“Los
endiablados sistemas nos adoctrinan tanto que, casi no nos damos cuenta, de
cómo nos volvemos farsantes y agresivos, cultivando la mentira como lenguaje y
la estupidez como norma. Desde luego, somos una generación que tenemos que
despertar, para poder salir de chismes y habladurías, de la riada de hechos
crueles y de falsedades que consumimos”.
Estamos aquí para tejer misiones conjuntas, que sean
constructivas, no destructivas. Sin embargo, el brío mundano, todo suele
confundirlo e infundirlo de veneno, que nos impiden avanzar en el buen sentido
del corazón. Tanto es así, que nuestra propia biografía pensante está
desbordada de contrariedades manifiestas, que revelan un mercado sin ética y un
paisaje sin estética, lo que origina un telar de miserias, que verdaderamente
nos dejan en un estado salvaje, que dificulta entenderse y atenderse
mutuamente. Indudablemente, cada época tiene su propia historia, en esta
ocasión la multitudinaria histeria, nos está dejando sin ideas. Apenas tenemos
tiempo para nosotros, para oírnos y escuchar nuestro propio relato. ¡Qué
desconsuelo más grande!
El ser humano lleva en su interior un poeta consigo, es un
ser contemplativo porque es un ser en realización, que se halla y se descubre,
al tiempo que se enriquece y se curte, en las tramas de sus pasos. Pero, desde
el inicio de nuestros andares por aquí abajo, nuestra propia versión se ve constreñida,
por la infinidad de males violentos y de maldades vertidas que nos marcan. Lo
vital es regenerarse tras las caídas, revolverse en poesía y no en poder, pues
de todas las confabulaciones y tramas se sale, únicamente hay que querer
hacerlo, respirando el amor de amar amor, para entrar en mística sanación. Es
cierto que muchas patrañas nos aletargan e hipnotizan, convenciéndonos de que
precisamos tener, poseer y consumir para estar radiantes. ¡Qué simpleza más
grande!
Los endiablados sistemas nos adoctrinan tanto que, casi no
nos damos cuenta, de cómo nos volvemos farsantes y agresivos, cultivando la
mentira como lenguaje y la estupidez como norma. Desde luego, somos una
generación que tenemos que despertar, para poder salir de chismes y
habladurías, de la riada de hechos crueles y de falsedades que consumimos.
Desde luego, es fundamental que la gente joven con su capacidad de innovar,
liderar y propiciar el cambio, esté tratando de reconstruir vínculos, a través
de sociedades más inclusivas, resilientes y sostenibles. Para que esto
realmente se produzca, hay que actuar. Estamos obligados a que estos seres en
formación reciban el adiestramiento práctico y la educación integral que
requiere y se merece. ¡Qué esperanza más grande!
Sin duda, para aprovechar todo el potencial de las
generaciones continuadoras de nuestra genealogía, hemos de hacer las familias
también un buen propósito de enmienda, volver a ese auténtico calor de hogar
imprescindible para reconstruir nuevos sueños humanitarios, aparte de hacer una
inversión enorme en educación y formación práctica, al menos para zanjar la
brecha de habilidades, que han de contribuir a generar empleos decentes y
medios de vida sostenibles, con una humanidad hermanada, jamás de uñas. No
olvidemos que, en demasiadas ocasiones, nosotros mismos somos nuestro peor
enemigo. Nada puede destruir a la humanidad, excepto la humanidad misma. Por
ello, contribuyamos a que no se desgasten y rompan los hilos frágiles de la
convivencia. ¡Qué amor más grande!
La leyenda de nuestra singular gesta es haber aprendido a
reprendernos para poder cohabitar. Resulta asombroso que el ser humano todavía
no lo haya conseguido y no sepa vivir en concordia, armónicamente en lugar de
competitivamente, con narraciones interesadas y borrosas, que nos vician y
vacían la verdad de lo que somos, incluso en la heroicidad ignorada de la
vivencia cotidiana. Es evidente que nuestra existencia nos ha sido donada para
invitarnos a seguir entrelazando esa tonada perfecta que somos. Quitemos las
penas, pues, al poema. Embellezcamos el mundo de transparencia, injertemos a
los latidos la composición de los días, trabajemos con nuestros interiores,
dejémonos renovar con el dinamismo del bien y hagámosle sitio. ¡Qué bueno será,
lo necesitamos como ofrenda!
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Domingo, 12 de Julio del 2026
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