“La
peor enfermedad radica en entrar en contradicción interiormente; máxime cuando,
el propio orbe, tiene su naciente en nosotros. Dispongámonos a navegar mar
adentro, que es donde se adquiere la influencia natural y su confluencia
mística. Por tanto, hay que dejarse querer para poder amar de verdad y no vivir
sustentados por una mentalidad de miedo y duda”.
Nuestro afán dominante, en lugar de ser generoso, consiste
en sembrar egoísmo, para suscitar la desconfianza constante, tomando la
desesperanza como atmósfera; y, todo ello, disfrazado de cuentos interesados,
con final guerrero. La mentira es nuestro gran proyecto colectivo. El corazón,
por ende, también ha dejado de latir. Lo que percibimos en este momento es una
tensión, fermento de la inhumanidad vertida, que nos deja sin métrica y
abandonados. Tanto es así, que la violencia y la persecución continúan
obligando a millones de almas a dejar sus hogares, mientras que las crisis
climáticas, la inestabilidad económica y la fragilidad política, multiplican sus
miserias. Además, con el timbre de la indiferencia, solemos dejar de lado que
todos somos parte del poema viviente.
En efecto, nos sobra demasiada coraza y nos falta corazón
para ese encarte global incluyente. En el fondo, no se aprecia a la ciudadanía,
ni a los ciudadanos como un valor primordial que hay que considerar y proteger,
especialmente sin son indigentes o discapacitados, si todavía no son útiles
como los no nacidos, o si ya no sirven, como las personas longevas. Por
desgracia, nos hemos vuelto pasivos e insensibles ante situaciones exasperadas,
propias de una existencia salvaje y no humana. Es cierto, que muchas gentes
apoyan el derecho a buscar seguridad; pero, simultáneamente, se preguntan si
los sistemas de asilo son justos, eficientes o si están debidamente
gestionados. No es suficiente tener buen ingenio; lo principal, es emplearlo
humanitariamente.
Sin duda, nuestra gran asignatura pendiente pasa por avivar
la poética del sueño hogareño a la vida en familia. Aislarnos entre sí, desde
luego, es uno de los mayores tormentos actuales. La falta de requerimiento o
acompañamiento, además nos corrompe todos los vínculos, desmembrándonos de la
lírica del sentimiento, que es lo que nos engrandece y recompone. El rechazo,
lo que hace es volvernos soberbios e ingratos, demostrando así que los hipotéticos
avances de la sociedad no son tan reales, ni tampoco están asegurados para
siempre. Muchas veces se percibe que, fruto de este absurdo endiosamiento, los
derechos humanos no son iguales para todos. En consecuencia, a poco que
observemos con atención los entornos, hallaremos contradicciones que nos dejan
sin voz.
La peor enfermedad radica en entrar en
contradicción interiormente; máxime cuando, el propio orbe, tiene su naciente
en nosotros. Dispongámonos a navegar mar adentro, que es donde se adquiere la
influencia natural y su confluencia mística. Por tanto, hay que dejarse querer
para poder amar de verdad y no vivir sustentados por una mentalidad de miedo y duda. Paradójicamente, hay recelos
ancestrales que no han sido superados aún, como la sospecha a lo desconocido,
que no tiene por qué ser monstruosa. En consecuencia, abrirse al mundo y
reabrirse a todo lo que nos rodea, puede ayudarnos a que nuestros semejantes
activen el espíritu que nos hermana y dejemos de levantar muros; que lo único
que forjan, es amortajarnos de lágrimas y abatimientos.
Indudablemente, el bien que hemos realizado nos da una
satisfacción interior, que aparte de ser la más dulce de todas las pasiones,
llegando a embellecernos nuestra propia mirada de sosiego y paz, nos pone en el
camino de una forma nueva de vida, lo que nos hará descubrir al fin, que nos
debemos recíprocamente, más allá de las fronteras que hemos generado y de los
frentes que hemos activado. El pararnos a oírnos, como el sentarse a escuchar
al otro, todo ello característico de un encuentro humano y del reencuentro
consigo mismo, es un modelo de actitud receptiva que nos emplaza a buscar fusionados
lo auténtico en el diálogo sincero, en la conversación reposada o en la
discusión apasionada. Lo importante es perseverar, nunca tirar lo toalla,
porque cada cual cohabita para sentirse poesía.
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Martes, 14 de Julio del 2026
Jueves, 16 de Julio del 2026