Ustedes son muy jóvenes —como dice la expresión tan popular
en las redes— pero antes, cuando se iba a cortar el agua en un barrio, un
colectivo organizaba un acto o se fallaba, por ejemplo, un certamen artístico,
siempre había alguien que hacía llegar esa información a los medios de
comunicación. Bien redactando una nota de prensa y remitiéndola, bien llamando
por teléfono, o incluso, WhatsApp mediante. Nosotros hacíamos nuestro trabajo y
la información llegaba a los ciudadanos.
Ese paso, tan sencillo como importante, está desapareciendo.
Se está implantando la moda de que instituciones, colectivos
e incluso administraciones optan por anunciar directamente sus novedades en las
redes sociales. No me refiero a contenido menor o de actualidad ligera. Hablo
de cuestiones tan prácticas como un corte de suministro, un cambio de
programación o el resultado de un concurso. Información útil que, en ocasiones,
ni siquiera llega a la redacción de La Voz de Tomelloso. Nos enteramos
igual que cualquier vecino, haciendo scroll.
Abundando en la cuestión, algunos partidos políticos,
entidades y colectivos, publican antes sus comunicados en Facebook, Instagram o
X que los hacen llegar al correo de los periodistas. No creo que sea un
despiste, ni tampoco una cuestión de prisas. Es la nueva forma de entender la
comunicación. En las redes controlan el mensaje, el titular, el tono…, mientras
que al pasar por un medio cabe la posibilidad (remota en muchas ocasiones) de
que ese control se pierda. Todo queda exactamente como quien lo escribió quería
que quedara. Es una comodidad difícil de rechazar.
Las redes sociales son una herramienta extraordinaria.
Rápidas, gratuitas y con un alcance enorme. Pero tienen la manía de que hablan únicamente
para quienes están allí. Quien no tiene Facebook, no usa Instagram o
simplemente no vive pendiente del móvil, queda fuera de la conversación. Y una
administración pública, por ejemplo, no debería comunicar pensando solo en
quienes el algoritmo decide reunir ese día.
Además, una publicación en redes informa; un medio de
comunicación, cuando hace bien su trabajo, informa, contrasta, explica y, de
vez en cuando, pregunta.
No escribo estas líneas porque eche de menos un privilegio
perdido. Los periódicos hace tiempo que dejamos de ser la única puerta de
entrada a la información. Es otra cosa la que me preocupa. Si quienes gestionan
la información prefieren comunicarse sin intermediarios, quizá no estén
buscando llegar a más gente, sino exponerse menos.
Los medios locales —La Voz— seguimos aquí, dispuestos a
contar lo que ocurre en nuestro entorno, en Tomelloso, con el rigor que eso
exige. Pero para hacerlo bien necesitamos que nos lo cuenten a nosotros
también. No pedimos exclusividad, pedimos no ser los últimos en enterarnos de
lo que les importa a nuestros lectores.
En una ciudad como la nuestra, donde todavía nos seguimos
encontrando por la calle y donde las decisiones tienen nombre y apellidos, la
información no debería convertirse en una carrera para ver quién publica
primero en redes. Debería consistir, simplemente, en que los ciudadanos sepan
qué ocurre.
Porque cualquiera puede pulsar el botón de
"publicar". Lo difícil sigue siendo informar.
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