Hace unos días leía un
artículo que decía: “ Conviértete en millonario sin esfuerzo”, “ El truco
infalible para ganar 100.000 euros”, “El secreto para conseguir tu primer Lambo
(Lamborghini)”.
Este fenómeno social está
a la orden del día. Así aparecen esos llamados “gurús digitales del dinero”,
que parecen tener la varita mágica para hacerte millonario en dos días y poner
una alfombra roja a tus pies con el éxito asegurado.
Hoy en día, según el informe de la OCDE basado en los datos de PISA 2025, el 58% de los adolescentes quieren trabajar en profesiones altamente cualificadas (médicos, ingenieros, empresarios, etc.). Y entre las chicas el porcentaje asciende al 69%.
Sin embargo, según una
encuesta de Morning Consult, el 57% de los adolescentes aceptaría convertirse
en influencer si tuviera la oportunidad.
Actualmente vivimos
inmersos en una sociedad en la que prima
el dinero fácil y ha dejado de existir la convicción de que el trabajo sirve
para dar dignidad y desarrollar la dimensión humana, tal como defendía el filósofo Kant. Es lo que antiguamente se decía: “Sentirse
realizado. Alcanzar tu sueño”.
Recuerdo cuando éramos
jóvenes, nos hablaban de lo que era la “vocación”, la llamada a un trabajo
vocacional. Había muchas personas que tardaba en reconducir su camino y no
sabían cuál sería su profesión en el futuro; otras, en cambio, lo tenían muy
claro.
Comprendo que tiene que
ser una contradicción muy grande y al mismo tiempo suponer una gran desilusión
para la gente que estudia, se prepara durante años, sacrifica parte de su
existencia para después ganar un sueldo (a veces ni siquiera digno) y poco más.
Estas situaciones no son
nada ejemplares para nuestros jóvenes. Y ya, sin entrar en detalles respecto a
la adquisición de una vivienda, etc.
Esta tendencia está
envenenada y es una trampa. Les prometen que si no alcanzan la riqueza exprés
es porque no quieren. El esfuerzo, a lo largo de las generaciones
anteriores, ha sido uno de los grandes pilares de nuestra sociedad pero en
estos momentos, lamentablemente, está en declive.
¿No será que parte de este desconcierto está
provocado por nuestra propia sociedad o quizá esa inversión de valores que se
está produciendo?
Paradójicamente, esta
idea contrapone el pensamiento que promulga el mismo Pontífice León XIV en su encíclica
Magnifica Humanitas (2026): “El trabajo no solo permite vivir; ayuda a
construir la propia identidad, desarrolla los talentos, fortalece las
relaciones humanas y contribuye al bien común”.
¿Por qué atrae tanto?
Pero ¿qué ocurre cuándo
los jóvenes, quienes más expuestos están en las RR.SS ven que “influencers”
están ganando cantidades desorbitantes de dinero a través de videos, “reels” y
podcasts sin apenas experiencia profesional?
Esta generación de la
inmediatez busca adrenalina y recompensas rápidas. Tienen crisis de identidad,
necesitan compararse con sus iguales. Existe mucha incertidumbre laboral. En
general están bastante despistados.
Hoy en día se admira más
a los “influencers” que a la labor de un médico. Cierto es que existe un
exacerbado culto al dinero fácil.
Antiguamente, todo requería su tiempo y pienso que sigue siendo así. La
amistad, el amor, la investigación, la experiencia en los trabajos, los
estudios, la convivencia, etc., requieren tiempo.
Lo que resulta alarmante
es ver a un chico adolescente que pasa más tiempo viendo videos sobre como
hacerse millonario antes de los veinte años que pensar en qué quiere estudiar.
Esta tendencia comienza
de forma muy inofensiva a través de los videojuegos (no todos ellos) y cuando
esto ya no satisface la adrenalina, el siguiente salto es a las apuestas online
y a la inversión financiera en criptomonedas. Esto es una plaga, un serio
problema ya que muchos jóvenes lo hacen por especulación.
El sociólogo Zygmunt
Bauman desarrolló el concepto de “modernidad líquida” apelando a que muchos
jóvenes buscaban los resultados inmediatos, al igual que ocurre con los
trabajos, las relaciones personales…,etc. Es por ello por lo que habría que
replantearse conceptos como la
modernidad, la globalización, el consumismo y la transformación de los vínculos
sociales.
Este cóctel Molotov es un
explosivo donde la prosperidad sin esfuerzo se ha convertido en un fin y no en
un medio, aderezado por la cultura de la inmediatez y la impaciencia, donde las
redes sociales son las maestras que educan a los jóvenes. Algo aparentemente
positivo como son las finanzas, termina por convertirse en algo perverso.
Existe una tendencia en la que los jóvenes se están endeudando en inversiones de riesgo generando una adicción. Según los expertos va de la mano de las apuestas online. Primero comienzan con los videojuegos (no todos ellos) que ya los introducen en este mundillo para pasar a la realidad.
El Ministerio de Sanidad
ya ha alertado de que casi un 10% de los adolescentes presenta adicción a los
juegos de azar.
La familia como escuela
Algunos expertos apelan a
la responsabilidad de los padres para que ayuden a sus hijos a tener una
relación sana con el dinero: que no se convierta en un ídolo. Hay que educarles
en el camino del esfuerzo. Darle todo no consiste en proporcionarles todos los bienes
materiales, sino transmitirles valores.
Es por ello que los
adolescentes deberían conocer más las vidas y pensamientos de los filósofos
para saber a qué se enfrentan en la sociedad y tener sus propios criterios.
¿Quiénes son los
culpables? Desde la propia televisión, los gobernantes, las redes sociales,
etc. Basta con echar un vistazo al panorama que tenemos alrededor a todas las
escalas.
Hoy en día, entrar por la
puerta angosta tiene mucho mérito ya que hay que renunciar a muchos engaños superfluos.
Así que les invito, mis
queridos lectores a que disfruten de la familia, compartan una buena comida,
vayan a las Lagunas de Ruidera, a la playa, a hacer senderismo o simplemente
mantengan una conversación demostrando el afecto y cariño que sentimos por los
hijos e hijas como algo sagrado que tenemos que cuidar.
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Lunes, 13 de Julio del 2026
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