No podía ser de otro modo.
Nada más juntarnos en la puerta de la cafetería Ciri me pregunta por los
ocupas. Los gorriones de los que venimos hablando semanas anteriores. Están bien y siguen creciendo, no me
preguntes cuántos hay, porque no lo sé, te comenté que no los molestamos, tengo
alguna foto sacada de lejos, pero nada más. Según se vayan produciendo las
noticias te las pasaré.
Es normal en mi amigo,
enamorado de la naturaleza y de los animales, respetuosísimo con su cuidado y
mantenimiento, está siguiendo día a día el devenir de la pareja de gorriones,
que hizo nido en la parra de mi patio.
Coincidimos los dos,
mientras preparamos los cafés, en el éxito de la visita de León XIV. El
compañero está viviendo unas vacaciones de lujo sentado en el tresillo frente
al televisor. No ha perdido ninguno de los discursos, visitas o actividades del
Papa y, sin haber terminado estos, da comienzo el mundial de fútbol. Me comenta
que si hubiera tenido dos televisores, ayer los hubiera conectado uno a cada acontecimiento.
—Hubieses necesitado los
ojos de un camaleón, orientados hacia las pantallas o los de los árbitros que
ven hasta por la espalda.
Nos reímos con ganas sin
perder de vista las magdalenas. Unos instantes para degustar los manjares. Como
siempre inmejorables. Ciri levanta la mano libre de cucharita y comenta:
—Llevo unos días sin parar
de dar vueltas a un asunto difícil, casi los mismos que el Santo Padre en
nuestro país. Necesito saber tu opinión.
—Dime de qué se trata, sabes
que si puedo ayudarte, estaré encantado.
—Igual que yo cristiano practicante,
hay miles de personas, diría sin medo a equivocarme, cientos de miles que han
oído los discursos, alocuciones, comentarios, respuestas, explicaciones, etc.
de Prevost. Le han dedicado aplausos interminables, entre ellos el del Congreso
Español de los Diputados. No creo que convenza a todo el mundo, pero esas
respuestas del público denotan que están muy de acuerdo con lo que dice. Mi
pregunta es parecida a la que le hicieron a Jesús las autoridades religiosas de
su pueblo: ¿Con qué autoridad haces esto? Yo cambiaría “haces” por “dices”.
—Con la autoridad que le
concede el ser Papa de la Iglesia Católica.
—Yo no me refiero a eso,
—replica el compañero— poseer tal puesto en el mundo le da posibilidades de
hablar o actuar en miles de púlpitos, micrófonos diríamos, para entendernos
mejor. Yo apunto a algo más allá, creo que no se trata de su cargo de pontífice,
porque las personas agnósticas o ateas no valorarían positivamente sus tesis y
sin embargo las admiten y comparten.
—Claro, Ciri, no puedes
olvidar que ninguna religión agota el
pensar ni el saber ni la riqueza, que tiene la raza humana en el ámbito
intelectual. Si algún humano se comunica con otros bien hablando, escribiendo,
por medio de imágenes, gestos, posturas, la
mayor parte del resto de humanos lo comprenderán. Un ejemplo simple nos
valdrá: ves una persona con los brazos caídos, andando con las piernas semi dobladas,
comprendes enseguida que ese individuo está muy cansado.
—Quieres decir que del mismo
modo que los gestos son comprensibles para muchas personas, se comparten ideas, necesidades,
aspiraciones, etc. Indistintamente que estemos de acuerdo con ellas o no. Ahora
pongo yo un ejemplo: La necesidad de que la humanidad viva en paz; en eso
estamos todos de acuerdo menos los asesinos, belicistas y explotadores.
—Ciertamente. Puedo añadir
que en el ámbito de la Filosofía, concretamente en Ética y Psicología se habla
de conciencia colectiva humana, incluye comportamientos, conocimientos,
creencias, valores que comparten los individuos de una determinada tribu,
nación, o sociedad. Esa conciencia interviene directamente en la cultura,
organiza los sistemas de comportamientos, e incluso trabaja la sensación de pertenencia.
Todo de modo natural y heredado de los progenitores.
—Esto es muy interesante.
Por lo tanto el Papa, reconocida autoridad moral en el mundo y con sobrados
conocimientos, es capaz de desentrañar objetivos comunes a los habitantes de cualquier
nación, aunque no compartan con él la fe en Dios.
—Puedo añadirte que el
psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, muy
relacionado con Sigmund Freud, habla del inconsciente colectivo, más profundo que la mente humana,
compuesto por arquetipos heredados y universales compartidos por toda la
humanidad.
—Lo que no entiendo es qué
relación tiene esto último que me estás diciendo con el mensaje del Papa.
—Todo ayuda a comprender el
fenómeno más llamativo por colorista del que hablábamos antes: Un discurso del
León XIV en el parlamento español repleto de políticos actuales y pasados,
componentes del arcoíris político desde la izquierda más radical a la derecha más
extrema, aplaudido durante siete minutos. ¿Aplauden porque refleja las ideas
que defiende su grupo o las suyas propias y aun siendo contrarios a cualquier
religión? Sí, porque el espectro del pensamiento y el comportamiento humano
rebasa con creces cualquier creencia religiosa, por muy verdadera que sea para sus
adeptos.
Salimos como siempre
contentos de nuestra convivencia de amigos, a veces como hoy con temas que nos
hacen pensar, lo cual es muy bueno para la mente y para saber qué hay que hacer
en la vida.
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Sábado, 13 de Junio del 2026
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