Hoy, al cerrar el libro de este primer curso de la ESO de mi hijo Carlos, no solo siento alivio. Siento, sobre todo, una inmensa gratitud.
Como madre de una persona con Trastorno del Espectro Autista (TEA), el camino hasta llegar aquí no ha sido fácil.
Todo comenzó en 2024, cuando Carlos cursaba sexto de Primaria en el Colegio Topete. Fue entonces cuando inicié una larga andadura para encontrar el centro de Secundaria más adecuado para él. Recuerdo perfectamente ese cuaderno que aún conservo, lleno de anotaciones, fruto de innumerables reuniones de coordinación entre los servicios de orientación, el equipo directivo del instituto, la Delegación de Educación y los distintos profesionales implicados.
No fue un proceso sencillo. Hubo dudas, preocupaciones y muchas conversaciones. Pero todas las partes trabajamos con un objetivo común: el bienestar y el futuro de Carlos.
Tras valorar las distintas opciones, tomamos la decisión de que su camino continuara en el Instituto Airén.
Hoy, al finalizar primero de la ESO, puedo decir con orgullo y alegría que Carlos ha aprobado todas las asignaturas. Lo ha conseguido gracias a su esfuerzo, a su constancia y a su capacidad de superación. Pero también gracias a un sistema educativo que ha sabido acompañarle.
Contar con el apoyo de los profesionales de Pedagogía Terapéutica (PT) y del Auxiliar Técnico Educativo (ATE) ha sido fundamental. Gracias a ello, ha podido seguir el ritmo de sus compañeros sin necesidad de adaptaciones curriculares significativas, demostrando que, cuando existen los apoyos adecuados, muchos de los límites que creemos infranqueables comienzan a difuminarse.
Por eso quiero expresar mi más profundo agradecimiento a todas las personas que forman parte de la comunidad educativa del Airén.
Gracias al equipo directivo y docente, por su profesionalidad, su compromiso y su capacidad de escucha.
Gracias a su tutor y a cada uno de sus profesores, tanto a quienes le han impartido clase como a quienes han tenido una palabra amable, una sonrisa o un gesto de cariño en los pasillos.
Gracias también al personal no docente: conserjería, limpieza y cantina. Vuestra labor diaria contribuye a que el instituto sea un lugar amable, seguro y acogedor.
Y gracias a AFAS y AMAS, por vuestro apoyo constante y por una labor que resulta tan necesaria como valiosa.
Este ha sido un año duro. Un curso lleno de retos, aprendizajes y momentos de incertidumbre. Pero hoy, al mirar atrás, puedo decir bien alto y con toda la fuerza de mi corazón que creo en la inclusión. Creo en la inclusión con mayúsculas.
Creo en una escuela que no deje a nadie atrás. Creo en los profesionales que entienden que cada alumno necesita su propio camino para alcanzar las mismas metas. Creo en la coordinación, en la voluntad y en la humanidad.
Gracias por demostrarme que, cuando todo eso se une, las barreras dejan de parecer insalvables y las oportunidades se convierten en realidad.
Ana Belén Navarro
Presidenta de TEAcompaño Castilla-La Mancha y madre de Carlos.
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