Deporte

José Eugenio Ortiz y José María Serna fueron dos colosos en la Milán-San Remo

Ambos cuentan como vivieron su participación en una de las grandes pruebas del ciclismo

La Voz | Miércoles, 10 de Junio del 2026
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Amore infinito, la pasión eterna por el ciclismo que quisieron honrar los ciclistas veteranos de Tomelloso José María Serna y José Eugenio Ortiz en esta última Gran Fondo que completaban en su palmarés: la de realizar los cinco Monumentos del ciclismo, pruebas amateurs que emulan a las cinco clásicas por excelencia.

La última, la denominada “La Classicissima”, parte desde las afueras de Milán hasta San Remo, recorriendo 307 kilómetros llenos de historia. Lo que no entraba en los planes, según nos cuenta José Eugenio Ortiz, era acabar 10º a sus 49 años. Esta crónica la hacen los propios protagonista de la gesta.

Un accidente de última hora de José María trastocó un poco los planes previstos de realizarla juntos. Él tenía dudas de acabar y, digamos, me dio carta de libertad. Acabar era una hazaña, sobre todo en sus circunstancias, como así se lo reconocí.

Por mi parte, me dediqué a sobrevivir durante los primeros 180 kilómetros en el pelotón principal. Y digo sobrevivir porque las carreteras están en muy mal estado, hay muchos nervios y el tráfico no termina de estar del todo cerrado. Italia, en este aspecto, es una auténtica locura.

Aun así, llevábamos una media de 40 km/h. En el kilómetro 150 éramos unos 120 corredores de los 600 que salimos, pero tras el Passo del Turchino quedamos unos 40. Bajamos a la costa de Liguria con 200 kilómetros en las piernas y quedaba lo más duro.

En Capo Mele me filtro en una escapada con otros cuatro corredores. No me lo podía creer: «¿De verdad estoy liderando la Milán-San Remo?» Yo no venía a esto.

Setenta kilómetros escapado. Capo Cervo y Capo Berta. Se van dos y quedamos dos por detrás. Paso tercero por la Cipressa, pero en la bajada nos alcanza un grupo de unos diez corredores. La gente se la juega de una manera que… yo no estoy en esa condición. Nos queda el famoso Poggio de San Remo: tres kilómetros para arriba y tres kilómetros para entrar en San Remo.

Llegamos a meta. No hay sprint. Podía haber sido 5º o 12º; nos daba igual. Solo nos abrazábamos y felicitábamos porque aquí lo importante es llegar. 8h 30 me marca el reloj, justo lo que estimé. Lo que no esperaba era estar tan arriba.

Espero en meta a José María. La hazaña estaba completada. Diecisiete puntos en la cabeza y aquí estás. Estamos locos. Bendita locura.

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