Feria y Fiestas de Tomelloso 2026

“Tengo hambre de horizonte; estoy enamorado de Tomelloso y la Mancha”

Dionisio Cañas regresa 39 años después al atril de la Fiesta de las Letras y convierte su discurso de Mantenedor en una defensa del amor, la palabra y el lugar

Francisco Navarro | Domingo, 30 de Agosto del 2026
{{Imagen.Descripcion}}

Ha vuelto Dionisio Cañas, treinta y nueve años después, al atril de la Fiesta de las Letras. Y no podía haber mejor ocasión que esta LXXV edición de la gran fiesta de la cultura tomellosera para que el poeta, ensayista, catedrático, artista e Hijo Predilecto de Tomelloso volviera a ejercer de Mantenedor. Mucho ha cambiado el mundo desde aquel 1987. Hemos dejado atrás la ingenuidad de los ochenta, hemos pasado por guerras, atentados terribles, crisis humanitarias, revoluciones tecnológicas y pandemias. Y nos han pasado casi cuarenta años por encima, que no es moco de pavo.

Cañas ha despertado una enorme expectación, que su discurso ha sabido recompensar. Como ya paso en aquel verano del 87, el Mantenedor ha vuelto a sorprendernos. Brillante, irónico, reivindicativo, cercano, cómplice, cómodo, ha desplegado un gran discurso   Ha hablado del amor, pero también del tiempo, de la tecnología, de la memoria, de la solidaridad y de ese sentimiento profundo de pertenencia a una tierra. Y lo ha hecho a su manera: mezclando poesía, pensamiento, recuerdos, humor y esa mirada crítica que nunca ha dejado de acompañar su obra. Tras los agradecimientos, prolijos, Cañas es géneros, a recordado a los partidos la necesidad de una biblioteca para Tomelloso.

Se encuentra en un estado que ha calificado como “entreluz”. Esa situación le hace hablar del amor. Lee parte del Canto 120 de Ezra Pound y Cañas, se mete en harina

El punto de partida ha sido precisamente el tiempo. Todo lo que decimos, ha venido a explicar, se convierte inmediatamente en pasado, incluso cuando hablamos en presente. La palabra, sin embargo, tiene la capacidad de dejar un sedimento, una semilla que puede volver a florecer en otros ojos. “Cuando escribimos, paradójicamente creamos pasado y futuro a la vez”, ha señalado.

En esa reflexión sobre el tiempo ha aparecido también Jorge Manrique. Cañas ha recordado los célebres versos de las Coplas a la muerte de su padre para proponer su propia mirada: “El Tiempo, la Vida, no son ‘los ríos que van a dar a la mar’, sino los ríos que vuelven a su manantial.” Una imagen que le ha servido para advertir de que el pasado puede regresar si no somos capaces de mantener un pensamiento crítico y autocrítico.

Desde ahí, el Mantenedor ha tendido un puente entre aquella época analógica en la que desarrolló buena parte de su trabajo intelectual y poético y este presente dominado por las pantallas, Internet y la inteligencia artificial. Un cambio que ha generado una nueva forma de analfabetismo: el digital. “Buena parte de mi generación se puede considerar como una tribu inepta respecto a las habilidades de los nativos y nativas digitales”, ha dicho con su habitual mezcla de ironía y lucidez.

Del analfabetismo digital al aprendizaje del amor

Pero Cañas no se ha quedado en la brecha tecnológica. Frente a quienes dominan las nuevas herramientas, ha reivindicado un territorio en el que la edad y la experiencia siguen teniendo mucho que enseñar: el amor y la inteligencia emocional.

Ha hablado del amor individual como ese extraño mecanismo capaz de poner a cero el reloj de la vida. El poema El cero de los días, que en el acto ha cobrado además forma de canción interpretada en vídeo por una joven, ha servido de puerta de entrada a una de las partes más personales de su intervención.

“¿Qué sería de nosotros sin el amor?”, se ha preguntado. Enamorarse, ha explicado, supone en cierto modo apagar la razón para que la pasión ocupe su lugar. Pero el amor, para Cañas, necesita también reciprocidad. “El problema es que el amor tiene que ser parecido a una carretera: debe ir en dos direcciones.”

Y ahí ha aparecido Tomelloso. Porque Cañas puede decir que está enamorado de Tomelloso, aunque se haya preguntado con cierta sorna si Tomelloso está enamorado de él. Su respuesta ha dibujado una relación de amor con curvas, baches, señales de peligro, stops y algún que otro desprendimiento. Una metáfora muy suya para explicar también las relaciones humanas y la necesidad de guardar las formas, practicar la empatía y recordar que todos tenemos “un corazoncito”.

En este tramo ha recuperado también a Jaime Gil de Biedma, que escribió que “es inquietante constatar que casi todas las historias de amor terminan mal”. Cañas ha utilizado la cita para adentrarse en las distintas formas del amor y el desamor, aunque enseguida ha preferido quedarse con el primero. Porque, como ha defendido, ese “cero de la felicidad” al que alude en su poema no tiene por qué representar un final, sino “una puerta para un nuevo principio, un nuevo amor”.

Ha reivindicado también el amor social, el que lleva a tantas personas a ayudar a los demás sin esperar recompensa. Ha citado a Médicos Sin Fronteras, Bomberos para el Mundo, Cáritas, Cruz Roja y las organizaciones ecologistas y de protección de los animales. Y ha lanzado uno de los mensajes más rotundos de su discurso: “¡No pierdas el tiempo odiando!”

Un Tomelloso que se extiende hasta donde alcanza la mirada

Pero el gran hallazgo de su intervención ha llegado cuando Cañas ha explicado qué significa para él el amor por el lugar. Porque el Tomelloso que ama ya no cabe únicamente dentro de los límites administrativos de su término municipal.

Ha recordado también que el gran artista tomellosero Antonio López ha utilizado recientemente la misma expresión que él pronunció al final de su intervención como Mantenedor en 1987: “Estoy enamorado de Tomelloso.” Casi cuatro décadas después, Cañas ha vuelto sobre aquella frase para explicar que su manera de entender ese amor ha cambiado y, al mismo tiempo, se ha hecho mucho más amplia.

Es un Tomelloso expandido, el de los campos y las viñas, los melonares, los pimientos, las sandías, los cereales, los ajos y las cebollas, los olivares, las encinas, los pistachos y los almendros. Un territorio agrícola que alcanza también espacios de Campo de Criptana, Argamasilla de Alba, Alcázar de San Juan, Socuéllamos, Pedro Muñoz y Villarrobledo. Ese es ahora el territorio de su amor.

Allí está su bombo, su refugio de piedra seca, su lugar en el mundo. Allí encuentra, ha dicho, “el kilómetro cero de mi felicidad”.

Cañas ha recordado que dejó Nueva York en 2005 para regresar a Tomelloso y que desde entonces se ha acostumbrado a despertar con los ojos llenos de horizonte. Las grandes ciudades le agobian porque le impiden verlo. Y ha recuperado, para explicarse, las palabras del Quijote al salir de la Cueva de Montesinos: “Yo era allí entonces el que soy aquí ahora.”

Treinta y nueve años después, Dionisio Cañas ha regresado al atril siendo el mismo y siendo otro. Con menos alcohol, menos juerga y, según ha confesado, menos preocupación por la apariencia. Pero con un amor por su tierra que se ha hecho más grande.

Lo ha llamado “amor expandido”. Un amor que ya no termina en las lindes del término municipal, sino que alcanza todo el horizonte que puede contemplar desde su bombo.

Y así, con la palabra convertida en declaración de amor, ha cerrado su discurso de Mantenedor. “Tengo hambre de él”, ha dicho del horizonte. Y después ha pronunciado la frase que resume toda su intervención y acaso buena parte de su relación con esta tierra: “Estoy enamorado de La Mancha”.

178 usuarios han visto esta noticia
Comentarios

Debe Iniciar Sesión para comentar

{{userSocial.nombreUsuario}}
{{comentario.usuario.nombreUsuario}} - {{comentario.fechaAmigable}}

{{comentario.contenido}}

Eliminar Comentario

{{comentariohijo.usuario.nombreUsuario}} - {{comentariohijo.fechaAmigable}}

"{{comentariohijo.contenido}}"

Eliminar Comentario

Haga click para iniciar sesion con

facebook
Instagram
Google+
Twitter

Haga click para iniciar sesion con

facebook
Instagram
Google+
Twitter
  • {{obligatorio}}