Opinión

Ciri aboga por el pensamiento crítico

Joaquín Patón Pardina | Sábado, 19 de Septiembre del 2026
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Fresquito es el adjetivo que más usa la gente esta tarde de viernes, evidente que para referirse al ambiente, más cercano al otoño que al verano. Aunque a muchos nos guste el calor, sentir el refrescar de la tarde anima mucho.

Se acerca a la cafetería mi amigo con el pantalón largo de tacto suave, precaviendo el cambio de temperatura. Sin él percatarse es un prototipo, para los que no sabemos, cómo vestir según la meteorología en el instante de salir a la calle.

Parece que el café más caliente,  se hace más apetecible.

En estas estamos, hemos mediado el saboreo de nuestros platos con varios comentarios sin mayor fuste, cuando Ciri me pregunta con el subterfugio de cogerme in albis y  a bote pronto.

—¿Cómo surgió la filosofía?

No os engaño amigos lectores y lectoras si os digo que  he necesitado un tiempo para repensar la pregunta, porque me sentía sumido en el aroma de mosto, que de vez en cuando se apreciaba en el ambiente.

—Que cómo surgió la filosofía…, pues no sabría decirte en este momento. He leído en algún sitio, que el origen fue el asombro, que causaban las novedades en los humanos. Yo entiendo como de estupefacción o conmoción de una persona ante algo que le ocurre, que ve, experimenta y el lugar lo situaría evidentemente en la Grecia Antigua y en sus innumerables pensadores, algunos, como bien sabes, amigo Ciri, de una talla celeste.

—¿Y tú crees que las personas nos asombramos de muchas cosas ahora en el mundo que habitamos? —Vuelve a preguntar el compañero.

—Si te soy sincero, como quieres que sea, te diría que no, que ya no hay nada que nos cause la más mínima sorpresa, ni siquiera la subida constante de los carburantes. Y ya es una lástima de las grandes.

—Eso mismo pienso yo, que el ser humano ha perdido toda su capacidad emocional e intelectual de fascinación. Todo, aparentemente, está previsto o es tan rutinario, que nos deja impertérritos.

—Lo que no sé, dilecto compañero, es dónde quieres llevarme con tal razonamiento.

—En mis paseos matutinos igual que ejercito las piernas, también lo hago con la cabeza. Te informé de que tengo el bloc de notas al completo y esta es la premisa de la siguiente afirmación: Del mismo modo que la gente no se sorprende, tampoco es crítica en su pensamiento.

—Si no te entiendo mal, Ciri, ¿quieres decirme que las personas ya no nos criticamos unos a otros?

—¡Por Dios! ¡Cómo voy a pretender decir eso! Últimamente tienes la mente bastante espesa, amigo, se ve que el cumplir años de endurece la mollera, que ya según aquel maestro tan rígido la tenías dura y terca.

Conozco los subterfugios del colega y no me inmuto, mientras él me hace recordar los motes con que bautizamos al tal instructor colegial. A cada uno de ellos me hace un comentario jocoso y  terminamos riendo los dos.

—¡Bueno, ya basta de juerga! —Corta Ciri simulando la voz del profesor citado—. Cuando hablo de que las personas no somos críticas en el pensamiento, quiero decir que mucha gente recibe afirmaciones de multitud de fuentes y no se plantea, si lo que está escuchando es verdad, invento del interlocutor o simplemente mentira mayúscula.

—De acuerdo, estoy contigo.

—Además he observado que muchos seguidores de equipos de fútbol, de partidos políticos, incluso de otras peñas, no ponen nunca en tela de juicio lo que dicen los jefes, estrellas del balón, famosos, etc., es como si esa gente nunca se equivocara.

—Es muy cierto. La gente “traga” con lo que le digan. No se paran a pensar en lo que han oído para hacer una crítica a lo que intentan imponer o convencer. Podríamos decir que muchos estamos aborregados, seguimos con la cabeza gacha al primero del grupo.

—Con lo cual —impone Ciri subiendo el tono de voz— si no analizamos lo que nos dicen, no podemos contraponer nuestro opinión y tampoco protestamos, con todo lo cual al final nos manipulan como un titiritero maneja sus marionetas.

—Ocurre lo mismo con las corrientes de opinión, son absolutamente intocables so pena de calificarte con los epítetos más denigrantes, incluso con asomo de escarnio. Te comento alguno: “Hay un cambio climático”; simplemente como intentes pedir razones, datos, explicaciones, para poder tener más información o porque no compartes la afirmación, te pueden llover las descalificaciones y las burlas más abyectas.

—Como te introduzcas en el campo político —añade el compañero muy serio— o dialogas con conocidos, amigos, familia o de lo contario te cargan de inmediato con el sambenito de rojo o facha.

—Ciri, si no te enfadas te digo un ámbito en el que nadie despega la lengua ni abre la boca, —comento como pidiendo permiso para no molestarlo— Es como si esa actitud acrítica de la que hablamos se hubiera consolidado sobre roca.

—Sabes que entre nosotros no molestan las opiniones, principalmente porque no llevan intencionalidad perversa y son más bien en compartir distintos modos de ver las cosas. Dime a qué te refieres.

—Estoy pensando en el mundo de las parroquias católicas y comunidades protestantes. Lo que dice el pastor o el cura “va a misa” (nunca mejor traída la muletilla) se toma como algo intocable. Puedo poner miles de ejemplos, por no cansarte, te van a valer dos:

·      La Ascensión del Señor o la Asunción de la Virgen, siguen tomándolas como algo histórico objetivo y real, por lo tanto la pregunta de los niños es evidente ¿“Entonces están navegando por el espacio entre las estrellas”?

·      Creo que mi Redentor vive y que al final de los tiempos he de resucitar del polvo, Y en esta carne mía contemplaré a Dios mi salvador” (1). Estas frases se dicen, a modo de responso, cuando en un entierro entran el cadáver en la iglesia. Tal afirmación es insostenible con el avance de la teología y de la ciencia en el siglo XXI.

Acaba de darse cuenta mi amigo de que él mismo “está dentro del saco”, a pesar de lo cual lo sitúo entre las mentes pensantes.

Todos podemos adormecernos y bajar la guardia, por lo tanto es muy beneficioso tomar como ejercicio continuo el pensar, criticar lo que oímos y leemos y comentar contrastando con otras personas.

 El diálogo es esencial entre los humanos.

 

Nota 1: Tomado textualmente del “Ritual de exequias” pág. 62

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