Tras la tercera ceremonia de inauguración de este mundial transnacional, igual de espectacular o más que la de Canadá y México, Estados Unidos prolongó la fiesta en el rectángulo de juego. Con una indumentaria muy granadina, los americanos ofrecieron los mejores primeros 45 minutos de lo que va de Mundial. Una deliciosa propuesta que encantó a los aficionados americanos y a los amantes del buen fútbol Pulisic tomó el mando y Paraguay, una de esas selecciones que siempre suele dar guerra, empezó a sufrir. Un gol en propia puerta marcó el inicio del suplicio guaraní. El segundo y el tercero, goles de pura orfebrería en su origen, desarrollo y finalización, llegaron antes del descanso, y liquidaron el partido.
Aunque recortaron distancias los paraguayos en el segundo tiempo, siguieron siendo infinitamente los americanos con un fútbol vertical, de alto ritmo, calidad técnica y buenas finalizaciones. Como la de Reyna en el definitivo, 4-1. Su golpeo con el exterior es marca reservada a grandes futbolistas. La puso en el palo largo, imposible para el portero a pesar de su felina estirada. Son de esos goles que valen el precio de una entrada, aunque sea cara.
El sueño americano podría llegar también de la mano del fútbol o el soccer que llaman por esos lares.
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