Tomelloso

Amparo Jareño: «Las matemáticas no son solo números; son una forma de pensar el mundo»

La joven matemática tomellosera reivindica el valor de los buenos profesores, la curiosidad y el esfuerzo tras una trayectoria marcada por la excelencia académica

Francisco Navarro | Sábado, 18 de Julio del 2026
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Solo cien universitarios de España y Portugal lo han conseguido. Entre ellos está la tomellosera Amparo Jareño García (1999), que es una de las seleccionadas en la convocatoria 2025 de las becas de posgrado en el extranjero de la Fundación "La Caixa", uno de los programas de excelencia académica más prestigiosos de Europa.

Graduada con el mejor expediente de su promoción en el doble grado de Matemáticas y Estadística de la Universidad de Sevilla, tras su paso por el Banco Central Europeo cursa un Máster en Matemáticas y Finanzas en el Imperial College London, una institución de referencia internacional —ha sido reconocida la segunda mejor universidad del mundo por tercer caño consecutivo— por cuyas aulas han pasado 14 premios Nobel y dos medallistas Fields, el mayor reconocimiento mundial en el ámbito de las matemáticas.

Sin embargo, basta conectar con ella por videoconferencia, durante una pausa para el almuerzo, para que ese brillante currículo quede en un segundo plano. Amparo atiende a La Voz de Tomelloso con la misma naturalidad con la que habla de ecuaciones diferenciales, modelos financieros o inteligencia artificial. No esquiva ninguna pregunta, no presume de sus logros y responde con una humildad y una precisión que llaman la atención. La conversación transcurre entre conceptos matemáticos, términos financieros en inglés y nombres de economistas de prestigio internacional, pero siempre acabamos regresando a Tomelloso. Allí descubrió su pasión por las matemáticas, aprendió el valor del esfuerzo y encontró a los profesores que la animaron a creer que los sueños, por ambiciosos que parezcan, también pueden estar al alcance de quien trabaja por ellos.

—Solo cien estudiantes de España y Portugal han conseguido una de las becas de La Caixa. ¿Qué sintió cuando recibió la llamada?

—Lo primero fue una alegría inmensa. Pero, sobre todo, mucho agradecimiento. Una beca como esta nunca la consigue una persona sola. Detrás hay profesores que escriben cartas de recomendación, personas que confían en ti y mucha gente que te acompaña durante el camino. También supone una gran responsabilidad, porque la Fundación está apostando por ti y quieres estar a la altura. Sinceramente, nunca pensé que pudiera conseguirla. Sabía que era una convocatoria muy competitiva y la veía casi inalcanzable.

—La entrega estuvo presidida por el rey Felipe VI. ¿Cómo vivió ese momento?

—Fue muy especial. Sabía que era un acto importante, pero vivirlo allí fue diferente. Además del Rey, pudimos conocer al resto de becarios, al presidente de la Fundación, Isidro Fainé, al ministro de Hacienda, Arcadi España, y a muchas personas vinculadas al programa. Uno de los aspectos que más valoro es precisamente esa comunidad que crea La Caixa entre todos los becarios.

—En su discurso, Felipe VI habló de las raíces.

—Sí, y hubo una idea que me gustó mucho la de que, vayamos donde vayamos, siempre llevaremos el sello de España. Estoy completamente de acuerdo. Yo añadiría que también llevamos el sello de nuestro pueblo. Para mí, Tomelloso representa el esfuerzo y la solidaridad. Son valores con los que he crecido y que intento mantener siempre presentes. Estoy muy orgullosa de ser de Tomelloso y de ser española.

Amparo Jareño saluda al rey

—¿Qué parte de la persona que hoy es nació aquí?

—Creo que casi toda. La infancia es donde uno empieza a formarse como persona. Estudié en el colegio San José de Calasanz, en el Conservatorio y después en el Instituto Eladio Cabañero, donde tuve la suerte de encontrar profesores que despertaron mi curiosidad y me animaron a seguir aprendiendo. Siempre digo que han sido fundamentales en mi recorrido.

Además, hay una anécdota curiosa. Javier Navarro, el actual alcalde de Tomelloso, también fue profesor mío de Matemáticas. Siempre ha transmitido esta disciplina con muchísima pasión y, la verdad, me hace gracia pensar que tenemos un alcalde matemático.

—¿Recuerda cuándo empezaron a gustarle las matemáticas?

—Desde muy pequeña. Recuerdo estar en Primaria resolviendo problemas en la pizarra y disfrutándolo muchísimo. En el instituto seguían siendo la asignatura que más me gustaba, aunque creo que por un motivo distinto al que mucha gente imagina. No era hacer cuentas; era resolver problemas.

—Todavía existe el tópico de que estudiar Matemáticas es estudiar para ser profesor.

—Sí, y me da un poco de coraje cuando me lo preguntan. La enseñanza me parece una profesión maravillosa, pero estudiar Matemáticas abre muchísimas más puertas de las que la gente imagina. Hay matemáticos trabajando en inteligencia artificial, medicina, finanzas, logística, investigación o economía. Prácticamente están presentes en cualquier ámbito.

—¿Son muy diferentes las Matemáticas del instituto y las de la universidad?

—Muchísimo. En el instituto aprendemos procedimientos; en la universidad entiendes por qué funcionan. Empiezas a demostrar teoremas, a construir razonamientos y descubres una parte mucho más creativa y abstracta de las matemáticas.

—¿Creativa?

—Muchísimo. Creo que es una de las disciplinas más creativas que existen. Cuando la gente piensa en matemáticas imagina números, pero las matemáticas no son solo números; son una forma de pensar. Durante la carrera casi nunca trabajaba con ellos, sino con demostraciones, letras e ideas abstractas. Te enfrentas a un problema y nadie te dice cuál es el camino para resolverlo. Tienes que encontrarlo tú. Esa es la parte que más me apasiona.

—¿Y la Estadística? Todos creemos saber lo que es, sobre todo por cómo aparece en los medios de comunicación, pero imagino que es mucho más que eso.

—Sí. De hecho, muchas veces apenas se llega a explicar en el instituto porque suele quedarse al final del temario. Sin embargo, vivimos rodeados de datos. La estadística permite convertir esos datos en información útil para tomar decisiones. Está presente en la medicina, la economía, la investigación científica, las finanzas o la inteligencia artificial.

—Precisamente vivimos un momento en el que todo gira alrededor de la inteligencia artificial.

—Y muchas veces olvidamos que la inteligencia artificial es, en esencia, matemáticas y estadística. Cuando hablamos de procesamiento del lenguaje, reconocimiento de imágenes o modelos predictivos, detrás siempre hay modelos matemáticos. La tecnología puede parecer magia, pero detrás hay muchas personas desarrollando algoritmos y resolviendo problemas matemáticos.

—Hizo la carrera en Sevilla, ¿no es así?

—Sí. Me fui allí porque era la única universidad española que ofrecía el doble grado de Matemáticas y Estadística. Además, tanto Sevilla como Granada tienen una tradición matemática extraordinaria, aunque quizá no siempre reciban el reconocimiento que merecen.

—Más tarde llegó el Erasmus en la Universidad de Warwick.

—Sí, y fue un punto de inflexión. Allí cursé asignaturas de Matemáticas Financieras, Aprendizaje Automático y Estadística Bayesiana. Fue entonces cuando descubrí que detrás del mundo financiero había mucha más matemática de la que imaginaba.

Recuerdo además una anécdota muy bonita. Durante aquel Erasmus visité Londres y pasé por delante del Imperial College. Pensé: «Ojalá pudiera estudiar algún día aquí». Fue un pensamiento que quedó ahí, casi como un sueño imposible. Hoy entro cada mañana por ese mismo campus y, muchas veces, me acuerdo de aquel paseo y sonrío.

Amparo, con otros compañeros de la Universidad de Sevilla, también becados

—Después llegó el Banco Central Europeo. ¿Qué supuso ese salto de la universidad al mundo profesional?

—Fue un cambio enorme. Cuando llegué a Fráncfort tenía una base matemática muy sólida, pero me di cuenta de que aún me faltaba comprender muchas cosas del funcionamiento real del sistema financiero. Recuerdo perfectamente que no sabía lo que era un bono. Ahí entendí que la universidad te enseña una forma de pensar, pero luego toca seguir aprendiendo.

Primero trabajé en el departamento de Gestión de Riesgos del Eurosistema, donde analizábamos cómo proteger al Banco Central Europeo frente a posibles pérdidas cuando presta dinero a las entidades financieras. Después pasé al área de Desarrollo de Aplicaciones Informáticas, mejorando las herramientas que utilizan los supervisores bancarios europeos. Son trabajos poco visibles, pero fundamentales para que el sistema funcione.

—Da la impresión de que las matemáticas están detrás de casi todo.

—En realidad, lo están. Desde una ruta de Google Maps hasta un modelo de inteligencia artificial o la gestión del riesgo financiero, detrás siempre hay matemáticas y estadística. Lo importante es entender que los modelos ayudan a tomar decisiones, pero nunca sustituyen el criterio de las personas.

—¿Fue entonces cuando decidió orientar definitivamente su carrera hacia las finanzas cuantitativas?

—Sí. Siempre me había interesado la economía y, durante mi estancia en Warwick, descubrí que podía unir ese interés con las matemáticas. Me sorprendió comprobar la enorme teoría matemática que hay detrás de la valoración de activos o de la gestión del riesgo. Fue entonces cuando pensé que ese era un ámbito en el que podía aportar.

—Después de estudiar en España y en dos universidades británicas de referencia, ¿qué diferencias aprecia entre ambos sistemas?

—Creo sinceramente que en España tenemos una educación universitaria de muchísima calidad. El nivel académico y la exigencia son muy altos y, en ese sentido, no creo que exista una gran diferencia con Reino Unido. Donde sí veo una ventaja importante es en todo lo que rodea a la universidad. En Reino Unido existe un ecosistema muy potente de empresas, becas, competiciones, conferencias y programas dirigidos a estudiantes. Estás continuamente descubriendo oportunidades para crecer tanto académica como profesionalmente.

El primer paso muchas veces no es ser el mejor; es saber que esa oportunidad existe. Cuando la conoces puedes prepararte e intentarlo. En España tenemos muchísimo talento; quizá lo que nos falta es dar más visibilidad a esas oportunidades desde edades más tempranas. Una beca, unas prácticas o un programa pueden cambiar el rumbo de una carrera. Por eso creo que también tenemos la responsabilidad de compartir esa información con quienes vienen detrás.

—Ahora está cursando un máster en una de las universidades más prestigiosas del mundo. ¿Cómo está siendo la experiencia?

—Muy intensa. El primer cuatrimestre fue especialmente exigente. Imperial tiene un nivel académico muy alto y un ritmo de trabajo que también lo es. Pero precisamente por eso aprendes tanto. Cada reto te obliga a salir de tu zona de confort y acabas creciendo mucho, tanto en lo académico como en lo personal.

—También ha conseguido unas prácticas en Rothesay, la mayor aseguradora especializada en pensiones del Reino Unido, con más de 73.500 millones de libras en activos bajo gestión, nada menos…

—Sí, y conseguirlas tampoco fue sencillo. Muchas veces la gente ve el currículum y piensa que todo ha sido fácil, pero el mercado laboral en Londres es extremadamente competitivo. Hay muchísimos candidatos muy preparados para muy pocas plazas y, además, la inteligencia artificial está cambiando muchos puestos de entrada. Conseguir una oportunidad exige preparación, paciencia y aceptar que las cosas no siempre salen a la primera.

—¿Ha habido momentos de dificultad?

—Claro. Pero más que hablar de fracasos, prefiero hablar de aprendizaje. Hay procesos de selección que no salen como esperabas, entrevistas que no van bien o decisiones que, con el tiempo, habrías tomado de otra manera. Todo eso forma parte del camino. Creo que en España todavía vivimos el error como un fracaso, mientras que en otros países se entiende con más naturalidad como una oportunidad para aprender. Aunque confieso que, para mí, lo más difícil ha sido tomar esas decisiones que van construyendo el futuro. Por ejemplo, dónde estudiar, cuándo cursar un máster, irme a Alemania…

—Las carreras STEM y el sector financiero siguen estando bastante masculinizados. ¿Ha sentido alguna vez que tenía que demostrar más por ser mujer?

—Personalmente no. De hecho, en mi doble grado en Sevilla éramos más chicas que chicos, algo que sorprendía a mucha gente. Sí es cierto que después, en algunos equipos del Banco Central Europeo o ahora en el sector financiero, había muy pocas mujeres. Recuerdo que una responsable del BCE me comentó que era la primera mujer que incorporaban al departamento en bastante tiempo. Pero siempre he intentado centrarme en hacer bien mi trabajo. Creo que cada persona debe estudiar aquello que realmente le apasiona, sin dejarse condicionar por estereotipos.

—La beca de La Caixa supone una importante apuesta económica por estudiante. ¿Qué cree que ha visto la Fundación en usted?

—Prefiero pensar en la responsabilidad que supone recibir una ayuda así. Detrás hay un proceso de selección muy exigente, entrevistas, cartas de recomendación, tu trayectoria académica y profesional y un proyecto de futuro. Cuando una institución apuesta de esa manera por ti, sientes la obligación de aprovechar esa oportunidad al máximo para que, algún día, todo ese aprendizaje pueda revertir en la sociedad.

Con Christine Lagarde en el BCE

—Después de vivir en Sevilla, Coventry, Fráncfort y Londres, ¿qué le han enseñado tantos cambios?

—Que merece la pena salir de la zona de confort. Cada ciudad me ha dejado algo distinto. Sevilla me dio una formación extraordinaria. Coventry, donde está la universidad de Warwick, me descubrió las finanzas cuantitativas. Fráncfort me permitió conocer desde dentro una institución como el Banco Central Europeo. Y Londres me está enseñando a desenvolverme en un entorno muy competitivo. Todos esos cambios imponían respeto, pero todos me han hecho crecer.

—¿Dónde se ve dentro de diez años?

—Ojalá un poco más asentada. Llevo muchos años cambiando de ciudad, de universidad, de país e incluso de idioma. No sé dónde estaré cuando termine esta etapa. Puede que siga en Londres, que vuelva a Alemania o que aparezca una oportunidad completamente distinta. Lo único que tengo claro es que me gustaría seguir trabajando en un entorno donde pueda aprender cada día. Y hay otra cosa que siempre digo, me gustaría volver algún día a España. Quizá no sea inmediatamente, porque ahora mismo muchas oportunidades profesionales están fuera, pero España sigue siendo mi casa. Echo mucho de menos la cercanía de la gente, la familia, nuestra forma de vivir... Ojalá algún día pueda regresar con toda la experiencia adquirida fuera.

—¿Y qué le diría hoy a aquella niña que estudiaba en el colegio San José de Calasanz y después en el instituto Eladio Cabañero?

—Le diría que siga siendo curiosa. Que siga haciendo preguntas. Que no tenga miedo a equivocarse y que disfrute del camino. También le diría que no descarte nunca una oportunidad por pensar que está fuera de su alcance. Muchas veces creemos que determinadas becas, universidades o trabajos son para otras personas. Yo también lo pensé alguna vez. Pero cuando conoces esas oportunidades, te preparas y decides intentarlo, descubres que también pueden ser para ti. Como he contado, cuando conocí el Imperial College me parecía un sueño muy lejano. Hoy entro cada mañana por su puerta como estudiante. Por eso creo que nunca hay que dejar de intentarlo. Nunca sabes hasta dónde puede llevarte un sueño cuando decides trabajar por él.

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