Todavía quedan en la memoria los muchos, multitudinarios e intensos actos celebrados en España por el Papa León XIV. Las cifras oficiales hablan por sí solas: 2,5 millones de participantes en 21 actos. Todos ellos muy emotivos, El propio León XIV ha querido expresar en su mensaje de despedida al pueblo español parte de los sentimientos vividos: “Regreso a Roma conmovido por el gran afecto con el que me han recibido y reconfortado por los testimonios de fe y de amor a la Iglesia, expresiones del gran corazón católico de España”.
Durante estos días ha sido fácil retrotraerse a los tiempos de Jesucristo, sus visitas por diferentes aldeas y ciudades, la cercanía de las gentes sin importarles las incomodidades, cansancios, enfermedades o limitaciones físicas. No había medida de tiempo. El Maestro lo abarcaba todo. Sus gestos, sus miradas ¡sus milagros!, cautivaban a todos cuantos le seguían.
Es llamativo el poder de atracción de los Papas, unos hombres entrados en años, con poco o ningún poder mediático, nada influencers en redes sociales, cuyas apariciones en público se centran cada domingo en la Plaza de San Pedro ante los fieles allí concentrados, salvo cuando emprenden viajes apostólicos a países fuera del Estado del Vaticano. Todo empezó con san Juan Pablo II -visitó 129 países durante su pontificado-, después Benedicto XVI, el Papa Francisco y actualmente, León XIV. Millones de seguidores, de distintas edades, familias enteras, jóvenes volcados en el seguimiento al Sucesor de Pedro. Es uno de los títulos que lleva consigo el Papado, pero hay otro más, superior podríamos decir, y más sacro: el Vicario (representante) de Cristo en la Tierra. Santa Catalina de Siena gustaba llamar al Papa el “dulce Cristo en la Tierra”. Entiendo que es un carisma que lleva implícito el papado. Así se ha demostrado a lo largo de esta semana en la que León XIV ha estado entre nosotros.
Hemos seguido sus gestos, sus sonrisas, su semblante sereno, apacible, conciliador. Y al igual que Cristo, también nos ha hablado.
Cuando su predecesor, León XIII, publicó en 1891 la Encíclica Rerum novarum, algunos criticaron que la Iglesia se ocupase de materias mundanas cuando la preocupación debía estar en alcanzar la vida eterna. Esa encíclica nació de una profunda ponderación sobre cuestiones tan básicas en el modo de vivir como la sociedad, la política y la economía. Así surgió la Doctrina Social de la Iglesia con el objetivo de discernir a la luz del Evangelio sobre la manera de convivir en armonía desde y entre diferentes panoramas sociales que conforman la sociedad. Nos impele a ello el Papa Leon XIV en su primera encíclica: “Hoy, la Doctrina Social de la Iglesia es un patrimonio de sabiduría, en el que encontramos principios para pensar, criterios para discernir y juzgar, y orientaciones concretas para actuar” (Magnifica Humanitas, Papa León XIV, 2026).
Qué bueno es preguntarse cómo hubiéramos reaccionado de haber sido contemporáneos de Cristo en sus innumerables visitas a pueblos, ciudades y aldeas de su entorno. Pero también ilusiona pensar cómo hubieran reaccionado los contemporáneos de Cristo si hubieran vivido en algunas de las ciudades visitadas por el Papa León XIV. Estoy convencido que la reacción habría sido similar a la que hemos tenido los millones de cristianos ante la visita de quien el 8 de mayo de 2025 dejó de ser Robert Francis Prevost para convertirse en el 267º Papa de la Iglesia católica.
¡Hasta su próxima visita, Santo Padre!
José Vicente Cepeda Plaza
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Martes, 16 de Junio del 2026
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