mancha, no es igual”, lamenta. Incluso dentro de la propia región, asegura que muchas veces se valora más al artista llegado de Sevilla o Córdoba que al cantaor local.

El argamasillero reivindica el peso histórico del flamenco manchego y recuerda que localidades como Tomelloso, La Solana, Valdepeñas o Alcázar han mantenido siempre una importante tradición. Y presume especialmente de su pueblo. “Argamasilla de Alba, con 7.000 habitantes, tiene una Lámpara Minera y un Bordón Minero. Eso es para resaltarlo”, afirma con orgullo.

“Lo difícil no es ganar, lo difícil es mantenerse”

La conquista de la Lámpara Minera supuso un antes y un después en su carrera. No solo por la repercusión mediática, sino porque entiende el premio como la culminación de muchos años de pelea silenciosa. “Es el concurso más importante del mundo flamenco y conseguirlo siendo de La Mancha es complicado”, reconoce.

Aunque el premio le ha abierto puertas y multiplicado las llamadas, Moya no se deja deslumbrar. “Lo difícil no es ganar un premio, lo difícil es mantenerse”, reflexiona. Recuerda que muchos artistas desaparecen del circuito pocos años después de lograr grandes galardones. Por eso insiste en que hay que seguir “llamando puertas”, cantando en peñas y defendiendo el estilo propio.

El suyo, cercano a Enrique Morente, deja claro, está lejos de las modas. “Me gusta mi cante tradicional, lo de siempre”, resume. Nunca se ha planteado buscar caminos más comerciales ni acercarse a la copla o al llamado “flamenquito”. “Hay formas de intentar buscar más dinero, pero no es mi sitio”, sentencia.

El flamenco como verdad y como memoria

Moya habla del flamenco casi como una necesidad vital. Cree que el cante solo funciona cuando nace de algo verdadero. “Tiene que haber un motivo para que lo que tú cantes te salga de dentro. Esa es la única manera de llegar a la gente”, explica.

Sus letras nacen del trabajo, del campo, del amor, de las dificultades cotidianas y de la memoria de la gente humilde. “El flamenco nace de la gente más humilde. Era la forma de desahogarse en la mina o en el campo”, recuerda.

Y aunque reconoce que los tiempos han cambiado, sigue viendo el flamenco como una forma de contar la vida real. “Ahora tenemos mejores casas y mejores coches, pero el que tiene que ir a trabajar sigue teniendo que ir a trabajar”, dice.

También lamenta que el cante más ortodoxo continúe siendo minoritario y que el público joven conecte más con los espectáculos de baile que con un cantaor acompañado únicamente por una guitarra. “El cante flamenco es eso: cante y guitarra”, reivindica.

Un disco nuevo y un documental sobre su vida

Mientras siguen llegando actuaciones, Gregorio Moya prepara nuevos proyectos. Entre ellos, un nuevo disco y un documental sobre su trayectoria impulsado por el productor Tony Garrido. La idea le emociona especialmente porque permitirá contar sus orígenes y su vínculo con el flamenco desde niño. “Va a quedar para siempre, para la historia. Al final es plasmar tu vida”.

El documental recorrerá sus años trabajando en el campo, sus comienzos escuchando flamenco y el camino que lo ha llevado desde Argamasilla de Alba hasta convertirse en una de las voces más reconocidas del flamenco actual.

Y mientras tanto, Gregorio Moya seguirá compaginando los escenarios y los camiones de sal. Eso sí, sin perder nunca de vista de dónde viene.

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