Opinión

El arte de caminar sin miedo

Juan Romero Gómez | Jueves, 25 de Junio del 2026
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Hay una edad en la que la vida cabe en un juego. Una edad en la que un raíl se convierte en un camino de aventuras y un puñado de hojas otoñales parece un trofeo conquistado al tiempo. Sobre el filo de un raíl, donde el mundo parece dividirse entre el equilibrio y la caída, una niña avanza con la seguridad de quien aún no conoce el peso de los miedos.

Extiende los brazos como si quisiera abrazar el viento, y en su mano alzada sostiene un pequeño ramo de hojas doradas, un tesoro sencillo que para ella vale más que cualquier joya.

A su alrededor, el bosque se viste de sombras y silencios. Los árboles, inmóviles y grises, parecen observarla en su recorrido. Sin embargo, en medio de esa platea apagada, ella brilla. No por la ropa que lleva ni por las hojas encendidas del otoño, sino por esa luz invisible que poseen los corazones que todavía saben maravillarse.

Cada paso es una lección. No mira hacia atrás ni se preocupa por cuanto queda por recorrer. Solo disfruta del instante, de la emoción de mantenerse en pie, del juego de desafiar el equilibrio.

Así es a infancia: una travesía donde el presente lo ocupa todo y el mañana apenas existe. Las hojas que levanta hacia el cielo parecen pequeñas llamas encendidas contra la monotonía del paisaje. Son la alegría, la ilusión y la esperanza que los niños llevan consigo sin darse cuenta. Mientras los adultos aprendemos a medir riesgos, a contar pérdidas y a desconfiar de los caminos inciertos cualquier sendero en una aventura y cualquier detalle es un motivo para sonreír.

Quizá por eso esta imagen conmueve tanto. Porque nos recuerda a la persona que fuimos antes de que la prisa nos alcanzara. Nos invita a regresar, aunque sea por un instante, a ese lugar donde caminar era jugar, donde el equilibrio era un reto divertido y donde un puñado de hojas otoñales podía sentirse como el centro de un paisaje gris, la niña nos enseña que la verdadera luz no siempre viene del sol: aveces nace de la capacidad de asombro que llevamos dentro.

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