En una abarrotada Plaza de España, una impresionante marea rojigualda celebró el triunfo de la Selección Española en la final del Mundial frente a Argentina. Al comienzo del encuentro se congregaban unas 2.000 personas, una cifra que fue creciendo hasta rondar las 3.000 durante el partido y que, tras el pitido final, superó con creces los 4.000 aficionados, convirtiendo el centro de Tomelloso en una auténtica fiesta.
La inmensa mayoría de los asistentes vistió la camiseta de España y ondeó banderas al viento mientras sonaban las bocinas, estallaban los cohetes y la música acompañaba una celebración que se prolongó durante horas. Muchos se lanzaron a las fuentes, otros se fundieron en abrazos con familiares y amigos sin poder contener las lágrimas, mientras los coches hacían sonar sus cláxones por las principales calles y decenas de vecinos salían a los balcones para compartir la alegría colectiva.
El gol de Ferran, en el minuto 110, desató una explosión de júbilo tras una final de enorme intensidad. Antes, los aficionados habían protestado por el gol anulado a España, celebraron la expulsión de Enzo Fernández y mantuvieron la fe en un equipo que nunca renunció a su identidad, dominando la posesión y buscando la victoria hasta el último instante. Los minutos finales, con Argentina volcada al ataque, se vivieron con el corazón en un puño hasta que el colegiado señaló el final.
La pasión que ya habían demostrado los aficionados de Tomelloso en los encuentros frente a Cabo Verde, Arabia Saudí, Uruguay, Austria, Portugal, Bélgica y Francia se multiplicó en la gran final. La marea roja inundó la ciudad y miles de personas siguieron el encuentro en bares y restaurantes, así como en lugares emblemáticos como el Casino de Tomelloso, el Mercado de Abastos y, especialmente, la Plaza de España, donde el Ayuntamiento instaló una pantalla gigante.
Grupos de amigos, familias enteras, aficionados que acudieron en solitario, niños de apenas un año, personas de más de noventa y numerosas mujeres vestidas de rojo compartieron una noche histórica empujando, simbólicamente, a la selección hacia la segunda estrella.
Porque durante unas horas, Tomelloso volvió a latir al ritmo de España, unido por una misma ilusión y una misma pasión. Un país entero celebró a su selección. Y, al contemplar escenas como las vividas en la Plaza de España, resulta inevitable hacerse una pregunta: ¿se imaginan un mundo sin fútbol?
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Lunes, 20 de Julio del 2026
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