“Es
vital el fomento de la cultura del abrazo sincero, para poder entrar en
conversación. Por ello, se requiere jugar limpio, que es como se gana la
confianza entre las civilizaciones, a fin de fortalecer las relaciones entre
las naciones y reforzar la adhesión mundial”.
La humanidad requiere ponerse las pilas, o sea, ser más
corazón que coraza. No podemos continuar con esta situación de bochornos
inestables y de acciones inhumanas, que nos sorprenden a diario por cualquier
esquina del planeta. Necesitamos salir de estos empedrados de pasividad y
ponernos en la acción solidaria a caminar juntos, para reencontrarnos
afablemente, en esta época en el que la inteligencia artificial ya afecta a
muchos perímetros de nuestra existencia e incide en decisiones que modelan la
convivencia. Desde luego, es vital el fomento de la cultura del abrazo sincero,
para poder entrar en conversación. Por ello, se requiere jugar limpio, que es
como se gana la confianza entre las civilizaciones, a fin de fortalecer las
relaciones entre las naciones y reforzar la adhesión mundial.
En comunión y en comunidad todo se logra, lo significativo
es tener claro el camino a seguir, que no es otro, que el de la concordia.
Quizás tengamos que ramificarnos a una paz más mística que mundana, más de
espíritu justo que de ausencia de contiendas. En consecuencia, el recurso a los
artefactos no es la solución para dirimir los litigios, sino la mano tendida y
extendida siempre, totalmente desarmados y con el lenguaje del entendimiento,
que es lo que nos hace mantener viva la cuestión de lo humano. Tanto es así,
que tampoco avanzamos, sin la reconstrucción de aprender a reprenderse uno
mismo, para poder servir, dándonos. En efecto, somos ciudadanos en servicio,
con pulso libre e intelecto dotado de conciencia, capaz de reencontrarnos y de
hacer hogar en nuestra casa común.
Esto requiere estar en guardia, con voluntad de auténtico penitente
poeta, observando la diversidad y ejercitando el espíritu creativo, para hallar
un terreno común a la hora de abordar los apremiantes retos actuales, franqueando
los choques de intereses y de ignorancias, que no es nuestra misión, sino la de
contribuir en última instancia a una ambiente armónico, donde reine el
bienestar, el desarrollo y el progreso. Ciertamente somos una realidad
universal, pluralista, que no debe ascenderse, sino bajarse y hacer
recogimiento, en favor de un espacio donante, patrimonio del verso y la
palabra, donde la fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo, se
traduzca en un compromiso tan enérgico como real.
Hoy más que nunca tenemos que abandonar estas narrativas
mundanas, que suelen ser muy políticas pero nada poéticas. Sólo hay que ver, su
afán de alejar y desunir, para sentir la poca sintonía y la falta de respeto,
que nos tenemos los ciudadanos entre sí. Sin duda, hemos de despertar de este
mezquino sueño, sabiendo que únicamente unidos lograremos alzar un futuro, no
para los privilegiados de siempre, sino para toda la genealogía humana. Precisamos,
pues, ser personas de bien, gentes de palabra, haciendo madurar lo que somos,
la vivificante historia de la civilización del amor de amar amor. Esto se
refrenda, no con armas, sino poniendo alma en aquello que se hace, lo que se
requiere destronar muros y abrir horizontes de esperanza.
El aluvión de adversidades nos demanda el encuentro, jamás
el encontronazo. Naturalmente, debemos recobrar el apasionamiento del equipo en
las cosas necesarias, siendo humanitarios y libres en todo momento, sabiendo
además que la convicción mueve montañas, porque la caridad bien entendida,
empieza por uno mismo a regenerarnos. Lo hemos podido contemplar, en la
multitud de miradas de jóvenes que acudieron a la Plaza de Lima (Madrid), en la
Vigilia de oración, dentro del viaje apostólico a España, del Papa León XIV,
donde los organizadores diseñaron un festival de fe sensatamente vivido,
combinando la música, con los testimonios y la oración. Son, precisamente, estos
entornos resplandecientes; los que nos transfiguran y nos trascienden. ¡Qué se
propaguen!
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Domingo, 7 de Junio del 2026
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