Opinión

Helios, Bóreas y Ciri

Joaquín Patón Pardina | Sábado, 4 de Julio del 2026
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Saludo caluroso a la entrada de la cafetería entre  mi amigo y yo, en los dos sentidos lo de caluroso por la climatología y por la amistad que nos une. Ahora sí, ahora ya estamos en pleno verano, querido Ciri, no podemos negarlo. 

Ha llegado el verano manchego con sus calores, pero también con las extraordinarias sandías, melones dulces como la miel y los racimos a la sombra de la hojas dorándose y acumulando mosto de calidad de excelencia mundial, sin olvidar pimientos y tomates insuperables en el gusto.

Me ha encargado Julia Flores, la poeta de la que te hablé el viernes pasado, la que había organizado el II Encuentro de Literatura y Música,  que te invite, si te parece bien, a asistir, a una visita guiada en el Centro de Interpretación de la Alfarería Tinajera de Villarrobledo.

—Por supuesto que acepto agradecido la invitación, allí estaré presente, debe ser muy ilustrativo. Todo lo que sea aprender y conocer las raíces de nuestra cultura me deleita.

El contraste del calorcito producido por los cafés y el olor a magdalenas recién hechas enfrentados al fresquito del ambiente producen una percepción  paradisíaca, forjada para encuentros de amigos como nosotros y semejantes.

Masticando un pedazo de magdalena, mi amigo conecta su móvil manipula con el dedo índice y articula unas palabras irreconocibles por oído humano, haciendo unos gestos rarísimos con la boca.

—Ciri, por favor ¿Te has atragantado? Toma un trago de café y respira. Tranquilo, por la nariz… y sueltas el aire por la boca, poco a poco. ¿Pido un vaso de agua al camarero?

—Que no me he atragantado. ¡Leches! Que estoy leyendo la primera frase de una fábula de Esopo. ¡Mira…!

En la pantalla del teléfono se lee una frase en griego clásico. Ahora comprendo mi error al pensar en un ahogamiento del compañero. Tomo el aparato la leo y comprendo.

—Sabes —argumenta el colega— que no me gusta perder el tiempo con juegos o charlas insulsas, así que investigué sobre el calor, el bochorno, el verano… Y encontré en internet una fábula muy interesante al respecto.

La frase que intentaba leer Ciri y que traía copiada como foto en el teléfono es esta: “Βορέας καὶ Ἥλιος περὶ δυνάμεως ἤριζον...” leída sin traducir, queridos lectoras y lectores dice así: Boréas kaí Hélios peri dinámeos érizon…” Ahora os hacéis una idea de la razón de mi susto pensando en su atragantamiento de mi vecino de mesa.

Mi reacción ya tranquilizado es, como podéis sospechar,  reírme e intentar hacerle comprende que el Griego Clásico es muy difícil por más que él quiera leerlo. Con todo termino alabando su afán de saber e investigar con los nuevos métodos que ofrece el ciberespacio. Se “extose” varias veces arrastrando el sonido en ese tono villahermoseño  de reprimenda. Obedezco, cambio y callo.

—Se trata de la fábula de Esopo “El viento y el sol”, y como comprenderás muy ad hoc en estos días, —responde Ciri muy cargado de razón.

Ni puedo ni de debo negarlo, porque así es. Él continúa:

—Discutían cuál de ellos era  más poderoso. Cada uno alardeaba de sus poderes: El Viento de agitar las  tormentas, mover barcos, tambalear e incluso arrancar árboles. El Sol hablaba  de su poder para iluminar, calentar a los seres vivientes, su responsabilidad en el crecimiento de las plantas… 

—Está muy bien traída la fábula, compañero, te felicito.

—Un día quisieron demostrar el uno al otro su superioridad. Se fijaron en un señor en la tierra que iba por un camino, vestido con un abrigo bien abrochado. Concordaron: el que consiguiera que se desprendiera del abrigo, ese sería el ganador.

—Recuerdo vagamente la historia pero no sé decirte quien fue el vencedor.

—Calla y escucha: El Viento comenzó a soplar y soplar…, cada vez el hombre se agarraba más a su abrigo cruzando los brazos y sujetando bien. Cuando le tocó el turno al Sol comenzó a brillar con rayos suaves y cálidos, la temperatura se hizo a agradable y el hombre comenzó a soltar su abrigo, a desabrocharlo y por fin se lo quitó, llevándolo colgado del brazo. Eh aquí que el ganador fue el Sol o Helios mientras que el Viento o Boreas resultó perdedor.

—Muy bonita la fábula, de lo que no me acuerdo es de la conclusión.

—La conclusión es que la amabilidad, el respeto, la calidez en el trato son capaces de cambiar las actitudes de las personas incluidas  las más perniciosas. La fuerza, las embestidas y el poder desaforado no siempre dan resultados necesarios. Los dos (Viento y Sol) siguieron su camino cumpliendo con la función que Physis les había encomendado, desde ahora siendo amigos entrañables, como nosotros.

—Voy a pedirte un favor, Ciri. Después de nuestra charla  valorando altamente lo bien que  habías preparado la historia de Boreas y Helios, que me dejes invitarte a las consumiciones.

—¡Hágase de inmediato! Sus deseos son órdenes. ¡Mi Sargento! —responde el compañero situándose en posición de firmes y saludando con la mano derecha abierta junto a la sien. 

Ponemos de manifiesto nuestro buen humor frente a la enviada disimulada de los vecinos merendantes. 


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